Cada vez es más común ver a niños pequeños con una tableta o un móvil entre las manos. Las pantallas están en todas partes: sirven para jugar, aprender o comunicarse. Pero muchas familias se preguntan: ¿cuánto tiempo es adecuado? ¿Pueden afectar al desarrollo?
Los pediatras coinciden en que las pantallas no son “malas” por sí mismas, pero su uso debe ser equilibrado y acompañado por un adulto.
En los primeros años de vida, los niños aprenden sobre todo a través del juego, el movimiento y la interacción con otras personas. Mirar, hablar, tocar y explorar el entorno real estimula mucho más su cerebro que cualquier contenido digital.
Según las últimas actualizaciones de la AEP (Asociación Española de Pediatría), se recomienda evitar las pantallas antes de los seis años. Así, el uso de un teléfono para premiar o distraer a niños de 1 a 4 años provoca que los niños exijan los dispositivos para calmarse y se frustren si se les niega. Como excepción y bajo supervisión del adulto, se puede usar para el contacto social con un objetivo concreto. Por ejemplo, que la persona que está al otro lado de la pantalla le cuente un cuento o le cante una canción.
A partir de los seis años, pueden utilizarse en momentos concretos, con contenidos adecuados y durante menos de una hora al día (incluyendo el tiempo escolar y los deberes), siempre con la presencia de un adulto que acompañe y converse sobre lo que están viendo. Sería conveniente pactar límites claros previamente tanto en tiempo como en contenidos adaptados a la edad.
Vínculo con las personas
En los niños mayores, lo más importante no es solo el tiempo frente a la pantalla, sino el equilibrio con otras actividades: jugar al aire libre, leer, dormir bien, pasar tiempo en familia y tener momentos sin tecnología.
En adolescentes a los cuales se permite el acceso a dispositivos, es recomendable instalar herramientas de control parental, se debe priorizar el uso de teléfonos sin accesos a internet, retrasando así la edad del primer móvil inteligente.
El impacto del uso excesivo de pantallas en la infancia y adolescencia afecta a diversas áreas relacionadas con la salud y el bienestar, como pueden ser alteraciones en el sueño, tendencia al sedentarismo, se ha relacionado el tiempo aumentado frente al televisor con una dieta menos saludable, etc… Todo ello favorece el estado depresivo, las alteraciones de conducta, la disminución de la autoestima y la alteración del desarrollo cerebral.
También los adultos tenemos un papel fundamental como ejemplo. Si dejamos el móvil a un lado durante las comidas o al hablar con nuestros hijos, les enseñamos que lo más importante sigue siendo la atención y el vínculo con las personas. Además, se ha relacionado el tiempo de pantallas de los progenitores con la frecuencia de rabietas en sus hijos para llamar su atención.
Las pantallas pueden ser una herramienta útil, pero no deben sustituir el juego, la conversación, ni el afecto. Acompañar a nuestros hijos en el mundo digital significa enseñarles a usar la tecnología con sentido, cuidando siempre lo más valioso: su bienestar y su curiosidad por la vida real.
AUTORAS
Isabel Gordo Baztán. Médica Adjunta en Urgencias del Servicio de Pediatría. Hospital Universitario de Navarra.
Andrea Alonso Marín. MIR del Servicio de Pediatría. Hospital Universitario de Navarra.
María Erroz Ferrer. Médica Adjunta en Urgencias del Servicio de Pediatría. Hospital Universitario de Navarra


