Pie diabético

Loreto Ibor Serrano, María Marín Ibáñez, Loreto Abardia Tosat y Ana Blanca Sousa Bernués. Enfermeras. Servicio de Medicina Intensiva. Hospital San Jorge. Huesca. Paula Omedas Bonafonte. Médico Servicio Medicina Intensiva. Hospital San Jorge. Huesca

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La diabetes mellitus es un proceso crónico que aparece cuando el páncreas no produce suficiente insulina o cuando el organismo no utiliza eficazmente la insulina que genera. La diabetes es una enfermedad de carácter crónico que afecta a un 4% de la población española.

Los pies son una de las partes del cuerpo que puede verse más afectadas por esta enfermedad, dando lugar a lo que se conoce como “pie diabético”.
En un número importante de diabéticos crónicos aparecen en sus pies lesiones caracterizadas por trastornos tróficos en la piel. Se estima que la mitad de las amputaciones de los miembros inferiores en el mundo se producen en personas diabéticas, siendo la diabetes la primera causa de amputación no traumática en los países desarrollados. El 15% de los pacientes con diabetes desarrollaran una úlcera a lo largo de su vida.

¿Qué es el pie diabético?

El pie diabético se define como la infección, ulceración o destrucción de los tejidos profundos del pie, asociados a neuropatía y/o enfermedad vascular periférica de diferente magnitud, en las extremidades inferiores de los pacientes con diabetes mellitus. Se produce debido a una alteración clínica por mantener unos niveles de glucosa más elevados de lo habitual.

¿Qué sintomatología tiene?

Los signos y síntomas de un paciente con pie diabético varían en función de las complicaciones que presenten.
La neuropatía diabética afecta a diferentes tipos de fibras nerviosas (sensitiva, motora y autónoma). Los principales síntomas son:
• Pérdida de la percepción ante estímulos dolorosos, presiones excesivas, cambios de temperatura y propiocepción del pie.
• Atrofia y debilidad de la musculatura de la extremidad inferior. Lo que produce deformidades de los pies y aumento de las presiones en determinadas zonas del pie.
• Sequedad de los pies, dejando la piel más frágil y con tendencia a agrietarse.
• Edemas y distensiones vasculares.

La enfermedad vascular periférica produce alteraciones del trofismo del pie, que hacen que la piel sea más sensible al estrés biomecánico, dificultando la cicatrización y alterando los mecanismos de defensa inmunitarios. Esta enfermedad macrovascular produce como principal complicación la isquemia crónica del miembro inferior, la cual supone una disminución progresiva del aporte sanguíneo y consecuentemente la disminución de oxígeno a los tejidos del miembro inferior. Entre los principales síntomas destacan:
• Claudicación intermitente: Es la llamada “enfermedad del escaparate”, produciendo dolor con la deambulación y obligando al paciente a pararse, llegando incluso a ser invalidante.
• Dolor en reposo: es típicamente nocturno, que requiere de dosis superiores de analgésicos a lo habitual y que suele preceder a la aparición de lesiones tróficas.
• Lesiones tróficas: Son lesiones en zonas de presión, localizadas en los dedos y en el talón del pie y que van ligadas a signos inflamatorios por infecciones asociadas.
• Cambios en la coloración de la piel del pie.
• Trofismo de la piel: Piel seca, fina, con ausencia de vello, uñas engrosadas y atrofia de la grasa plantar del pie.

¿Qué puedo hacer para prevenir las úlceras?  

• Realizar el cribaje neuropático y vasculopático: Se recomienda realizar una vez al año el cribaje neuropático y vasculopático para comprobar el estado y la evolución de la enfermedad. Destacar que, en pacientes de riesgo, es recomendable hacerlo cada seis meses.
• Observa a diario el pie: Es aconsejable que todos los días se observe con detenimiento los pies prestando especial atención a la punta del dedo gordo, al resto de dedos sobre todo por la parte de abajo, al talón y a la planta sin olvidar tampoco la zona exterior del pie. Si aparece alguna rozadura, herida o enrojecimiento lo ideal es acudir a un especialista.
• Cuidado al cortar las uñas: el corte debe ser recto utilizando un cortaúñas o un alicate recto, e intentando no dejar nunca esquinas ya que esto nos puede generar una lesión en la piel. En pacientes con diabetes, una pequeña herida a la que podríamos no darle importancia puede ser el punto de partida de una posible infección.
• Presta especial atención a la higiene: En un paciente diabético es importante lavar todos los días los pies y mantenerlos muy limpios. Es recomendable hacerlo con agua tibia y jabón. Cabe recordar que muchos pacientes no tienen sensibilidad en esta parte del cuerpo y no sentir el agua demasiado caliente puede generarle una quemadura. Por este motivo, también se tiene que evitar calentar los pies con bolsas de agua o colocarlos cerca de estufas y radiadores. Secar bien los pies también será fundamental al igual que hidratarlos con cremas específicas y cuidarlos para evitar la aparición de callosidades o durezas.
• Elegir un buen calzado:
∆ Escoger un calzado que no oprima ni desajuste y sea ligero.
∆ La pala debe ser amplia y alta (licra preferentemente).
∆ El interior no debe llevar costuras.
∆ La suela tiene que ser de goma y antideslizante.
∆ El tacón debe tener 2 o 3 centímetros.
∆ Calzado acordonado.
∆ Contrafuerte semirrígido.
∆ Los materiales del corte del calzado deben ser traspirables como la piel.
∆ Es recomendable revisar su interior todos los días ya que una pequeña piedra, por ejemplo, puede causar una herida.
∆ Si se estrena calzado, intentar llevarlo por la tarde y menos de una hora al día. Además, nunca caminar descalzos sino con unas zapatillas cómodas.