Cómo proteger a nuestros mayores en verano

Dra. Susana Clemos Matamoros. F.E.A. Medicina Interna. Hospital Reina Sofia de Tudela

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Con la llegada del verano comienzan a subir las temperaturas. El calor intenso es incómodo para la mayoría de las personas, pero para los mayores puede resultar, además, peligroso para la salud.

Con la edad se pierde la habilidad para regular la temperatura corporal. El calor se siente de forma diferente y se transpira menos, de manera que el organismo no puede defenderse de las altas temperaturas tan eficazmente como en la juventud. Además la piel de las personas mayores es más fina y no ofrece tanta protección contra los rayos solares.
Las personas mayores con bastante frecuencia padecen enfermedades crónicas, cardiacas y pulmonares en su mayoría. Los medicamentos para tratarlos (diuréticos, antihipertensivos, broncodilatadores…) también alteran la capacidad del organismo para luchar contra las altas temperaturas.
A su vez, aquellos mayores afectos de enfermedades cognitivas, como la demencia ó lesiones cerebrales secundarias a accidentes cerebro-vasculares, pueden no ser capaces de poner remedio a sensaciones tan básicas como la sed, o incluso de explicar a los demás sus molestias. En algunos casos pueden no llegar a sentir el calor como tal.

¿Cómo reconocer que estamos en problemas y cuáles son los signos de alarma?

Hay síntomas de alarma relacionados con el calor que en ancianos sanos, y más aún, en los frágiles y dependientes, requieren la valoración del personal sanitario.
Dichos síntomas de alarma son:
• El aumento de la temperatura corporal de causa desconocida.
• El cansancio injustificado.
• La somnolencia y aumento de la torpeza.
• Disminución de la cantidad de diuresis (el anciano está orinando menos).
• La dificultad respiratoria.
• Aparición de fiebre en ausencia de clínica infecciosa.

Estas situaciones son de especial riesgo en ancianos que viven solos sin contacto regular con otras personas, ya sean familiares, vecinos o amigos.
Es un deber de la sociedad y de los organismos de asistencia detectar a estos ancianos y ayudarles en sus necesidades básicas.

Consejos a seguir para un buen cuidado de nuestros mayores en verano

1. Beber mucha agua.
Con el calor, el líquido de nuestro cuerpo se pierde mucho más rápido por lo que es esencial beber mucha agua para regenerarlo y mantenernos hidratados.
Las personas mayores en la mayoría de ocasiones no tienen demasiada sed por lo que no piden agua a menudo. Es por eso que el cuidador debe controlar la cantidad de agua que bebe el anciano y cerciorarse de que es la suficiente, invitándole a beber aunque no tenga sed.
2. Usar ropa ligera.
Para conseguir  una mayor comodidad de nuestros ancianos y disminuir la sensación de asfixia a altas temperaturas, es crucial que su ropa sea ligera y transpirable.
Se aconsejan tejidos como lino o algodón que les queden holgados y en caso de tratarse de una camisa con botones, evitar abrochar los botones más cercanos al cuello.
3. Evitar las horas de máximo calor.
Salir a pasear es una buena opción para las personas mayores de cara al buen tiempo, pero es fundamental evitar salir a la calle en las horas de más calor, que normalmente comprenden entre las 12:00 horas y las 17:00 horas.
Independientemente de la hora de salida, hay que cuidar que el anciano se mantenga el máximo tiempo posible a la sombra y cubrir su cabeza con un sombrero o una gorra para mayor protección.
4. Eludir bebidas con cafeína o alcohol.
La cafeína y el alcohol, además de estimular y provocar alteraciones nerviosas en las personas mayores, favorecen la deshidratación. Por eso es tan importante evitar este tipo de bebidas en los ancianos, sobre todo, en verano.
5. Aumentar el consumo de frutas y verduras.
Para la correcta hidratación de nuestros mayores en verano es importante fomentar el consumo de líquidos en la dieta, por lo que es recomendable aumentar las frutas y verduras durante estos meses.
Por el contrario, se aconseja evitar platos que requieran procesos de digestión largos como guisos o caldos a altas temperaturas.
Asimismo, es conveniente para la nutrición del anciano que consuma más pescado que carne.
6. Mantener la casa fresca.
Durante las horas más calurosas del día es más apropiado mantenerse en casa, sin embargo, cuidar la temperatura en el interior también es una tarea necesaria ya que el calor del exterior afecta también a la temperatura del hogar, provocando una sensación de bochorno muy incómoda para el anciano.
Por ello, se aconseja cerrar las ventanas durante estas horas y abrirlas a última hora de la tarde y por la noche, cuando refresca un poco más.
En el caso de tener aire acondicionado, mantener la casa refrigerada es una buena opción pero no se recomienda reducir la temperatura más de 22-24 grados centígrados.
7. Usa protección solar.
La piel de las personas mayores está algo más debilitada por lo que la prevención frente a los efectos del sol adquiere todavía más importancia en ellos.
La utilización de protección solar es imprescindible cuando el anciano sale de casa. Usar como mínimo factor 50.
8. Salir al aire libre.
Dar paseos ayuda a que las personas mayores estiren los músculos y se encuentren más sanos.
Mantener el cuerpo activo asegura una mayor autonomía del anciano y evita caídas inesperadas, reduciendo su miedo a caminar solo.
9. Controlar las horas de sueño.
En verano, las horas de sueño están alteradas. El calor nos hace dormir menos y, por tanto, estar más cansados durante el día.
Evitar este hecho es mucho más importante cuando se trata de personas mayores ya que las horas de sueño para ellos son esenciales para un correcto estado de salud.
Para conseguir controlar las horas de sueño, mantener unos horarios fijos es de gran ayuda. Así como, realizar algo de ejercicio durante el día aumenta el cansancio y la sensación de sueño, ayudándoles a dormir mejor.
10. Vigilar la tensión arterial.
La mayoría de nuestros mayores padecen hipertensión arterial, de modo que es frecuente que tomen mínimo un fármaco hipotensor (si no son varios)
En el verano, con el aumento de las temperaturas, la tensión está algo más baja, de modo que muchos de nuestros mayores podrían padecer bajadas excesivas en relación a la suma del efecto de los fármacos y el efecto hipotensor del calor.
Deberemos vigilar a estos pacientes tratados e incluso reducir la dosis de fármaco si se considera necesario. El calor también altera la tensión, por ello, vigilarla periódicamente ayuda aprevenir efectos negativos en los ancianos.
Disfrutar el verano con nuestros mayores es posible, pero reforzar sus cuidados garantizará su bienestar y su calidad de vida.