El inicio de la erupción dentaria comienza el primer año de vida con los conocidos “dientes de leche” (temporales o dentición decidua), los cuales suelen erupcionar en la mayoría de los casos a partir de los 6-7 meses de edad.
Este proceso suele acompañarse de inflamación de la encía, la cual puede provocar que el niño se encuentre más irritable, agitado, produzca más cantidad de saliva, duerma peor o incluso aumente unas décimas de temperatura (sin llegar a hacer fiebre >38ºC) o haga deposiciones más blandas. Esta dentición temporal consta de un total de 20 piezas dentales (10 arriba y 10 abajo, formada cada arcada por 2 incisivos centrales, 2 incisivos laterales, 2 caninos y 4 molares).
Posteriormente esta dentición decidua comienza a caerse, para dar paso a la dentición permanente, la cual suele erupcionar a los 6-7 años (algunos incluso a los 5). Esta dentición está formada por 28 piezas dentales (o 32 si se suman las muelas del juicio a partir de los 18 años), teniendo cada arcada dental 2 incisivos centrales, 2 incisivos laterales, 2 caninos, 4 premolares y 4 molares. La influencia de las hormonas prepuberales, caries, traumatismos o falta de espacio puede condicionar el adelanto o retraso en la erupción dentaria.
Para considerar la erupción dentaria como tardía, en el caso de los “dientes de leche” sería si a los 15 meses aún no ha salido ningún diente y en caso de la dentición definitiva a los 7-8 años. En el primer caso se puede deber a factores generales (hipotiroidismo, niveles de vitamina D bajos, hipopituitarismo, síndrome de Down…) y en el segundo caso lo más frecuente es por falta de espacio para la erupción.
Por el contrario, existen ocasiones en las que la erupción dentaria puede ser precoz, como con la aparición de dientes natales o congénitos (presentes al nacimiento) o la presencia de dientes neonatales (salen el primer mes de vida). La mayoría de veces esto ocurre por erupción prematura de los dientes temporales, pero un 10% de las veces se debe a presencia de dientes supernumerarios. Pueden provocar molestias en la alimentación por erosión del pezón materno durante la lactancia o lesiones en la lengua del lactante. Asimismo en caso de movimiento del diente existe riesgo de aspiración, por lo que en esos casos se realiza la extracción del diente.
La patología más frecuente asociada a la dentición en niños así como el motivo principal de consulta en odontología a lo largo de la infancia es la caries, que además constituye la enfermedad crónica más común en la infancia.
Se tratan de lesiones en el esmalte dental. Al inicio son más superficiales, por lo que no dan síntomas pero pueden observarse a la exploración. Se pueden observar áreas blanquecinas opacas (desmineralización inicial), manchas marrones o negras, y cavitaciones. Más adelante, conforme se hacen más profundas (pudiendo llegar a afectar a terminaciones nerviosas) dan dolor, especialmente ante cambios de temperatura o alimentos ácidos. Si se deja evolucionar sin tratamiento, puede llegar a destruir la estructura dental completa y la pulpa del diente.
Su causa es multifactorial, viéndose influenciada por la predisposición individual e interacción entre la placa bacteriana bucal y medio bucal (saliva, dieta…). Los alimentos ricos en azúcares refinados son los más cariogénicos, especialmente si son pegajosos y quedan más tiempo pegados en el diente. También aumenta el riesgo el comer más número de veces (picar entre horas), más que la cantidad de azúcares ingeridos persé, especialmente si se toman azúcares antes de dormir así como el tiempo de actuación de los azucares sobre los dientes en caso de no lavado de los mismos. Las bebidas energéticas o zumos muy ácidos también son de riesgo.
Prevención de las caries
A lo largo de los años la incidencia de caries ha mejorado mucho gracias a las campañas de concienciación sobre cuidados dentales, habiéndose objetivado especial mejoría en la incidencia de caries con la dentición definitiva.
Para prevenirlas, el consenso internacional recomienda un abordaje multidisciplinar, basado en:
• Dieta equilibrada baja en azúcares refinados.
• Hidratación adecuada.
• Higiene oral con correcto cepillado dental diario.
Éste se recomienda desde la aparición de los primeros dientes a los 6-8 meses (aunque antes se recomienda limpiar las encías con gasas húmedas).
Lo ideal es después de las comidas, mínimo 2 veces al día y haciendo especial hincapié en la limpieza nocturna.
Hasta los 7 años los cepillados deberían supervisarse por un adulto.
• Uso de pasta dentífrica fluorada
– De 0-2 años concentraciones menores de 1.000 ppm.
– Posteriormente y hasta los 6 años: entre 1.000-1.450 ppm.
– Mayores de 6 años: 1450 ppm.
La cantidad a utilizar en menores de 3 años es del tamaño de un grano de arroz y en mayores de 3 años del tamaño de un guisante.
Se recomienda que tras el cepillado no se enjuague con agua la boca o que se haga con muy poca agua, para no minimizar el efecto del flúor.
En caso de haber comido alimentos azucarados, esperar 10 minutos antes de lavarse los dientes.
AUTORES:
María Erroz Ferrer. FEA Servicio Pediatría. Hospital Universitario de Navarra.
Jorge Álvarez García y María García Ayerra. FEA Servicio Pediatría. C.S. Ansoáin.
Estíbaliz Sáez López. Enfermera. Hospital Universitario de Navarra


