Degeneración macular asociada a la edad


Maialen Azpiroz Zabalo. Enfermera del Servicio Navarro de Salud

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La degeneración macular asociada a la edad es una enfermedad progresiva que afecta principalmente a personas mayores de 60 años con factores de riesgo o predisposición genética, causando una pérdida de visión irreversible.

Se considera la principal causa de ceguera a partir de los 55 años de edad en países desarrollados.
La degeneración macular asociada a la edad (DMAE) causa un daño progresivo de la mácula, la parte central y más vital de la retina, lo que conlleva una pérdida gradual de la visión central, en cambio la visión periférica se mantiene normalmente, sin llegar a una ceguera total. La mácula contiene una elevada densidad de células sensibles a la luz, estas células producen las imágenes visuales más nítidas y son las encargadas de la visión central y de los colores.

Factores de riesgo

La causa inicial de la DMAE es desconocida; mejor dicho, es una enfermedad multifactorial; en el que además del envejecimiento, que se considera el factor de riesgo de mayor relevancia y más fuertemente asociado para el desarrollo de la DMAE, existen otros factores de riesgo:
• Factores genéticos.
• Factores de la conducta y estilo de vida: tabaquismo, alcohol, obesidad, exposición a la luz solar, medicamentos, dieta baja en ácidos grasos omega-3 y en verduras de hoja de verde oscuro.
• Factores cardiovasculares: hipertensión, niveles de colesterol elevados, diabetes y enfermedades cardiovasculares.
• Factores sociodemográficos: edad, raza caucásica, sexo femenino y bajos ingresos económicos.

Síntomas

• Metamorfopsia: líneas rectas que se ven torcidas, onduladas o irregulares.
• Pérdida de visión central: dificultad para ver detalles, leer o reconocer caras.
• Mancha negra o borrosa en el centro de la visión que no cambia.
• Colores menos intensos.
• Necesidad de más luz.

La DMAE puede presentarse de dos formas:

• Degeneración macular seca: la DMAE seca también conocida como atrófica o no exudativa, es la más común, aproximadamente el 80% de las personas que padecen DMAE tienen este tipo. La DMAE seca se caracteriza por una atrofia macular de progresión lenta y gradual, mediante la aparición de pequeños depósitos amarillentos llamados drusas (acúmulos de desechos celulares compuestos por lípidos y proteínas) y por el adelgazamiento y fragilidad de los vasos sanguíneos de la mácula.

• Degeneración macular húmeda: la DMAE húmeda, a veces llamada neovascular o exudativa, es la forma menos frecuente, pero mucho más grave y rápida; debido a la formación de hemorragias y derrames entre las capas de la retina. Las hemorragias se producen por el sangrado de pequeños vasos anormales que invaden la retina, lo que provoca la destrucción de la estructura de la mácula por formación de cicatrices.

Tratamiento para la DMAE

Actualmente, los tratamientos existentes para la DMAE son solo para frenar la pérdida visual, no para devolverla, de ahí la enorme importancia del diagnóstico precoz.
El tratamiento de la DMAE seca está enfocado en suplementos vitamínicos, cambios en el estilo de vida y en casos específicos la inyección de medicación intravítrea o terapia de fotobiomodulación (para estimular la función y metabolismo de células retinianas).
En cambio, el tratamiento más utilizado para la DMAE húmeda son las inyecciones intravítreas anti-VEGF, que bloquean la formación de nuevos vasos sanguíneos anormales y la filtración de líquido bajo la retina, consiguiendo así detener la progresión de la enfermedad, e incluso recuperar parcialmente la visión.
La DMAE provoca cambios en la visión gradualmente, por ello es posible no notar los cambios cuando se producen. Pero es necesario identificarlos lo antes posible; tratarlos de manera temprana puede ayudar a desacelerar o detener la pérdida de la visión.
De esta forma, además de cumplir con las revisiones oftalmológicas de manera rutinaria, una herramienta accesible para hacer un seguimiento en casa es “la rejilla de Amsler”.

Rejilla de Amsler

Este es un cuadrado simple, que contiene un patrón de cuadricula con un punto en medio al que hay que mirar con un ojo descubierto, observando así si las líneas laterales se mantienen rectas o si alguna línea se ve borrosa u ondulada. Después se realizan los mismos pasos con el otro ojo. Es importante ponerse en contacto con el oftalmólogo en caso de ver alguna de esas alteraciones en las líneas.

AUTORA:

Maialen Azpiroz Zabalo. Enfermera del Servicio Navarro de Salud