El consentimiento informado ¿qué es y para qué sirve?

Dra. Nerea Yanguas Barea y Dr. David Ibáñez Muñoz. Especialistas en Radiodiagnóstico. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza. Borja Navas Díaz. MIR Pediatría. Hospital Clínico Universitario de Valencia

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El consentimiento informado es un proceso que ha llegado a la medicina desde el derecho, siendo considerado una de las principales aportaciones del mismo a la medicina. Hoy en día constituye una exigencia legal y ética previa a la actuación médica, está reconocido por las legislaciones de todos los países desarrollados y ha supuesto un cambio en la relación médico-asistencial que ha evolucionado hacia la autonomía del paciente.

Asumir una decisión

El consentimiento informado consiste en la explicación a un paciente atento y mentalmente competente de la naturaleza de su enfermedad, y del balance entre los efectos, riesgos y beneficios para, a continuación, solicitarle su consentimiento para ser sometido a esos procedimientos. Es un proceso gradual que habitualmente se realiza de forma verbal, consistente en la entrega de información y en el acompañamiento en la toma de decisión autónoma y responsable por parte del paciente, y debe estar recogido en la historia clínica del paciente. Por tanto, no se reduce a la mera aceptación o rechazo de una exploración, tratamiento o intervención, sino que permite proporcionar la información necesaria y de modo adecuado para que el paciente asuma una decisión y sea consciente de la misma, tomada de forma libre y sin coacción. La decisión del paciente puede ser revocada en cualquier momento, y dicha revocación debe constar por escrito en la historia clínica. Cada consentimiento es específico para cada episodio clínico y debe contener información suficiente sobre el procedimiento de que se trate y sobre sus riesgos.

Información comprensible

La información debe formar parte de todas las actuaciones asistenciales, incluyendo el diagnóstico, el pronóstico y las alternativas terapéuticas, y debe ser verídica y explicada de manera comprensible y adecuada a las necesidades y requerimientos del paciente para ayudarle a tomar decisiones de una manera adecuada.
Garantizar el cumplimiento del derecho a la información corresponde al médico responsable del paciente, pero también deben asumir responsabilidades en el proceso de información todos aquellos profesionales asistenciales que le atienden o aplican un procedimiento concreto.
El proceso debe llevarse a cabo con antelación suficiente para que el paciente pueda reflexionar y decidir libremente, y todo ello sin coacción por parte del equipo asistencial.
La información debe incluir al menos: identificación y prescripción del procedimiento, objetivos, beneficios que se esperan alcanzar, alternativas razonables al procedimiento, consecuencias previsibles de su realización y de su no realización, riesgos frecuentes y aquellos poco frecuentes que sean de especial gravedad y estén asociados al procedimiento por criterios científicos, riesgos y consecuencias en función de la situación clínica del paciente y sus circunstancias personales y contraindicaciones.
Existen determinadas circunstancias en las cuales no es preciso exigir el consentimiento informado, que son que la patología suponga un riesgo serio para la salud pública, que se trate de una situación de riesgo inmediato grave para la integridad física o psíquica del paciente y sea imposible su obtención, y también en aquellos pacientes que han manifestado fehacientemente su deseo de no tener información acerca de su patología.
También está estipulado el otorgamiento del consentimiento por representación, en aquellos casos en que el paciente no puede darlo por sí mismo, como en pacientes incapacitados o menores, siempre teniendo en cuenta que lo primordial es garantizar la salud del paciente.

En conclusión, el consentimiento informado es un proceso de información veraz, comprensible y adecuada a las necesidades del paciente, para poder tomar una decisión acerca de su salud de manera capaz y libre.