La convulsión febril


Isabel Gordo Baztán. Médica Adjunta en Urgencias del Servicio de Pediatría. Hospital Universitario de Navarra. María Erroz Ferrer. Médica Adjunta en Urgencias del Servicio de Pediatría. Hospital Universitario de Navarra. Andrea Alonso Marín. MIR del Servicio de Pediatría. Hospital Universitario de Navarra

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Pocos momentos asustan más a una familia que ver a su hijo con fiebre que, de repente, pierde la conciencia y comienza a tener movimientos bruscos del cuerpo. Lo primero que hay que saber es que, aunque impresione mucho, la mayoría de las convulsiones febriles son benignas y no dejan secuelas.

Una convulsión febril ocurre cuando un niño, generalmente entre los 6 meses y los 5 años, tiene una crisis convulsiva coincidiendo con un episodio de fiebre alta. Se debe a que el cerebro infantil es más sensible a los cambios bruscos de temperatura. No está causada por la fiebre en sí, sino por la rapidez con que la temperatura sube.
Durante la crisis, el niño puede perder el conocimiento, ponerse rígido o hacer movimientos involuntarios de brazos y piernas. A veces, los labios se ponen morados y puede haber pérdida de orina. La mayoría de las crisis duran menos de 5 minutos y terminan por sí solas. Tras el episodio, el niño suele estar somnoliento o desorientado unos minutos, pero luego se recupera por completo.

Qué hacer ante una convulsión febril

1. Mantén la calma y coloca al niño de lado, en un lugar seguro, sin objetos cerca que puedan golpearle.
2. No metas nada en la boca ni intentes sujetarle los movimientos.
3. Observa cuánto dura la crisis. Si supera los 5 minutos o se repite, llama al 112 o acude al hospital.
4. Una vez que termine, acude a un profesional sanitario para valorar la causa de la fiebre.

Cuándo acudir al hospital

• Si la convulsión dura más de 5 minutos.
• Si el niño tiene dificultad para respirar, no se recupera bien o presenta rigidez prolongada.
• Si es la primera vez que ocurre.
• Si tiene menos de 6 meses o más de 5 años.
• Si hay signos de infección grave (rigidez de cuello, manchas en la piel, somnolencia intensa).

Las convulsiones febriles son un episodio angustiante, pero en la mayoría de los casos no implican epilepsia ni daños cerebrales. La mejor prevención es controlar la fiebre con medidas físicas y antitérmicos, y mantener la calma sabiendo qué hacer si vuelve a suceder.

AUTORAS

Isabel Gordo Baztán. Médica Adjunta en Urgencias del Servicio de Pediatría. Hospital Universitario de Navarra.
María Erroz Ferrer. Médica Adjunta en Urgencias del Servicio de Pediatría. Hospital Universitario de Navarra.
Andrea Alonso Marín. MIR del Servicio de Pediatría. Hospital Universitario de Navarra