¿Cuándo me compraréis un móvil inteligente?


Teodoro Durá Travé. Profesor de Pediatría. Facultad de Medicina. Universidad de Navarra

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La vida actual está marcada por las denominadas tecnologías de la información y comunicación que, junto a la dimensión global de internet, se han propagado rápidamente en todos los ámbitos: el trabajo, las relaciones personales, el hogar, el entretenimiento, etc.

De hecho, existe un ambiente digital, que ya no se puede considerar «un mundo paralelo o puramente virtual», sino que forma parte de la realidad cotidiana. Pero, junto a un gran número de efectos positivos, este fenómeno presenta nuevos desafíos.
La versatilidad de los actuales dispositivos digitales (ordenadores portátiles, tabletas y teléfonos móviles), con posibilidad de conectarse a internet (dispositivos inteligentes), se han convertido en dispositivos multifuncionales (e-mails, mensajes de texto, audios, videollamadas, plataformas audiovisuales, videojuegos, redes sociales, etc.). Por su reducido tamaño son fácilmente transportables y, en consecuencia, permiten la accesibilidad a cualquier tipo de contenido audiovidual -sin supervisión de un adulto- que se puede consumir en cualquier sitio y lugar, empleando un tiempo indefinido.

Apenas han transcurrido unas décadas cuando los pediatras aconsejaban evitar el consumo abusivo de la televisión en niños y adolescentes, particularmente vulnerables a los contenidos y/o mensajes audiovisuales; y alertaban de sus efectos sobre la salud ocular, el sobrepeso y obesidad, y el impacto de visualizar contenidos eróticos y/o violentos en la alteración del comportamiento y en la salud mental.

Actualmente, existe suficiente evidencia científica del impacto negativo del abuso de las tecnologías digitales -coloquialmente denominadas “pantallas”- sobre la salud física, mental y psicosocial de la población infantojuvenil (Tabla 1).

Tabla 1. Impacto negativo de las pantallas sobre la salud infantojuvenil

Salud física
• Trastornos del sueño
• Sedentarismo (disminución de la actividad física)
• Alimentación poco saludable (alimentos hipercalóricos)
• Mayor riesgo de obesidad
• Riesgo cardiovascular
• Fatiga visual
Salud mental
• Síntomas ansiosos-depresivos
• Conductas autolesivas e ideación suicida
• Trastornos de la conducta alimentaria
• Aumento de la impulsividad y conductas agresivas
Salud psicosocial
• Aislamiento social y/o familiar
• Bajo rendimiento académico
• Baja autoestima
• Menor calidad de vida

Además, cabe resaltar que en los menores de 6 años existe evidencia de un impacto negativo en el desarrollo cognitivo y psicoafectivo de la exposición a las pantallas. Obviamente, dedicar mucho tiempo a las pantallas supone dejar de hacer muchas otras cosas (lectura, trabajo escolar, deportes, juegos, aficiones, convivencia familiar, relaciones sociales, etc.) imprescindibles para el desarrollo integral de la persona.

Recientemente han sido publicados los resultados de un estudio elaborado por UNICEF-España (2025) con 64.255 alumnos de 5º y 6º de Primaria y de ESO (entre 10 y 16 años de edad) sobre los usos de las pantallas. El 51,6% del alumnado de Primaria y el 92,8% de ESO dispone de su propio teléfono móvil.

Respecto al uso de redes sociales, el 78,3% del alumnado de Primaria están registrados en alguna red social y el 43,6% en 3 o más; mientras que el 92,5% de los alumnos de ESO lo están al menos en una y el 75,8% en tres o más. Entre el alumnado de ESO, un 25,1% ha recibido mensajes, imágenes o vídeos de carácter sexual a través de medios digitales (sexting) y un 7,8% ha recibido alguna proposición sexual por parte de una persona adulta (ciberacoso). El 7,2% del alumnado de Primaria y el 33,2% de la ESO refieren haber visualizado contenidos pornográficos online, resultándoles “bastante” o “muy fácil” acceder a este tipo de contenidos. El 53,5% de los encuestados juega a videojuegos al menos “una vez a la semana” y el 18,7% “todos o casi todos los días”; y uno de cada cuatro jugadores (26,7%) consume videjuegos no recomendados para menores (juegos PEGI 18) por sus contenidos violentos o sexuales.

Conclusión

En conclusión, este informe nos muestra una panorámica relativamente desalentadora: el acceso a pantallas con conexión al ciberespacio empieza a una edad muy temprana, y el uso de redes sociales se consolida antes incluso de la adolescencia, lo que conlleva graves desafíos emocionales y de convivencia.

Actualmente, en la Pediatría se empieza a dar entidad a la salud digital; es decir, a la promoción de un uso seguro y saludable de los dispositivos digitales. En esta línea, tanto la Asociación Española de Pediatría (AEP) como la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y Adolescente (AEPNYA), conscientes del uso problemático de internet, han propuesto una serie de recomendaciones sobre el uso de pantallas en la infancia y adolescencia (Tabla 2).

Tabla 2. Recomendaciones sobre el uso de pantallas según las edades (AEP y AEPNYA)
0-6 años
• Evitar la exposición a pantallas
• Como excepción: videoconferencias familiares, en tiempos cortos y siempre bajo supervisión parental.
7-12 años
• Limitar el uso de pantallas a una hora diaria, incluyendo actividades educativas y recretivas.
• El uso de pantallas será idealmente sin acceso a internet, en espacios comunes de la casa, colocadas en lugar visible y con herramientas de control parental.
• Promover otras alternativas de entretenimiento (actividades deportivas, relaciones sociales, contacto con la naturaleza, ec.).
13-16 años
• Limitar el uso de pantallas a dos horas diarias, incluyendo actividades educativas y recretivas, y siempre con herramientas de control parental.
• Priorizar el uso de teléfonos sin acceso a internet, procurando retrasar la edad del primer móvil inteligente.
• Retrasar lo máximo posible el acceso a redes sociales.

En consecuencia, internet no es un espacio seguro, sino un lugar con potenciales peligros para los menores de edad. Es esencial la formación de las familias, educadores y agentes sociales para fomentar un entorno digital seguro. Se deben desarrollar herramientas tecnológicas eficaces que protejan a los menores de contenidos para adultos, y también es crucial que la sociedad esté informada sobre los riesgos para la salud asociados al uso indiscriminado de las tecnologías de la información y comunicación en la edad infantojuvenil.

AUTOR:

Teodoro Durá Travé. Profesor de Pediatría. Facultad de Medicina. Universidad de Navarra