La colecistectomía es la cirugía en la que se quita la vesícula biliar con su contenido interior (generalmente piedras y barro biliar). Es un procedimiento muy frecuente en los servicios de Cirugía General y del Aparato Digestivo, siendo una de las intervenciones que más se realizan en el día a día de un cirujano general junto a las hernias.
Esta cirugía se realiza en aquellos pacientes con colelitiasis sintomática, es decir, piedras en la vesícula que han causado algún problema como pueden ser cólicos biliares, infecciones de la vesícula -llamadas colecistitis- o pancreatitis entre otras. También se lleva a cabo en pacientes con factores de riesgo en los que se pueda desarrollar una patología tumoral a largo plazo como pueden ser los pólipos de gran tamaño o la vesícula en porcelana.
En qué consiste la cirugía
La colecistectomía consiste en quitar la vesícula biliar. El abordaje de la cirugía puede ser de distintas formas:
- Cirugía abierta: consiste en hacer una incisión en la pared abdominal por debajo de la última costilla del lado derecho (laparotomía subcostal derecha) para abrir el abdomen y poder exponer el campo quirúrgico.
- Cirugía mínimamente invasiva: tenemos dos modalidades. La cirugía laparoscópica y la cirugía robótica. En ambas se realizan pequeñas incisiones de entre 0,5cm y 1,5cm a través de donde se introducirán los instrumentos de trabajo y se llena el abdomen de aire (neumoperitoneo) para exponer las estructuras. En la cirugía laparoscópica el cirujano y el ayudante manejan los instrumentos directamente. Son instrumentos rígidos y se opera mirando una pantalla que generalmente es en 2D. Es como montar un barco dentro de una botella. En cambio en la cirugía robótica el cirujano se sienta en una consola en la que se ve en 3D y maneja unos mandos como si fuera un videojuego.
Actualmente la mayoría de colecistectomías se realizan de forma mínimamente invasiva quedando la cirugía abierta reservada para situaciones menos frecuentes en las que no se visualicen bien las estructuras por laparoscopia, en las que haya mucha inflamación de las estructuras de alrededor, en las que se sospeche lesión de otras estructuras o en casos de sangrado de dificil control por laparoscopia.
Los pasos de la cirugía son los siguientes:
- Se realizan las incisiones para introducir el instrumental.
- Se localiza la vesícula que está en la parte inferior del hígado.
- Se localizan las estructuras importantes próximas a la vesícula. Este paso es fundamental, aquí localizamos el conducto que une la vesícula al intestino y la arteria que aporta sangre a la vesícula.
- Una vez localizadas estas estructuras se colocan clips y se seccionan.
- Tras esto se separa la vesícula del hígado.
En función de la dificultad de la cirugía puede ser necesario dejar un drenaje que se retira en los primeros días tras la cirugía.
¿Tiene complicaciones esta cirugía?
Como todas las cirugías no está exenta de complicaciones tanto intraoperatorias como postoperatorias aunque son muy poco frecuentes.
La complicación más temida por los cirujanos es la lesión de la vía biliar, es decir del conducto que une el hígado y la vesícula biliar con el duodeno (primera parte del intestino delgado) ya que sus consecuencias pueden ser graves. A pesar de esto, el riesgo de tener una lesión de vía biliar es bajo, los estudios situan este riesgo en torno al 0,1-0,3% en la cirugía laparoscópica y del 0,3-0,6% en la cirugía abierta.
Junto con esta lesión también tendríamos la lesión de estructuras vasculares, como la arteria hepática derecha. Su lesión generalmente se asocia a la lesión de la vía biliar dada su relación y proximidad con la misma, aunque su incidencia es aún más baja que la de la lesión aislada de la vía biliar.
Otra de las complicaciones puede ser el sangrado. Esta es una complicación más frecuente, llegando a casi el 2% de las cirugías. En muchos casos es un sangrado menor debido a sangrados en el lecho hepático tras separar la vesícula. En ocasiones también se debe a sangrado de la arteria cística (que lleva la sangre a la vesícula) si se movilizan los clips. Por último, otra fuente de sangrado a tener en cuenta son las heridas quirúrgicas por donde se introducen los instrumentos.
A pesar de ser una técnica muy estandarizada y frecuente, es necesario que los pacientes estén informados de las posibles incidencias que se pueden dar durante la cirugía por poco frecuentes que sean.
Cuántos días me quedaré en el hospital
El postoperatorio de la colecistectomía dependerá principalmente de si es una cirugía programada o es una cirugía urgente y de si se ha hecho mediante cirugía mínimamente invasiva o por cirugía abierta.
En las cirugías programadas en las que se quite la vesícula por episodios de dolor generalmente se pasa una o dos noches en el hospital si no hay incidencias. En el caso de las cirugías urgentes en las que se opera por infección de la vesícula (colecistitis) el postoperatorio suele ser más largo y es determinante evaluar de forma conjunta la evolución clínica del paciente junto con la evolución de las analíticas de sangre, pudiendo variar desde pocos días hasta más de una semana.
En cuanto al tipo de abordaje realizado, en las cirugías laparoscópicas la estancia hospitalaria es mucho menor, como he mencionado, suele ser de una noche, mientras que en la cirugía abierta se alarga la estancia varios días ya que es un postoperatorio más doloroso.
¿Puedo hacer ejercicio tras la cirugía?
La vuelta a la vida normal es rápida pero con matices. Generalmente se suele indicar un periodo de reposo relativo de entre tres semanas y un mes. Con reposo relativo nos referimos a evitar esfuerzos físicos exigentes como pueden ser hacer deporte, levantar pesos o hacer movimentos que impliquen mucha fuerza abdominal. Por el resto la reincorporación a las actividades de la vida diaria es rápida y se pueden iniciar nada más salir del hospital (por ejemplo, dar paseos, subir y bajar escaleras, hacer las tareas de casa…).
El motivo principal de posponer el esfuerzo físico intenso durante este tiempo es facilitar que cicatrice completamente la pared abdominal en la zonas de las incisiones para evitar las eventraciones (hernias en las zonas de las heridas quirúrgicas).
¿Puedo comer de todo?
Tras la colecistectomía se recomienda una dieta baja en grasas y rica en fibra para reducir síntomas gastrointestinales como diarrea, dolor abdominal y distensión, y para prevenir el aumento de peso y las alteraciones metabólicas.
La reintroducción de alimentos sólidos debe ser gradual, priorizando comidas pequeñas y frecuentes, evitando grasas saturadas, frituras y alimentos ultraprocesados, y favoreciendo frutas, verduras, cereales integrales y proteínas magras.
El consumo excesivo de grasas puede aumentar el riesgo de diarrea y empeorar el perfil lipídico, por lo que se recomienda limitar la ingesta de lípidos y consultar con nutrición para individualizar la dieta según tolerancia y síntomas.
A continuación van una serie de recomendaciones para pacientes colecistectomizados:
- Realice 5-6 comidas al día de poca cantidad cada vez
- Evite las comidas copiosas
- Controle la toma de alimentos ricos en grasas de origen animal
- Cocine de forma sencilla: hervidos, a la plancha, horno, cocidos
- Modere los alimentos que incorporen grasas: fritos, guisos, estofados, empanados…
- Utilice el aceite de oliva para aliñar. Las grasas vegetales se toleran mejor que las de origen animal
- Tome alimentos ricos en fibra
- Modere el consumo de azúcares simples
Como ejemplo de alimentos desaconsejados estarían las carnes grasas, embutidos, pescados azules y mariscos, leche entera, mantequilla, nata, salsas, crema, flan, frutos oleaginosos (aceitunas, nueces, avellanas, almendras…), aceite para freir o pasteles entre otros.
La colecistectomía es un procedimiento muy frecuente dentro de los servicios de Cirugía General y del Aparato Digestivo en pacientes que han presentado cólicos biliares o colecistitis agudas, siendo una técnica con la que los cirujanos generales estamos muy habituados. El postoperatorio generalmente es sencillo y rápido con una reincorporación rápida a la vida normal en la que la dieta va a ser un punto clave para mantener un buen control postoperatorio.
AUTORES:
– Daniel Otero Romero, Médico Interno Residente de Cirugía General y del Aparato Digestivo, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza.
– María Mejías Ledesma, Médico Interno Residente de Cirugía General y del Aparato Digestivo, Hospital Universitario Príncipe de Asturias, Alcalá de Henares.
– Elena López Sisternes, Médico Interno Residente de Cirugía General y del Aparato Digestivo, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza.
– Jaime Antón Pernaute, Médico Interno Residente de Urología, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza.
– Irene Orduna Casla, Médico Interno Residente de Medicina Intensiva, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza.
– Raquel Lorenzo Álvarez, Médico Interno Residente de Medicina Intensiva, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza.
– Laura Gil Arribas, F.E.A. Ginecología y Obstetricia, Hospita Comarcal de Alzañiz, Alcañiz.


