La epidural: lo que te gustaría saber antes del parto


Yolanda Durán Luis, Leire Igea Monreal, Irene Ortiz Martín, Alba Cebrián GarcÍa, Andrea Ilarri Urabayen y Sara Navarro Lázaro

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Si estás embarazada, es muy probable que hayas oído hablar de la epidural. Y también es muy probable que tengas dudas.

¿Duele? ¿Cuándo se pone? ¿Voy a poder moverme? ¿Frena el avance del parto?

La epidural es una de las herramientas más utilizadas para aliviar el dolor durante el parto. Entender bien en qué consiste, saber qué nos va a pasar, es clave, ayudándonos a vivir este momento con mucha más tranquilidad.
¿Qué es la epidural?
La epidural es una técnica analgésica que permite aliviar el dolor del parto manteniendo a la madre consciente, pudiendo así participar en este momento único. Actúa bloqueando la transmisión en los nervios que transmiten la sensibilidad y dolor a la zona inferior del cuerpo (incluyendo útero, vagina, piernas…).

¿Quién la pone?

La epidural la realiza siempre un médico anestesista o un médico anestesista en formación. Somos los médicos encargados de valorar si la paciente es candidata a ponérsela (tratándose de una población de mujeres jóvenes y sanas la mayoría son candidatas, aunque existen casos en los que esto no es así), somos los encargados de ponerla y de manejarla (administrar la dosis adecuada, aumentar el tratamiento si fuera necesario o resolver problemas que puedan surgir). En definitiva, el anestesista es el responsable de vigilar que la analgesia del parto funcione correctamente.

¿Cómo se coloca?

Existen dos maneras de colocar la epidural. La primera opción y más usada es con la paciente sentada con la espalda arqueada hacia el anestesista (como si fuéramos una pequeña bolita) y la segunda forma menos habitual es con la paciente tumbada sobre su lado izquierdo en posición fetal.
Durante la técnica es muy importante estar lo más quieta posible.
Lo primero que hacemos es aplicar anestesia local (un pequeño pinchazo) que insensibiliza la zona para posteriormente, pinchar la espalda con una aguja específica para esta técnica que nos permite dejar un catéter (un pequeño tubito) para poder administrar medicación durante lo que dure el parto, sin necesidad de repetir pinchazos.

La parte más desconocida…
Antes de poner la epidural, existe un momento especial. Un momento en el que aparece lo humano…
Las dudas “tengo miedo”, “¿me va a doler?”, “¿Seguro que no pasa nada?” Esa mirada en silencio que trasmite nervios, incertidumbre y necesidad de confianza.
De nuevo, la figura del anestesista es clave para transmitir tranquilidad. Explicar por qué tienen que mantenerse quietas, aunque les venga una contracción, intentar responder a sus dudas una a una, o incluso hablar sobre su embarazo y su futuro hijo.
Somos muy insistentes a la hora de colocar a una paciente porque prácticamente es el éxito de la técnica. Si la madre se moviera, nos distorsionaría la anatomía, aumentando el riesgo de punción en localizaciones que no son el objetivo y pueden llevar a daño sin quererlo.

¿Qué voy a sentir?

Durante la técnica se pueden sentir diferentes sensaciones: un pequeño escozor (con la anestesia local), algo de presión (cuando estamos localizando el punto exacto) y en ocasiones un pequeño calambre cuando pasamos el catéter a su sitio.
Una vez colocada lo que vamos a sentir es un alivio del dolor, manteniendo algo de sensación de presión con la contracción y debilidad de las piernas. El efecto suele tardar alrededor de 10-15 minutos.
No buscamos la anestesia de la zona (es decir ausencia absoluta de dolor e inmovilidad) sino la analgesia (disminución considerable del dolor, con tal vez alguna molestia, pero con la capacidad de mover las piernas). Mantener la sensación de presión con la contracción nos permite en el momento de empujar durante el parto, hacerlo en el momento que corresponde.

¿Y por qué me dejan encamada?

Como hemos mencionado, la epidural asocia ligera debilidad de las piernas. Si no tenemos la sensibilidad adecuada podemos caernos y hacernos daño, por lo que por seguridad preferimos que la paciente continúe la dilatación encamada.
Esto no significa que no te puedas mover en la cama, sino que necesitarás ayuda.

¿Y los riesgos?

Si existen, como en todos los procedimientos. Existe riesgo de dolor de cabeza, riesgo de dolor en la espalda en la zona de punción, riesgo de bajada de tensión, o incluso riesgos muy muy raros como infección o daño nervioso.
Por lo general la epidural es una técnica segura y los problemas graves son muy poco frecuentes.

AUTORES:

Yolanda Durán Luis, Leire Igea Monreal e Irene Ortiz Martín. Médicos adjuntos de Anestesiología y Reanimación en el Hospital Reina Sofía de Tudela.
Alba Cebrián García. Médico Adjunto del Aparato Digestivo en el Hospital Reina Sofía de Tudela.
Andrea Ilarri Urabayen. Médico Adjunto de Ginecología y Obstetricia en el Hospital García Orcoyen de Estella.
Sara Navarro Lázaro. Enfermera en el Hospital Reina Sofía de Tudela.