Para responder esta pregunta es importante entender cómo nos hacemos alérgicos a los animales. Nuestro sistema inmunitario tiene la función de protegernos ante agentes dañinos como bacterias, virus u hongos, en ocasiones puede reaccionar de manera exagerada frente a agentes no propiamente dañinos, reconociéndolos como una amenaza. En este caso identifica y reacciona contra proteínas que expresan los animales, algunas de éstas con mayor capacidad de generar alergia.
De los animales domésticos, perro y gato son los responsables de la mayoría de las alergias frente a mascotas; sin olvidarnos de otras mascotas, como conejos, roedores (cobaya y hámster principalmente) y caballos que también lo desencadenan, aunque de forma menos frecuente. La alergia a animales domésticos son una causa creciente de alergia respiratoria debido a un aumento en la exposición, que puede ser explicada por el aumento de convivencia de mascotas en los domicilios. De acuerdo con el último reporte del Ministerio de Derechos Sociales se estima que en España hay más de 15 millones de animales de compañía, con un crecimiento del 14% desde 2021. Los perros son las mascotas más frecuentes en España con un 50%, seguidos de un 37% los gatos y el resto otras especies. Según este estudio, la comunidad autónoma de Navarra concentra un total de 191.878 animales de compañía.
Aunque no tengamos mascotas en casa, podemos estar sensibilizados a sus proteínas y en algún momento iniciar con síntomas en relación a exposición directa o indirecta. Los síntomas más frecuentes son a nivel ocular (picor, lagrimeo), nasal (estornudos, picor nasal, mucosidad), bronquial en forma de asma y cutáneos con lesiones habonosas sobretodo con la exposición a la saliva de los animales. Todos estos síntomas pueden ocurrir cuando estamos expuestos a los animales, mediante contacto físico o exposición inhalatoria sin estar presente en ese momento el animal. Aunque puede haber diferencias entre razas, todos los animales producen proteínas alergénicas que están presentes en la caspa y secreciones (saliva, orina, heces). Además, las proteínas de la caspa debido a su pequeño tamaño tienen la capacidad de permanecer volátiles durante mucho tiempo en el aire e incluso en la tapicería de muebles y ropa. Los animales hipoalergénicos son conocidos por mudar menos pelo y por ende hay menos proteínas de caspa en el ambiente. Sin embargo, siguen produciendo proteínas en la saliva y orina.
Una vez hemos entendido que no existen los animales hipoalergénicos debemos tener claro cómo tratar la alergia a epitelios. Lo primero y lo más eficaz es la evitación del alérgeno, que en este caso sería retirar a la mascota del hogar. Sin embargo, esta medida no es ideal ni fácil de llevar a la práctica dada las implicaciones emocionales que conlleva.
Algunas medidas que podemos hacer para disminuir la exposición a los alérgenos de las mascotas son: bañar a la mascota con regularidad semanal, mantener a la mascota fuera de la habitación, purificar el aire con filtros HEPA, realizar limpieza de la casa y textiles con aspiradora, utilizar fundas para colchones y almohadas y aplicar lociones tópicas al pelo del animal que aumentará el peso de las partículas que libera, pudiendo facilitar la limpieza del domicilio. Si a pesar de seguir estas medidas los síntomas son muy molestos, es necesario realizar un tratamiento sintomático y en caso de precisarlo, en algunos casos es posible administrar inmunoterapia específica.
BIBLIOGRAFÍA
Dávila I, Domínguez-Ortega J, Navarro-Pulido A, Alonso A, Antolín-Amerigo D, González-Mancebo E, et al. Consensus document on dog and cat allergy. Allergy. 2018;73(6):1206-22.
AUTORAS
Lizeth Juliana González Romero. Médica Residente.
María José Zavala Segovia y Blanca Esther García Figueroa. Médicas Adjuntas.
Servicio de Alergología. Hospital Universitario de Navarra


