Lactancia materna: la alimentación del recién nacido

Helena Vicente García. Dietista-Nutricionista. Colegiada NA00005

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Durante los primeros seis meses de vida, el mejor alimento que podemos ofrecer a nuestro bebé es la leche materna. Esta es la recomendación que dan entidades como la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría y asociaciones de peso en temas de lactancia, expresando que la lactancia materna es la manera normal y natural de alimentación y debe ser el método de elección para alimentar a todos los bebés de manera exclusiva durante los seis primeros meses de vida.

A pesar de que la leche materna es el único alimento que toma el niño en esta etapa, cubre todas la necesidades de energía y nutrientes que necesita el bebé para un óptimo crecimiento y desarrollo, adaptándose a éste en cada momento. Para que así sea, la lactancia materna debe ser exclusiva y a demanda.

Composición de la leche materna

La leche materna se comporta como un fluido vivo y cambiante según los requerimientos del niño, modificándose así, tanto en composición como en volumen en función de las necesidades. Esta regulación la lleva a cabo sobre todo la demanda del niño y la succión que éste efectúe sobre las glándulas mamarias. Una mayor succión aumenta los niveles de prolactina y la secreción láctea de la madre, es decir, a mayor succión mayor producción de leche.
De aquí, que sea un alimento superior frente a los sucedáneos de la leche materna pues varia su composición a lo largo de la lactancia, a lo largo del día e incluso varia a lo largo de la toma.
Podemos encontrar diferentes tipos de leche producidas por la glándula mamaria:
• Calostro: fluido amarillento y espeso, rico en proteínas, vitaminas liposolubles (E, A, K) y minerales como zinc, hierro, selenio, manganeso y azufre. También tiene un elevado contenido en inmunoglobulinas (IgA) entre otros factores defensivos que protegen al bebé. Su producción dura unos 4 días tras el parto.
• Leche de transición: es la que se produce entre los días 4 y 15 tras el parto. Su volumen y composición irá cambiando hasta alcanzar la composición de la leche madura.
• Leche madura: es un alimento completo ya que contiene agua (88%); proteínas en cantidad adecuada para el crecimiento óptimo del niño, con una fuente importante de aminoácidos esenciales; hidratos de carbono, con la lactosa como principal azúcar; grasas, en una proporción elevada (40-50%) ya que será la principal fuente de energía del bebé. También contiene todos los minerales y vitaminas que el niño necesita.

En cuanto a la relación entre la alimentación de la madre y la composición de la leche, existe una correlación en las cantidades de vitaminas, que variarán en función de la ingesta de la madre y en la calidad de los ácidos grasos, sobre todo por la ingesta de ácidos grasos esenciales. También puede verse afectada la cantidad de yodo y flúor en la leche dependiendo de la ingesta materna.
El resto de nutrientes mantienen unos niveles constantes en la leche materna independientemente de la ingesta de la madre.
La cantidad de líquidos ingeridos por la madre no influye en el volumen de la leche, aunque las mujeres suelen sentir más sed durante la lactancia.

Beneficios de la lactancia materna

Los beneficios tanto para el bebé como para la madre que amamanta son:
• Alimento inocuo, asequible y fácil de conseguir.
• Se adapta a las necesidades de cada momento.
• Contiene componentes inmunológicos.
• Es de fácil digestión.
• Presenta una baja carga de solutos.
• Reduce el riesgo de presentar síndrome de muerte súbita.
• Propicia una buena salud durante toda la vida a los niños.
• Mejores resultados en pruebas de inteligencia en adolescentes y adultos que fueron amamantados.
• Ayuda a reducir la hemorragia postparto.
• Favorece la involución del útero de la madre.
• Ayuda a la madre a recuperar más rápido su peso normal.
• Reduce el riesgo de cáncer de mama y de ovario en el futuro.
• Crea un vínculo afectivo madre e hijo.