Una de las situaciones que más inquietud genera durante el parto es esta: “Me han puesto la epidural pero sigo notando dolor”, o “Solo me hace efecto en un lado”.
La primera reacción suele ser pensar que algo ha ido mal. La realidad, sin embargo, es otra: son situaciones poco frecuentes, pero pueden ocurrir. Y lo más importante: en la mayoría de los casos tienen solución.
¿Cómo funciona la epidural?
La epidural es una técnica anestésica mediante la cual administramos medicamentos para aliviar el dolor.
Estos fármacos (en forma líquida) se depositan en el espacio epidural, un espacio muy pequeño alrededor de la médula espinal (sin llegar a tocarla).
Desde ahí, actúan bloqueando la transmisión del dolor.
¿Entonces por qué no me hace efecto?
Las causas más habituales son:
1. La anestesia no se reparte bien: aunque el catéter esté correctamente colocado, el medicamento puede difundirse más hacia un lado que hacia otro.
Resultado: un lado sin dolor y otro con molestias.
2. Anatomía individual: no todas las espaldas son iguales. Factores como escoliosis, cirugías previas o variaciones anatómicas pueden hacer que la distribución del anestésico sea menos uniforme.
3. Se queda corta en el tiempo: el parto puede durar muchas horas. La anestesia puede perder efecto y será necesario administrar más dosis para lograr el mismo efecto.
4. El dolor del parto cambia: el parto es un proceso dinámico. Al inicio el dolor es más difuso (las contracciones ayudan a dilatar el canal de parto). Más adelante, cuando el bebé desciende, el dolor se vuelve más intenso, localizado en la zona baja. Esto puede hacer que la analgesia se perciba como menos eficaz, aunque esté funcionando.
¿Qué se puede hacer en estos casos?
El anestesista es el médico encargado de supervisar el correcto funcionamiento de la epidural, y tomar decisiones en el momento que no se consiguen los efectos esperados.
Entre las opciones se encuentran:
1. Colocar a la paciente en otra posición. La postura influye mucho en cómo se distribuye el anestésico. Si un lado duele más, puede indicarse recostarse hacia ese lado para favorecer que el medicamento llegue mejor.
2. Ajustes con la medicación: aumentar la dosis basal, administrar una dosis extra, o ajustar la concentración de los fármacos.
3. Ajustes técnicos: en algunos casos, puede ser necesario recolocar el catéter o incluso cambiar la técnica para conseguir una mejor analgesia.
¿Entonces quiere decir que la epidural ha fallado?
No necesariamente.
La epidural no es un “interruptor” que se activa y funciona de forma perfecta todo el tiempo. Es una técnica dinámica, que requiere seguimiento y ajustes según evoluciona el parto.
La mayoría de las veces, cuando algo no va como esperabas, se puede corregir.
El parto es un momento intenso, tanto física como emocionalmente. El parto no es un proceso estático. Cambia, evoluciona… y la epidural también se adapta. Si en algún momento sientes que no está funcionando como esperabas: dilo. Porque el objetivo no es solo poner una epidural, es que te ayude de verdad.
AUTORES:
Yolanda Durán Luis, Leire Igea Monreal e Irene Ortiz Martín. Médicos adjuntos de Anestesiología y Reanimación en el Hospital Reina Sofía de Tudela.
Alba Cebrián García. Médico adjunto del Aparato Digestivo en el Hospital Reina Sofía de Tudela.
Andrea Ilarri Urabayen. Médico adjunto de Ginecología y Obstetricia en el Hospital García Orcoyen de Estella.
Sara Navarro Lázaro. Enfermera en el Hospital Reina Sofía de Tudela.


