Salud y cambio climático

Javier M. Pejenaute Goñi

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El cambio climático es un tema de gran preocupación en la sociedad actual. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) creado por las Naciones Unidas, que agrupa a dos mil científicos de más de cien países, que disponen de la más contrastada información, en el IV Informe de Evaluación, señalan numerosas certezas del calentamiento global del planeta.

Se trata de un cambio climático inusual, al que se le pueden poner los siguientes adjetivos. Complejo, pues implica a cuatro áreas (atmósfera, océano, tierra, nieve y hielo, y biosfera) con muchas variables interrelacionadas de difícil interpretación. Inequívoco y urgente, porque la superficie terrestre es en la actualidad más cálida que hace treinta años y cuanto más tiempo se tarde en afrontar el problema, más difícil será evitarlo. Antrópico y sin precedentes, dado que se trata de un cambio climático que no ha ocurrido nunca tan rápido y acelerado, como para deberse a causas naturales. Y global, problema de alcance mundial, que requiere respuestas globales y nacionales.

Olas de calor, enfermedades infecciosas…

Los estudios realizados sobre la defensa del organismo ante condiciones climáticas extremas han alertado sobre los riesgos de una evolución peligrosa del clima. Los impactos negativos principales en la salud anunciados por el IPCC como consecuencia del cambio climático son los debidos al calor, a la expansión de las áreas afectadas por algunas enfermedades infecciosas, y a la mayor frecuencia de eventos atmosféricos extremos.

Los cambios pronosticados en el clima no sólo anuncian un aumento preocupante de las temperaturas medias, sino una cantidad mayor de olas de calor agresivas, capaces de provocar una mayor mortalidad. Duran más de una semana y son originadas por la llegada de masas de aire africanas, que disparan las temperaturas máximas y mínimas. Una de las más intensas, recordada por todos, tuvo lugar en la primera quincena de agosto de 2003, en la que fallecieron más de quince mil y seis mil personas en Francia y España respectivamente. Son personas más vulnerables las mayores de sesenta y cinco años con patologías crónicas y los niños en su primera infancia por la deshidratación.

El riesgo es mayor en las ciudades, por el fenómeno denominado islas de calor. Las grandes ciudades y en menor medida las pequeñas, anotan entre uno y tres grados de temperatura por encima del medio rural circundante, que puede llegar hasta ocho o diez en las grandes áreas metropolitanas en días anticiclónicos despejados.

No es posible confiar en la adaptación del organismo humano a los tiempos calurosos actuales o previsibles para un futuro, por lo que hay que tomar medidas orientadas a reducir los riesgos. Las ciudades han organizado planes de aviso y emergencia sanitaria ante la previsión de olas de calor, fijando valores térmicos, a partir de los cuales el calor supone un riesgo para los ciudadanos. Conviene tener en cuenta, además de las temperaturas máximas, las mínimas altas que dificultan el sueño y el descanso, y crean situaciones de angustia.

También, la propagación de una serie de enfermedades infecciosas pueden estar relacionadas con el cambio climático. Un calentamiento global supondría una expansión del paludismo, enfermedad que estuvo presente en la mayor parte de Europa. Es trasmitida por el mosquito anopheles, que puede soportar valores térmicos elevados, pero que difícilmente aguanta temperaturas invernales por debajo de 16º.

Los efectos podrían intensificarse en otras enfermedades. Algunas investigaciones han demostrado que el aumento de temperaturas y precipitaciones que conlleva el fenómeno del Niño favorece el desarrollo de los mosquitos responsables del dengue. La fiebre amarilla podría extenderse a otros lugares con un aumento importante del calor y de la lluvia. La enfermedad del sueño, transmitida por la mosca tsetse, podría extenderse con un ligero aumento de temperaturas. Los brotes de cólera, que se manifiestan en las época más cálidas, son sensibles a las lluvias, puesto que la escasez de agua impide una higiene necesaria, y las inundaciones aumentan la contaminación de los ríos.

Por todo ello es necesaria una labor interdisciplinar entre responsables sanitarios y climatólogos con los siguientes objetivos: estudiar los impactos provocados por las condiciones atmosféricas en la salud; definir los modelos de expansión de las enfermedades infecciosas; controlar su proliferación después de inundaciones, sequías y olas de calor; elaborar protocolos de previsión, advertencia y alarma; y observar el posible resurgimiento de enfemedades contagiosas.

Realidad, desafío y oportunidad

El cambio climático es una realidad, un desafío y una oportunidad. Se ha constatado que es una realidad inequívoca, que no admite duda, pues la superficie terrestre es en la actualidad más cálida que hace treinta años. Se sabe que a lo largo del siglo XX los gases invernadero han aumentado de forma continua por la quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas natural) para obtener energía, y que, paralelamente, suben las temperaturas. Parece normal relacionar ambas variables.

Representa un desafío. Es el problema medioambiental más importante, pues abarca, entre otros, aspectos ecológicos y algunos relacionados con la igualdad, pobreza, salud, producción de alimentos y, en general, con el modo de vida humano, por lo que plantea importantes retos políticos, económicos y tecnológicos. Y finalmente se abre una oportunidad para mejorar la calidad de vida y lograr un desarrollo sostenible. El cambio climático no hay que verlo como el fin de la civilización, sino como una oportunidad de cambio, adaptación y planificación nueva y real que tenga en cuenta el aumento de población, el crecimiento de las ciudades, el mayor consumo de energía y agua, y el respeto al medio ambiente.

Después del incierto período de crisis económica, el año 2009 es decisivo para la algo olvidada lucha contra el cambio climático. La Cumbre sobre el Clima de Copenhague, (COP15) que tendrá lugar entre el 30 de noviembre y el de 11 diciembre del 2009, es muy importante, pues en ella se tendrá que negociar un nuevo Protocolo que sustituya al de Kyoto en 2012. Para algunos expertos, ésta puede ser la última oportunidad de evitar un cambio climático. Estamos aún a tiempo.