Medidas no farmacológicas para reducción del dolor durante técnicas de enfermería invasivas en Pediatría


Paula Manero Montañés, Cristina Genzor Ríos, María Cristina Lopez Vidal, Ana Isabel Lorda Cobos, Raquel Lacambra Morella y Sandra Tundidor Sebastián

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A lo largo de los años ha existido la falsa creencia de que los recién nacidos apenas sentían dolor debido a su inmadurez biológica y su incapacidad para comunicar sensaciones dolorosas. Por ello, se producía un inexistente tratamiento del dolor durante la realización de técnicas invasivas como pueden ser la venopunción y la vacunación, lo que tenía efectos a corto y largo plazo en el lactante. Actualmente se conoce que, durante la gestación, antes de las 28 semanas, el feto desarrolla todos los componentes necesarios para sentir el dolor y responder ante él.

Conforme los niños crecen, los procedimientos invasivos con agujas se convierten en una de las principales causas de miedo y dolor cuando acuden a los servicios sanitarios ya que, antes de los 18 años, un niño sano puede recibir entre 20 y 30 punciones solamente en inmunizaciones. Un tratamiento inadecuado de este dolor y las experiencias negativas previas puede derivar en un miedo irracional a las agujas y una gran ansiedad en el niño, que puede persistir en su etapa adulta, pudiendo ser una causa de falta de adherencia a los tratamientos médicos o del incumplimiento de las inmunizaciones programadas.
Para el alivio del dolor en niños a los que se les vaya a realizar técnicas invasivas con agujas existen medidas farmacológicas y no farmacológicas. En este artículo nos centraremos en las diferentes estrategias no farmacológicas a utilizar, desde el recién nacido hasta la adolescencia.

Recién nacido y lactante

• Lactancia materna: el amamantamiento se sitúa como el mejor método para disminución del dolor debido al efecto analgésico de la leche materna y el contacto piel con piel del lactante con su madre. Este contacto le confiere al bebé seguridad y consuelo, siendo también por sí mismo una estrategia analgésica. Es sencillo de realizar y efectivo, sin embargo, en ocasiones no es el elegido por los profesionales de salud debido a una falta de tiempo o desconocimiento.
•Administración oral de sacarosa (Sacarosa al 24%): su mecanismo de acción se debe a la liberación de opioides endógenos lo que reduce el estrés y el dolor. Está recomendado hasta los 18 meses de edad. Se administra por vía oral, aproximadamente dos minutos antes de los procedimientos dolorosos. En cuanto a la cantidad a administrar será de 1 a 2 mililitros en recién nacidos a término o más de 2500 gramos; en nacidos pretérmino mayores de 1500 gramos será 0,2 mililitros; entre 1000 y 1500 gramos 0,1 mililitros y en prematuros menores de 1000 gramos 0,5 mililitros.
• Succión no nutritiva: reduce la respuesta fisiológica al estimulo doloroso, para este fin podemos utilizar el chupete, el seno materno con fines no nutritivos o la succión digital.
• Medidas de posición y táctiles: como envolver al bebé antes y durante la realización de procedimientos dolorosos o utilizar los brazos de sus padres, facilitan su relajación y
disminuyen sus niveles de estrés. También pueden ser útiles el masaje al bebe o el balanceo.
• Medidas ambientales: además debemos tener en cuenta este tipo de medidas en la realización de técnicas dolorosas o durante las manipulaciones. Por ejemplo, utilizar una voz suave, evitar fuertes estímulos sonoros o lumínicos o agrupar las tareas que vayamos a realizar.

Niños a partir de 2 años hasta la adolescencia

• Preparación e información, evitar mentir: no se recomienda la utilización de frases como “no te hará daño”, “no va a doler”, “no te voy a pinchar” o “no te preocupes” ya que no son eficaces en la reducción del dolor y el niño puede sentirse engañado.
• Técnicas de distracción: como pueden ser leer, contar una historia, escuchar música ver dibujos animados u ofrecerle algún juguete. Cuando el niño es capaz, podemos seguir con él una conversación como distracción, tanto los profesionales como sus padres.
• Control de la respiración y soplar: se recomienda la realización de respiraciones lentas y profundas, así como soplar en el momento de la punción. Además, podemos ayudarnos de juguetes como puede ser un molinillo a la hora de soplar para aumentar la distracción del niño o hacerles imaginar algo, como por ejemplo unas velas de cumpleaños.
• Vibración/Enfriamiento de la piel: existen dispositivos que combinan el enfriamiento de la piel con la vibración, como por ejemplo el Buzzy®, con forma de abeja cuyo cuerpo vibra, con alas de gel frío. Este dispositivo se coloca 30 segundos previos a la punción, entre 5 y 10 cm por encima de la zona seleccionada, y continua activa vibrando, presionada contra la piel hasta el finalizar la técnica. También pueden utilizarse compresas o gasas frías con este fin, sin embargo, no existe gran evidencia a favor o en contra del enfriamiento de la piel como medida analgésica.
Debido a sus grandes ventajas como son un bajo coste, rápida actuación, facilidad de manejo, su falta de efectos adversos y su utilidad en el manejo, no solo del dolor, si no de la ansiedad tanto en el niño como en sus padres, las medidas no farmacológicas son cada vez más recomendados para prevenir el dolor infantil ante técnicas invasivas.

AUTORES

Paula Manero Montañés, Cristina Genzor Ríos, María Cristina Lopez Vidal y Ana Isabel Lorda Cobos. Enfermeras especialistas en Pediatría. Hospital Miguel Servet de Zaragoza.
Raquel Lacambra Morella. Enfermera Residente de Salud Mental. Hospital Royo Villanova de Zaragoza.
Sandra Tundidor Sebastián. Residente de Enfermería Pediátrica. Hospital Miguel Servet de Zaragoza.