Introducción
Cuando se habla de una enfermedad renal muy avanzada, se suele pensar casi de forma automática en la diálisis o el trasplante. Sin embargo, la atención nefrológica actual ha evolucionado hacia un enfoque más individualizado, en el que no solo importa tratar la enfermedad, sino también preservar la autonomía, aliviar los síntomas y tener en cuenta los valores y las prioridades de cada persona. En este contexto, el manejo renal conservador y los cuidados paliativos renales adquieren un papel fundamental como formas de atención centradas en el bienestar y la calidad de vida (1,2).
Para muchos pacientes, la diálisis puede prolongar la vida y ayudar a controlar las complicaciones de la enfermedad renal. Sin embargo, su beneficio no es igual para todos, especialmente en personas con fragilidad importante o múltiples enfermedades asociadas. En estos casos, el manejo renal conservador puede ser una alternativa terapéutica activa, orientada a controlar las complicaciones y los síntomas de la enfermedad y a mantener la mejor calidad de vida posible (2,3).
¿Qué es el manejo renal conservador y por qué es una opción activa?
Optar por un tratamiento conservador no significa “no hacer nada” ni abandonar los cuidados. El manejo renal conservador es un plan integral dirigido a personas con enfermedad renal avanzada que, tras recibir información y valorar su situación junto con el equipo sanitario, deciden no iniciar terapia renal sustitutiva, como la diálisis o el trasplante. Su objetivo es continuar tratando la enfermedad y sus complicaciones, aliviar los síntomas y preservar, en la medida de lo posible, el bienestar y la autonomía (2,3).
El seguimiento médico continúa de forma activa y se centra en varios objetivos: intentar retrasar la progresión de la enfermedad cuando todavía sea posible, tratar complicaciones como la hipertensión, la anemia o la acumulación de líquidos, y aliviar síntomas como el cansancio, el picor, la falta de aire, el dolor, las náuseas o la pérdida de apetito. La alimentación y la medicación también se revisan y adaptan de forma individualizada. Todo ello persigue un objetivo fundamental que es mantener el mayor confort y la mejor calidad de vida posibles (2,4).
¿Quién puede plantearse esta opción?
La decisión entre diálisis y manejo renal conservador debe ser siempre individual. La edad, por sí sola, no determina cuál es la mejor alternativa. También deben tenerse en cuenta la fragilidad—es decir, una menor reserva física y una mayor vulnerabilidad—, la autonomía para las actividades cotidianas, la presencia de otras enfermedades, los síntomas, el pronóstico y, sobre todo, las preferencias y prioridades de cada persona (2,3).
Este enfoque puede ser especialmente relevante en algunos pacientes mayores, frágiles o con varias enfermedades asociadas, en quienes la diálisis puede aportar un beneficio limitado y, al mismo tiempo, suponer desplazamientos frecuentes, procedimientos e ingresos que afectan de forma importante a la vida cotidiana. En otros pacientes, en cambio, la diálisis puede ofrecer un beneficio claro. Por ello, la decisión debe valorar no solo cuánto puede prolongarse la vida, sino también cómo puede afectar cada opción a la autonomía, el bienestar y la calidad de vida, siempre de acuerdo con las prioridades de cada persona (2,3).
Cuidados paliativos renales : un acompañamiento a lo largo de la enfermedad
Los cuidados paliativos renales pueden integrarse de forma progresiva a lo largo de la enfermedad y no están reservados exclusivamente para los últimos días de vida. Su aplicación se adapta a las necesidades de cada persona y cobra especial importancia en fases avanzadas, cuando pueden ayudar a aliviar síntomas, ofrecer apoyo emocional al paciente y a su familia y facilitar la toma de decisiones complejas (1,4).
Su objetivo principal es mejorar la calidad de vida. Para ello, no solo se atienden síntomas físicos que a veces se normalizan o no se comentan en consulta, sino también preocupaciones relacionadas con la pérdida de autonomía, los ingresos frecuentes, el deseo de permanecer en casa o el temor a convertirse en una carga para la familia (1,2).
Muchos de estos cuidados pueden ser proporcionados por los equipos de Nefrología y Atención Primaria. Cuando aparecen síntomas difíciles de controlar, un deterioro funcional rápido o necesidades emocionales, sociales o familiares más complejas, puede ser necesario incorporar el apoyo de profesionales especializados en cuidados paliativos (4,5).
Decisión compartida
Elegir entre diálisis y manejo renal conservador no debería ser una decisión que el paciente afronte solo. La toma de decisiones compartida implica que el equipo sanitario explique de forma clara las distintas opciones, sus posibles beneficios y sus dificultades, mientras que el paciente expresa sus valores, prioridades y preferencias (3).
Es importante mantener estas conversaciones antes de que aparezca una situación urgente. Puede ser útil hablar de cuestiones concretas, como conservar la autonomía, permanecer en casa, evitar hospitalizaciones, controlar el dolor o la falta de aire, compartir tiempo con la familia o intentar prolongar la vida siempre que sea posible. Además, el paciente debe disponer de información comprensible sobre la evolución esperada de su enfermedad y sobre qué puede aportar cada opción en su situación particular (1,3).
Las prioridades pueden cambiar con el tiempo, por lo que las decisiones también pueden revisarse a medida que evoluciona la enfermedad. Lo importante es que el tratamiento elegido sea coherente con la situación clínica y, sobre todo, con aquello que la persona considera más importante para su vida, contando con el apoyo de su familia y del equipo sanitario (1,3).
Conclusión
El manejo renal conservador es una opción terapéutica activa para determinados pacientes con enfermedad renal avanzada. No supone abandonar el tratamiento, sino adaptar los cuidados a la situación clínica y a los objetivos de cada persona. Los cuidados paliativos renales complementan este enfoque al controlar síntomas, apoyar a la familia y facilitar decisiones complejas.
La mejor opción no es la misma para todos. La nefrología actual no debe centrarse únicamente en cifras y resultados analíticos, sino también en la autonomía, el bienestar y las prioridades de cada paciente. Ya sea mediante diálisis o manejo renal conservador, el objetivo es ofrecer una atención que se adapte a la situación y a los valores de cada persona, buscando siempre la mejor calidad de vida posible.
AUTORAS:
Verónica Alexandra Villa Ayala. Médica Adjunta, Hospital Barbastro, Aragón, España.
Luzía Sescún López Royo. Médica Adjunta, Hospital Universitario San Jorge – Huesca, Aragón, España.
BIBLIOGRAFÍA:
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