Obesidad y anestesia: riesgos y claves para tu cirugía


Ángeles Aragón Martínez y Jesús Villar García. Médicos Internos Residentes de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor. Hospital Universitario de Navarra. Nora Veiga Gil. FEA Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor. Hospital Universitario de Navarra

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La obesidad es una entidad cada vez más frecuente en nuestro medio. El exceso de peso y tejido graso puede aumentar los riesgos del acto anestésico e influir en la actuación de determinados fármacos.
Por ello, los pacientes con obesidad requieren una valoración más detallada y una planificación específica por parte del equipo de Anestesia.
El objetivo es siempre el mismo: garantizar la máxima seguridad antes, durante y después de la intervención.

¿Qué ocurre en el organismo?

La obesidad produce cambios en distintos órganos que afectan directamente a la anestesia.

Vía aérea y respiración
Este primer punto es uno de los mayores desafíos para los anestesistas en estos casos. El exceso de tejido graso en cuello, faringe y tórax puede provocar:
• Una obstrucción a la entrada de aire en cuanto el paciente está dormido, dificultando la ventilación manual y la colocación del tubo endotraqueal.
• Una movilidad cervical reducida, dificultando el manejo de vía aérea, sobre todo en casos de emergencia.
• La reducción de la capacidad pulmonar por la dificultad que los pulmones tienen para expandirse debido al peso que cae sobre ellos, sobre todo con el paciente acostado. Esto conlleva menor reserva de oxígeno y mayor cantidad de zonas pulmonares mal ventiladas y colapsadas (atelectasias).
• En estos pacientes el Síndrome de Apnea Obstructiva del Sueño (SAOS) es más frecuente, obstruyéndose la vía aérea durante sedaciones profundas, técnica utilizada en gran cantidad de procedimientos.

Sistema cardiovascular
• El corazón trabaja más de lo habitual para mantener una buena perfusión en los tejidos.
• El corazón se vuelve menos “adaptable” ante situaciones de estrés.
• Puede aparecer hipertensión arterial.
• Aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares como parte del llamado “síndrome metabólico”.

Efecto de los fármacos

• No todos los medicamentos anestésicos se comportan igual. El exceso de tejido graso afecta a cómo se distribuyen y eliminan los fármacos, prolongando su efecto en el organismo. Por esto, las dosis deben ajustarse cuidadosamente según peso “ideal/ajustado”, ya que usar el peso real podría causar sobredosis.
• La presencia de varios de estos factores obligan a extremar las precauciones en el perioperatorio e implementar medidas de seguridad y estrategias especiales desde antes de la cirugía hasta el día del alta al domicilio.

Antes de la cirugía

• La consulta preoperatoria es fundamental. El anestesista evalúa el estado general del paciente y detecta posibles riesgos. Esta valoración debe incluir: historia clínica detallada, exploración de la vía aérea, analíticas o electrocardiograma y preguntas sobre el descanso nocturno.
• Gracias a esta información se puede elaborar un plan anestésico, adaptar la anestesia a cada paciente e incluso optimizarle previo a la cirugía en algunos casos.

Durante la anestesia

• La administración de oxígeno antes de “dormir” al paciente puede durar más tiempo debido a la menor capacidad pulmonar. De esta manera se aumenta el intervalo de seguridad durante el tiempo de apnea previo a la intubación.
• El manejo de la vía aérea puede resultar más complicado en estos pacientes, por lo que se suelen utilizar técnicas y dispositivos especiales que proporcionan mayor seguridad.

• Debe ajustarse el respirador para proteger los pulmones y evitar complicaciones, durante y después de la cirugía, así como vigilar de forma constante la respiración, el corazón y el nivel de anestesia.

Después de la intervención

• El periodo postoperatorio es especialmente importante ya que el paciente con obesidad es más susceptible a complicaciones.
• Ciertos riesgos como recuperar la respiración adecuadamente, la mayor probabilidad de infecciones respiratorias o de la herida y el riesgo de trombosis, son más frecuentes en esta población. Es por eso, que el equipo de anestesia debe tomar ciertas medidas preventivas para minimizar al máximo estos riesgos.

¿Qué puede hacer el paciente para reducir los riesgos?

• Es fundamental seguir correctamente las indicaciones médicas para mantener controladas enfermedades como la diabetes o la hipertensión, dejar el tabaco antes de la cirugía, reducir el peso si es posible para llegar en buena condición a la cirugía y utilizar e incluso traer al hospital los dispositivos para la apnea del sueño si los tiene.
• Pequeñas medidas pueden marcar una gran diferencia en la recuperación.

Conclusión

La obesidad no impide realizar una anestesia segura, pero sí exige una mayor preparación y control. Gracias a los avances actuales y a una valoración individualizada, la mayoría de estos procedimientos se llevan a cabo sin problemas, sin embargo, pequeños cambios en estilo de vida pueden significar grandes beneficios y menores riesgos.

AUTORES:

Ángeles Aragón Martínez y Jesús Villar García. Médicos Internos Residentes de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor. Hospital Universitario de Navarra.

Nora Veiga Gil. FEA Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor. Hospital Universitario de Navarra.