El proceso de retirar la sedación y favorecer un despertar temprano en las personas ingresadas en estado grave constituye una de las estrategias de cuidado cerebral más importantes en las Unidades de Cuidados Intensivos. Aunque es una práctica habitual y recomendada, la aparición de episodios de desorientación y agitación al suspender estos fármacos es muy frecuente, asociándose a una gran angustia familiar y a una recuperación más lenta si no se maneja mediante un acompañamiento estrecho.
Este despertar interfiere tanto en la percepción de la realidad como en la estabilidad emocional del enfermo. El mecanismo principal de esta reacción es una alteración temporal en el funcionamiento de las conexiones cerebrales, provocada por el impacto de la propia enfermedad grave y el efecto residual de los potentes medicamentos para dormir. La prioridad del equipo médico es lograr un nivel de conciencia lo más natural y tranquilo posible, puesto que, si el paciente permanece sumergido en un estado de confusión o agitación prolongada, sus niveles de estrés físico y mental se dispararán, dificultando que pueda colaborar con los respiradores o iniciar su recuperación.
El examen de estos pacientes en fase de despertar exige una observación constante por parte del personal de enfermería. La sospecha de que el enfermo está sufriendo un episodio de desorientación aguda se fundamenta en señales muy claras: incapacidad para prestar atención a órdenes sencillas, movimientos erráticos sin un propósito claro, alucinaciones visuales o cambios bruscos en el comportamiento, pasando de la apatía total a un estado de nerviosismo extremo en cuestión de horas.
Otros datos clave para evaluar el estado mental del paciente se obtienen mediante preguntas sencillas de control diario y observando su capacidad para interactuar con el entorno. En los registros médicos se reflejará si el enfermo logra ubicar dónde se encuentra o si reconoce a sus seres queridos, vigilando al mismo tiempo que el dolor físico esté completamente controlado, ya que el malestar corporal es uno de los principales detonantes que agravan la confusión del cerebro.
Manejar con éxito el despertar y la desorientación en la UCI
Los pilares para manejar con éxito el despertar y la desorientación en la UCI son la reducción al mínimo de los fármacos inductores del sueño, el fomento de la movilidad temprana en la propia cama y la presencia reconfortante de los seres queridos. Para ello, es fundamental mantener un ambiente que respete los ritmos naturales del cuerpo. En cuanto a las medidas prácticas en la cabecera del enfermo, las opciones disponibles consisten en asegurar el uso de sus gafas o audífonos habituales, mantener una iluminación que diferencie claramente el día de la noche y evitar la inmovilización física.
El consenso de los profesionales de cuidados intensivos respalda que la interrupción diaria y programada de la sedación profunda es la mejor estrategia para acortar los días que el paciente necesita respiración asistida. La aplicación de este enfoque protege la salud cerebral y disminuye drásticamente el tiempo de ingreso. En nuestro medio, se intenta mantener al enfermo en un estado donde pueda comunicarse sin sentir dolor ni angustia. La complicación más habitual de esta fase es el miedo de la familia al ver la confusión de su ser querido. Existe mayor riesgo de sufrir secuelas psicológicas a largo plazo cuando el paciente pasa demasiados días completamente aislado de su entorno familiar, por lo que previamente se debe coordinar su acompañamiento y valorar el beneficio de su presencia. La alternativa ante casos de agitación incontrolable dependerá de los recursos del centro, priorizando siempre los estímulos afectivos y el descanso nocturno reparador.
Cuidar el despertar de un paciente crítico es una tarea de alta sensibilidad humana y médica, recomendándose una colaboración estrecha entre el personal sanitario y la familia, así como la protocolización rigurosa de los estímulos que recibe el enfermo.
AUTORES:
Lucas Barros López. Médico Interno Residente en Medicina Intensiva. Hospital Universitario Miguel Servet.
María Barrera Sánchez. Médico Interno Residente en Medicina Intensiva. Hospital Universitario Miguel Servet.
Miriam Royo Álvarez. Médico Adjunto en Medicina Intensiva. Hospital Universitario Miguel Servet.
Laura Martín Sánchez. Médico Adjunto en Medicina Intensiva. Hospital Universitario Miguel Servet.
Irene Sampedro Martín. Médico Adjunto en Medicina Intensiva. Hospital Universitario Miguel Servet.
Marcos Blanco Santoro. Médico Interno Residente en Medicina Intensiva. Hospital Universitario Miguel Servet.
Laura Ventura Prado. Médico Interno Residente en Medicina Intensiva. Hospital Universitario Miguel Servet.
Pilar Gracia Fuertes. Médico Interno Residente en Medicina Intensiva. Hospital Universitario Miguel Servet.
Jaime Rioja Rodríguez. Médico Adjunto en Medicina Interna. Hospital Universitario Miguel Servet.


