Úlcera péptica: guía informativa


Laura Almenara Michelena, Itziar Estrella Muelas Rives, Cristina Nicolau Cano, Alba Herranz García, Lydia García Fuentes

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¿Qué es la úlcera péptica y cuáles son sus causas?

La úlcera péptica es una lesión en la mucosa gastrointestinal (estómago o duodeno), que sobrepasa la capa muscular interna (muscularis mucosae) cronificándose debido al efecto erosivo del propio ácido gástrico.

Los dos principales agentes responsables de estas lesiones son:

  1. Infección por Helicobacter pylori: esta bacteria coloniza la mucosa gástrica y es capaz de sobrevivir en ambientes extremadamente ácidos. Su presencia induce una respuesta inflamatoria crónica (gastritis) que destruye progresivamente la barrera protectora de moco, permitiendo que el ácido dañe las células de la pared gástrica.
  2. Consumo de Antiinflamatorios No Esteroideos (AINEs): fármacos de uso común como el ibuprofeno o el naproxeno ejercen un efecto lesivo. A nivel sistémico, bloquean la producción de prostaglandinas, unas moléculas esenciales para mantener el flujo sanguíneo del estómago y la secreción de moco protector.

Más allá de estas causas directas, existen factores individuales y del estilo de vida que elevan la susceptibilidad del paciente, entre los que destacan el tabaquismo o pertenecer al grupo sanguíneo 0.

En términos epidemiológicos, se calcula que la úlcera péptica afecta a entre el 5% y el 10% de la población global, con fluctuaciones según la región geográfica o el grupo étnico analizado. No obstante, este impacto se duplica entre los portadores de H. pylori, alcanzando una prevalencia de entre el 10% y el 20% en este colectivo, con una tasa de incidencia anual que ronda el 1% en los pacientes que presentan esta colonización bacteriana de forma activa.

Síntomas y diagnóstico

El síntoma principal de la úlcera péptica es el dolor o ardor en la boca del estómago (epigastrio). La cronología del dolor nos puede ayudar a orientarnos sobre la localización de la úlcera:

  • En la úlcera gástrica (estómago), el malestar suele aparecer o empeorar poco después de comer debido a la estimulación del ácido.
  • En la úlcera duodenal (intestino delgado), el dolor se presenta a las 2-3 horas de la ingesta y de predominio nocturno, y suele aliviarse temporalmente al ingerir alimentos o antiácidos.

El método definitivo para el diagnóstico es la endoscopia digestiva alta (gastroscopia), un procedimiento que permite visualizar directamente la lesión, valorar su gravedad y tomar muestras de tejido (biopsias). Además, la gastroscopia nos permite detectar la presencia de H. pylori y descartar malignidad (neoplasia).

Complicaciones de la úlcera péptica

El retraso en el diagnóstico o un tratamiento inadecuado pueden derivar en situaciones de gravedad:

  • Hemorragia digestiva: provocada por la erosión de un vaso sanguíneo, manifestándose a través de vómitos con sangre (hematemesis) o deposiciones negras y pastosas (melenas).
  • Perforación: la úlcera atraviesa por completo la pared gástrica o intestinal, causando un dolor abdominal súbito y muy intenso.
  • Estenosis: obstrucción mecánica debida a la inflamación o cicatrización repetida, lo que dificulta el paso de los alimentos a través del tracto gastrointestinal superior.

Tratamiento y erradicación

El abordaje de la úlcera péptica se fundamenta en suprimir la acidez gástrica para permitir la cicatrización y eliminar la causa subyacente.

  • Fármacos antisecretores: los Inhibidores de la Bomba de Protones (IBP), como el omeprazol, pantoprazol o esomeprazol, son el pilar del tratamiento. Bloquean la producción de ácido en el estómago, logrando un ambiente óptimo para que la mucosa se repare.
  • Tratamiento de H. pylori: debido a la resistencia de la bacteria a ciertos antibióticos, actualmente se utilizan pautas combinadas de tres o cuatro fármacos (antibióticos combinados con un IBP) durante 10 a 14 días. Es fundamental confirmar que la bacteria ha sido erradicada tras finalizar el tratamiento mediante un test de control.
  • Manejo de úlceras por AINEs: se requiere la suspensión del antiinflamatorio siempre que sea posible. En pacientes que los necesitan de forma crónica, es fundamental asociar un IBP de forma indefinida, como medida protectora.

Conclusión

En conclusión, la úlcera péptica representa una patología con un notable impacto epidemiológico, cuya aparición está estrechamente ligada a la infección por Helicobacter pylori, el uso de AINEs y diversos factores de riesgo. Comprender su vinculación con la agresión del ácido gástrico sobre la mucosa ha transformado su abordaje clínico, permitiendo que un diagnóstico preciso mediante endoscopia y un tratamiento dirigido no solo logren la cicatrización de la lesión, sino que prevengan de forma eficaz las complicaciones mayores que comprometen la salud del paciente.

AUTORES:

Laura Almenara Michelena. MIR de Aparato Digestivo.

Itziar Estrella Muelas Rives. MIR de Dermatología Médico-Quirúrgica y Venereología.

Cristina Nicolau Cano. Médica Especialista de Medicina Preventiva y Salud Pública.

Alba Herranz García. Médica Adjunta de Psiquiatría.

Lydia García Fuentes. MIR de Urología.

Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.