La astenia se presenta justo con los cambios de estación:
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La denominada astenia primaveral, que es la más frecuente, suele comenzar con el cambio de estación del invierno a la primavera, que es cuando se produce el principal cambio de temperatura de un clima frío a más cálido, coincidiendo con el aumento de horas de luz al día.
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También puede darse en otoño con síntomas similares, derivado del cambio al horario de invierno y, con él, la reducción de las horas de luz, dejando atrás el buen clima y dando paso al frío.
La astenia puede identificarse principalmente por la debilidad a nivel general, pero también puede causar fatiga mental y corporal, así como cansancio excesivo”, nos cuenta el doctor Valverde.
Debido a los cambios en las horas de luz al día el ritmo circadiano del sueño es afectado, lo que causa que haya modificaciones en nuestra rutina de sueño. Así, durante los procesos de astenia podemos presentar alteraciones del sueño, dando lugar a somnolencia durante el día y sentirnos faltos de energía por no haber tenido un descanso adecuado durante la noche.
Los síntomas de la astenia están conectados entre sí, por lo que, si no estamos teniendo un adecuado descanso durante la noche, bien no dormimos las suficientes horas o no tenemos un sueño reparador, por el día nos sentiremos más cansados y con sensación de aturdimiento. Por esta razón, puede que experimentemos dificultad para concentrarnos.
La irritabilidad o cambios de humor también son habituales en este proceso, sintiendo por ejemplo tristeza sin causa aparente. “Al sentirnos más cansados es común no tener ganas de hacer nada, por lo que podemos estar más irritables, incluso llegando a tener episodios de ansiedad al notar que no llegamos a todo lo que tenemos que hacer o exigirnos más de lo habitual”, cuenta el doctor.
El dolor de cabeza puede darse debido a la alteración del descanso nocturno. “Nuestro cerebro se ve afectado por el cambio de cualquier rutina”, según nos cuenta el doctor, “el hecho de modificar los horarios para dormir e incluso de nuestra alimentación puede ser detonante para cualquier tipo de cefalea”.
El cambio de estación y la presencia de la astenia inducen cambios tanto en nuestras rutinas como en nuestros procesos fisiológicos. El apetito puede disminuir durante esta etapa y puede haber pérdida de peso.
Como bien nos explica el doctor Valverde, “no se suele valorar la astenia primaveral como un cuadro clínico, sino que tiene un carácter estacional, puesto que se produce concretamente cuando llegan los cambios de estación”.
“Pero no hay por qué preocuparse, esta sintomatología es siempre leve y no suele durar más de tres semanas”, añade, aunque durante este tiempo es normal que la condición física de cansancio, malestar o irritabilidad afecte a las actividades del día a día y a las relaciones interpersonales.
La astenia primaveral tiene su origen en el hipotálamo, una glándula situada en el cerebro que regula, entre otras cosas, la temperatura, la sed, el apetito, el sueño y la vigilia. Esta glándula se altera con el cambio de tiempo, por lo que se ve afectada con la llegada de una nueva estación.
Más que un trastorno psicopatológico se trataría de un trastorno temporal, físico y mental, relacionado con el cambio horario con más horas de luz al día y el aumento de temperatura. Además, también se producen cambios por la humedad y la presión atmosférica.
También puede estar asociado a estrés prolongado, actividad física excesiva, insomnio, ansiedad, depresión y también los hábitos nutricionales incorrectos o deficitarios.
Cambios ambientales
Con la llegada del buen tiempo nuestro reloj biológico ha de adaptarse a la nueva climatología, esto supone un gasto extra de energía en las actividades rutinarias.
- Bien sea por la disminución de las betaendorfinas en el plasma, que son las encargadas de regular el sistema bienestar-malestar.
- Por la presencia del polen en la atmósfera.
- Por procesos asociados a estados de ánimo.
- O por algunos aspectos relacionados con el trastorno del sueño.
La percepción de la salud depende de cada persona. Bien podemos sentirnos decaídos por la somnolencia ante el cambio horario o, por el contrario, la luminosidad nos puede activar y estimular para un aumento de actividad.
Prevención de la astenia primaveral
“Tener un estilo de vida saludable es la base para mantener en plena forma nuestro organismo y su sistema inmune como principal forma de evitar que los factores externos afecten nuestra energía en épocas de cambio estacional”, informa el doctor, “complementar la dieta con suplementos alimenticios puede ser de utilidad para aportar un plus de vitalidad y ayudar a minimizar el impacto del cambio estacional”.
Seguir algunas pautas nos ayudará a hacer frente a las épocas de cambio y a los síntomas de la astenia primaveral:
- Seguir una dieta variada y equilibrada, basada en alimentos frescos y ricos en vitaminas y minerales.
- Adoptar un estilo de vida saludable con la práctica de actividad física moderada.
- Tener una rutina de sueño adecuada y dormir el suficiente número de horas cada día.
- Llevar un ritmo de vida relajado y evitar el estrés.
- Usar complementos alimenticios, siempre bajo la supervisión de un profesional sanitario.
La hidratación también juega un importante papel. Por esto se debe ingerir al menos dos litros de agua al día o bien complementarlos con infusiones o zumos de fruta natural.
Además, especialmente en épocas cálidas como la primavera y el verano, nuestro organismo transpira más y necesita más líquidos.
- Evitar el consumo de alcohol y limitar la ingesta de cafeína
Practicar ejercicio físico de manera regular y frecuente ayuda a hacer frente a los síntomas de la astenia como la apatía, la fatiga o la alteración del ciclo del sueño. Además, el ejercicio moderado libera dopamina y serotonina, hormonas relacionadas con la felicidad y la sensación de plenitud.
Realizar al menos 150 minutos de actividad aeróbica moderada a la semana es suficiente para mantenerte activo y comenzar a notar los beneficios de practicar ejercicio como mejorar el estado de ánimo y el descanso, mejorar la movilidad y flexibilidad de articulaciones, mejorar la resistencia cardiorrespiratoria.
AUTORES:
Mercedes Alonso Bueno, TCAE, Hospital Nuestra Señora de Gracia, Zaragoza.
María Elena Carasusan Vela, Celadora, Hospital Nuestra Señora de Gracia, Zaragoza.
Jil Joselito Calderón Paredes, Celador, Hospital Clínico Zaragoza.
Karina Lissette Calderón Paredes, Celador, Hospital Clínico Zaragoza.
Ricardo Castellano Sánchez, Celador, Hospital Miguel Servet, Zaragoza.
Diego Calvo Tesan, Celador, Hospital Clínico, Zaragoza.
Raquel Arilla Gil, TCAE, Hospital Clínico, Zaragoza.
BIBLIOGRAFIA
1 [Internet]. Disponible en https://www.wikipedia.org
2 [Internet]. Disponible en https://www.farmaceuticonline.com


