Profilaxis antibiótica en el paciente quirúrgico

Marta Aguado Sevilla. FEA Anestesiología y Reanimación. Complejo Hospitalario de Navarra. Guillermo Napal Ongay. FEA Anestesiología y Reanimación. Hospital García Orcoyen. Estella. Rubén Goñi Robledo. FEA Traumatología y Ortopedia. Complejo Hospitalario de Navarra

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Una de las principales causas de morbimortalidad hospitalaria es la infección nosocomial postquirúrgica. Por ello está aceptado el uso adecuado de antibióticos en la profilaxis quirúrgica y disminuye de forma significativa infecciones, especialmente de la herida quirúrgica.

Además de los beneficios debemos considerar los riesgos inherentes por el uso de antimicrobianos como pueden ser las reacciones tóxicas y alérgicas, la aparición de bacterias multirresistentes… Aparte de incrementar el gasto hospitalario y de crear una falsa sensación de seguridad en la práctica quirúrgica.
Debemos tener en cuenta que en ningún caso la profilaxis antibiótica sustituye la calidad del acto operatorio ni permite que nos relajemos en las técnicas de asepsia y una estricta disciplina.

Finalidad y administración de la profilaxis antibiótica

Por la tanto, la finalidad de la profilaxis antibiótica es mantener una concentración sérica elevada; consecuentemente, se debe administrar durante el periodo preoperatorio. El momento más adecuado es el preoperatorio inmediato, media hora antes de la incisión inicial, que suele coincidir con el periodo de la inducción anestésica. La vía de elección para la administración es la intravenosa.
A veces una sola dosis de antibiótico en el preoperatorio inmediato suele ser suficiente. El antimicrobiano debe cubrir el periodo perioperatorio y en un tiempo que no debería ser superior las 4 horas postoperatorias, es el tiempo considerado crítico a efectos de la infección de la herida quirúrgica.
Existen excepciones en las que se debe administrar una segunda dosis (mientras dure la intervención) a intervalos de dos veces la vida media del antibiótico empleado, por ejemplo esto ocurre en: intervenciones largas, pérdidas masivas de sangre (más de un litro) y retraso en la intervención.
En la mayoría de los casos en los que está indicada la profilaxis antibiótica, existe un consenso para el uso de una cefalosporina de primera o de segunda generación. En la cirugía de colon o ginecológica sería aconsejable elegir una cefalosporina con actividad anaeróbica o la asociación con Amoxicilina- Clavulánico. En el supuesto caso de alergia a betalactámicos o antecedentes de infección o colonización por Staphylococcus aureus resistente a meticilina, deberíamos utilizar teicoplanina o vancomicina. Por otro lado en el caso de que estemos ante una cirugía contaminada o potencialmente contaminada se puede considerar la asociación con clindamicina.
Para finalizar, algo que nunca debemos olvidar en quirófano, es comprobar, que los enfermos que van a ser sometidos a una intervención quirúrgica, han recibido su dosis de profilaxis antibiótica correspondiente.