La gastroenteritis se caracteriza por la aparición de diarrea, con o sin vómitos, dolor abdominal, fiebre y, en algunos casos, deshidratación. Es una patología que ocurre en niños muy frecuentemente por lo que es uno de los principales motivos de consulta en Urgencias de Pediatría.
La causa más frecuente es infecciosa, especialmente virus (como rotavirus y norovirus), aunque también puede ser bacteriana o parasitaria. Generalmente, tiene una duración de 3-5 días y cede de forma autolimitada.
El principal riesgo es la deshidratación, que se produce cuando la pérdida de líquidos y electrolitos supera la ingesta. Su reconocimiento temprano es fundamental, ya que los niños, en particular los lactantes, tienen un mayor riesgo de evolucionar rápidamente a formas graves.
Clínicamente, la deshidratación se manifiesta por cambios en el estado general y en distintos sistemas. En las formas leves, el niño suele presentar sed aumentada, mucosas ligeramente secas y una discreta disminución de la diuresis. El estado general suele estar conservado.
Cuando la deshidratación progresa a un grado moderado, aparecen signos más evidentes como boca y lengua secas, ausencia de lágrimas al llorar, ojos hundidos y, en los lactantes, fontanela anterior deprimida. La diuresis disminuye de manera significativa, con menos pañales mojados o micciones escasas. Puede observarse irritabilidad, decaimiento o somnolencia, así como disminución de la elasticidad de la piel, evidenciada por un pliegue cutáneo de recuperación lenta.
En la deshidratación grave, el compromiso es sistémico. El niño puede presentar letargo, alteración del estado de conciencia o inconsciencia. Se asocian signos cardiovasculares como taquicardia, pulso débil, relleno capilar prolongado e hipotensión, que pueden indicar choque hipovolémico. La diuresis puede estar ausente (anuria), la piel se encuentra fría y pálida o marmórea, y las mucosas están intensamente secas.
El reconocimiento de estos signos permite una intervención oportuna y adecuada, evitando complicaciones graves.
El tratamiento de la gastroenteritis en pediatría es principalmente de soporte, y su objetivo fundamental es prevenir y tratar la deshidratación, mantener un adecuado estado nutricional y detectar oportunamente complicaciones.
El pilar del tratamiento es la rehidratación. En los casos de deshidratación leve a moderada, se indica rehidratación oral con suero de rehidratación oral (SRO), administradas en pequeñas cantidades y de forma frecuente, incluso si el niño presenta vómitos. La lactancia materna debe mantenerse en todo momento, y en niños mayores se recomienda reiniciar la alimentación habitual de forma precoz, evitando ayunos prolongados.
Cuando existe deshidratación grave, incapacidad para tolerar la vía oral, vómitos incoercibles, alteración del estado de conciencia o signos de choque, se requiere rehidratación intravenosa, generalmente con soluciones isotónicas, y manejo hospitalario.
En cuanto a la alimentación, una vez corregido el déficit hídrico, se debe continuar con una dieta normal acorde a la edad, sin restricciones innecesarias. No se recomiendan dietas astringentes estrictas…
El uso de medicamentos es limitado. Los antidiarreicos no se recomiendan en niños. Los antieméticos pueden considerarse en casos específicos y bajo supervisión médica. Los antibióticos solo están indicados cuando se identifica o se sospecha una causa bacteriana específica, ya que la mayoría de las gastroenteritis son de origen viral. Los probióticos pueden ser útiles para acortar la duración de la diarrea en algunos casos.
Finalmente, es fundamental educar a los cuidadores sobre los signos de alarma, como disminución marcada de la diuresis, fiebre persistente, sangre en heces, vómitos persistentes o deterioro del estado general, que requieren reevaluación médica inmediata.
AUTORES:
Belén Miranda Alcalde. Médico Adjunto de Pediatría, Hospital Universitario Miguel Servet.
Pablo Oteo Manjavacas. Médico Adjunto de Urología, Hospital Universitario Miguel Servet.


