Alimentos funcionales

Dra. Blanca Martínez de Morentin Aldabe

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Ir a la compra hoy supone mucho más que llenar el carrito con alimentos tradicionales. Leche enriquecida,con ácidos grasos omega-3, con ácido oleico, zumos con vitaminas y minerales, cereales fortificados con fibra… hasta enumerar más de 200 alimentos que están a disposición del consumidor español. Todos ellos aseguran que son beneficiosos para nuestra salud. Son los llamados alimentos funcionales.

En Japón ya están acostumbrados a ellos, y son de consumo habitual desde la década de los ochenta. En Europa y Norteamérica el interés por estos alimentos es más reciente, y se relaciona con una mayor preocupación por la salud y la prevención. El coste sanitario, el incremento de las alergias alimentarias y el envejecimiento de la población también han ayudado a fomentar la investigación y el consumo de este tipo de alimentos y, sobre todo, han influido las evidencias científicas sobre la íntima relación que existe entre dieta y salud. Pero ¿Qué son los alimentos funcionales? Aunque no existe una definición concreta, sí hay acuerdo en que son aquellos que proporcionan un beneficio para la salud, más allá de la estricta nutrición.

No todos estos alimentos son producto de la modificación por medios tecnológicos, ya que también existen alimentos que contienen sustancias beneficiosas y forman parte la dieta mediterránea, como las frutas y verduras, ricas en vitaminas y antioxidantes, que según las evidencias científicas se asocian a una reducción del riesgo de cáncer o de enfermedades cardiovasculares; el aceite de oliva, rico en ácido oleico, un ácido monoinsaturado que reduce el riesgo de enfermedad coronaria, del cáncer de mama y de otras enfermedades; el ajo, con propiedades antioxidantes y otros que podríamos incluir en la lista.

Alimentos modificados

Dentro de los alimentos modificados se encuentran los que eliminan algún componente, como los lácteos desnatados, beneficiosos para las personas con sobrepeso o colesterol; así como los alimentos sin gluten.

En otras ocasiones se incrementa la concentración de un componente, como en el caso de leches enriquecidas en calcio o zumos con mayor aporte de vitamina C. También se puede añadir algún componente beneficioso como los omega-3 o los fitoesteroles.

En los últimos años este tipo de alimentos ha proliferado en las estanterías de los supermercados. Pero, a los consumidores nos surge la duda de si son realmente necesarios.

Conviene dejar claro que estos alimentos no curan ninguna enfermedad, si bien pueden ayudar a disminuir el riesgo de padecer determinadas patologías, pero siempre dentro del marco de una alimentación saludable y un estilo de vida activo. Pueden estar indicados en determinadas etapas de la vida, como el embarazo, la lactancia, la tercera edad, situaciones de carencias nutricionales, problemas de alergia o de intolerancia a algún compuesto de los alimentos o riesgo de padecer enfermedades como diabetes, osteoporosis o dolencias cardiovasculares.

En cualquier caso, es aconsejable que su inclusión en la dieta sea valorada por un profesional. También hay que tener en cuenta quel o deseable es una dieta sana, variada, equilibrada y adaptada a las necesidades de cada individuo, unida al ejercicio físico.

En cuanto a la seguridad e higiene de estos alimentos, deben cumplir las normas establecidas, como cualquier otro tipo de alimento. Pero además están sometidos a normas específicas desarrolladas en los últimos años, tanto en la Unión Europea como en España, que establecen las reglas que deben seguirse para poder decir que un alimento contiene determinadas propiedades saludables – lo que se conoce como “alegación”-. Esta normativa regula la información nutricional de estos alimentos, que debe ponerse de manifiesto en el etiquetado, así como las declaraciones relativas a las propiedades saludables y/o a la reducción del riesgo de enfermedad, siempre basándose en pruebas científicas que lo demuestren, con el fin de evitar fraudes e información confusa para el consumidor.