Errores y controversias en nutrición y alimentación

Dra. Elena Castellar Otín Especialista en Medicina Interna. Máster en Nutrición y Planificación Dietética. Hospital de Barbastro

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Los tópicos, mitos, errores y controversias en nutrición han sido frecuentes a lo largo de la historia, dado que el tema interesa y se aborda con desconocimiento. El control de peso es un tema que preocupa especialmente a un elevado porcentaje de la población. Entre la población circulan muchas ideas en relación con la nutrición que se consideran realidades probadas y que, sin embargo, no han sido demostradas científicamente.

Es frecuente que se agrupen los alimentos en buenos o malos, que engordan o adelgazan, si son útiles o perjudiciales para la salud cardiovascular, etc. Pero la nutrición es una ciencia compleja, en la que cualquier simplificación puede ser un error.
Dado que la nutrición correcta es importante para conseguir tanto una salud óptima, como una capacidad funcional satisfactoria, conocer los tópicos en nutrición, y luchar contra ellos, puede contribuir a mejorar la salud y calidad de vida de los individuos, y de la población en general.

¿Los alimentos son buenos o malos?

La clasificación de los alimentos en buenos o malos es una práctica frecuente, y muy equivocada, dado que ningún alimento puede considerarse perfecto, pues ninguno tiene todos los nutrientes que necesitamos, y ningún alimento puede ser considerado perjudicial a priori, ya que cualquier producto tomado en cantidades moderadas es aceptable, sólo se pueden juzgar las dietas de forma global, no los alimentos por separado.
En el momento actual, hay corrientes que “mitifican” algunos alimentos como beneficiosos para la salud y la longevidad (miel, jalea real, ajos, etc) sin que haya datos científicos que avalen esas creencias cada vez más extendidas. Mientras que otros alimentos, como hamburguesas o Fast-food con señalados como “peligrosos”. Otros, como la leche, se llegan a considerar innecesarios una vez pasada la primera infancia, sin embargo su eliminación de la dieta puede suponer un riesgo nutricional claro en algunas personas. Basta con navegar un poco por Internet o escuchar algunos programas de televisión para ver que se ha llegado a decir que la lechuga disminuye el colesterol, que el limón destruye los glóbulos rojos, que la falta de calcio provoca manchas en las uñas, o incluso que las nueces son buenas para el cerebro porque su aspecto recuerda a dicho órgano. Ninguna de estas afirmaciones pueden ser demostradas científicamente.

Valor nutricional de los alimentos

En relación al valor nutricional de los alimentos también existen muchos tópicos. Por ejemplo, que las espinacas son la mejor fuente de hierro; sí, contienen mucho hierro, pero de peor utilización que el hierro de origen animal, y además su contenido en oxalatos dificulta la propia absorción del hierro.
Se cree que los cítricos son las mejores fuentes en vitamina C, pero algunos alimentos como las fresas contienen mayor cantidad de esta vitamina que los cítricos.
El azúcar refinado tiene peor “fama” que la miel o el azúcar moreno, cuando se trata en todos los casos de edulcorantes con gran cantidad de calorías, que deben tomarse siempre con moderación, y la variación de nutrientes entre ellos no merece la pena pensar en diferencias.
Otro tópico es el pensar que los aditivos utilizados en el procesado de los alimentos son peligrosos. Recientes investigaciones de marketing revelan que los consumidores continúan estando muy preocupados por los aditivos. Sin embargo, la mayor parte de los productos, añadidos a los alimentos, son sometidos a controles incluso más rigurosos que los de los propios alimentos naturales. Por ello, en general la utilización de aditivos autorizados es positiva, y se pueden tomar sin miedo.

Los alimentos no engordan ni adelgazan

El concepto de “balance energético” puede ser comprendido por casi todo el mundo. Es lógico pensar que si comemos más de lo que gastamos, el balance será positivo: es decir, ganaremos peso. Pese a ello, cuando se trata de conseguir un descenso de peso, la gente busca productos o alimentos “milagrosos”, que en casi todos los casos no se sustentan con rigor científico.
Algunos productos tienen una “mala fama” injustificada. Por ejemplo, el pan, la pasta o la carne son algunos de los alimentos que más frecuentemente la gente elimina cuando sigue una dieta de adelgazamiento. Conseguir pérdidas de peso importantes en poco tiempo es ficticio, porque se pierde glucógeno y agua, y se asocia no sólo a riesgo sanitario sino también a una recuperación casi segura de peso posterior.
Respecto al momento del día en que comemos los alimentos, también existen mitos como que “la fruta tomada en el postre engorda más”, pero no hay ningún fundamento científico que avale esta afirmación. Es más, si no tomamos fruta de postre, y tampoco en otro momento del día, se verá seriamente reducida la cantidad de vitaminas ingeridas.
Las dietas disociadas, por poner otro ejemplo, surgieron en principio pensando que el aparato digestivo no podía digerir algunas mezclas de alimentos, pero pronto se comprobó que esto no era cierto. Es más, ningún alimento contiene sólo un tipo de nutriente; por ejemplo, el pan, aunque su composición sea básicamente hidrato de carbono, también tiene proteínas, grasas e incluso minerales. Y la carne, tampoco es “pura proteína”, también contiene otros nutrientes. De manera que cabe pensar que el aparato digestivo está preparado para digerir todos los nutrientes a la vez.
Nuestros ancestros ya sabían que “lo único que no te engorda es lo que dejas en el plato”.

Alimentos “buenos” para el corazón

Los condicionantes de las enfermedades cardiovasculares son muy variados, pero se ha prestado en los últimos años mucha atención al control del colesterol sanguíneo, y es un error centrarlo en el temor a los alimentos que aportan colesterol. Las personas necesitamos colesterol, es fundamental para nuestra regulación hormonal entre otras funciones. Lo correcto es vigilar la ingesta total de colesterol, y no el consumo de alimentos concretos. Considerar que las grasa vegetales son mejores que las grasas animales, por ejemplo, es un error muy extendido. Las grasas vegetales pueden ser tanto o más aterogénicas que las animales.

Consejos prudentes

• No hay alimentos buenos ni malos, se debe pensar en cantidades correctas o excesivas.
• Es conveniente seguir las pautas de un experto de nutrición, porque la Nutrición es una ciencia. Los mensajes emitidos por radio, televisión o revistas deberían ser contrastados con expertos en la materia.
• La educación nutricional debería comenzar en las escuelas, e impregnar a toda la comunidad si queremos que se produzcan cambios en el futuro.
• Siempre que queramos intentar perder peso, debemos pensar en aquellos hábitos, que no dieta, que podamos mantener en el tiempo. Todas aquellas dietas que nos hagan conseguir un resultado rápido, pero no se puedan mantener en el tiempo, nos conducirán a un fracaso seguro.
• Intentar mantener hábitos saludables, junto con la mentalidad de realizar ejercicio físico, son las bases del éxito.