Restaurando el equilibrio intestinal: el papel del trasplante fecal


Ainara Baines García. Médica Adjunta de Aparato Digestivo. Hospital Reina Sofía de Tudela. Paola Navarro Lago. Médica Adjunta de Anestesiología y Reanimación. Hospital Reina Sofía de Tudela. Edurne Ramírez del Arco. Técnica Auxiliar de Cuidados en Enfermería. Hospital Reina Sofía de Tudela

Print Friendly, PDF & Email
En los últimos años, el trasplante de microbiota fecal (TMF) ha dejado de ser un concepto tabú para convertirse en una herramienta terapéutica prometedora en el campo de la medicina. Aunque su nombre puede causar rechazo, el procedimiento tiene una base científica sólida y está demostrando múltiples beneficios.

¿En qué consiste?

El TMF consiste en transferir microorganismos intestinales de una persona sana a otra que presenta disbiosis: alteración del equilibrio de su flora intestinal, también conocida como microbiota. Esta técnica busca restaurar una microbiota sana, que cumpla funciones esenciales en procesos como la digestión, el metabolismo y la inmunidad.

Descripción del proceso

El proceso comienza con la selección rigurosa de un donante sano, que debe pasar pruebas exhaustivas para descartar infecciones, enfermedades crónicas o factores de riesgo que pudieran comprometer al receptor. Una vez aprobado, el donante entrega una muestra fresca de heces, que se procesa en un laboratorio especializado. Las heces se diluyen con una solución salina estéril o glicerol, se filtran para eliminar restos sólidos, y se almacenan a temperaturas ultrabajas.
Para su administración existen dos vías principales: la vía gastrointestinal superior (mediante cápsulas orales, gastroscopia o sonda nasogástrica) y la vía gastrointestinal inferior, mediante enema (menos efectivo), rectoscopia o colonoscopia.

Indicaciones

La indicación más clara del TMF es la infección recurrente por Clostridioides difficile, una bacteria que puede causar diarrea grave y que a menudo no responde a los antibióticos tradicionales.
En estos casos, el TMF ha demostrado tasas de curación superiores al 85%, habiendo sido recientemente incorporado en las guías clínicas para el tratamiento de esta enfermedad.
Además de en este escenario, el TMF se está estudiando en múltiples condiciones, como el síndrome del intestino irritable, la enfermedad inflamatoria intestinal, la obesidad, la diabetes tipo 2, e incluso para trastornos psiquiátricos como la depresión o el autismo. En estos escenarios la mayoría de los datos provienen de estudios preclínicos y se necesitan ensayos más robustos para confirmar o desmentir su utilidad.

Riesgos asociados

Aunque generalmente bien tolerado, el trasplante fecal no está exento de riesgos. Lo más frecuente es presentar efectos secundarios leves como gases, diarrea o malestar abdominal. Sin embargo, en casos raros, pueden presentarse reacciones más graves, como infecciones transmitidas o respuestas inmunológicas inesperadas. Destaca un caso que involucró la transmisión de una bacteria multirresistente (Escherichia coli productora de beta-lactamasas de espectro extendido), que resultó en bacteriemia (paso de la bacteria a sangre) y fallecimiento del paciente. Asimismo, la exacerbación de enfermedades autoinmunes subyacentes es una preocupación potencial.

Conclusión

En conclusión, el trasplante fecal representa un cambio de paradigma: en lugar de tratar enfermedades solo con fármacos, se empieza a considerar el ecosistema intestinal como un actor central en la salud. A medida que entendemos mejor el papel de la microbiota, es posible que el TMF se convierta en una opción de tratamiento para una variedad creciente de patologías.

AUTORAS

Ainara Baines García. Médica Adjunta de Aparato Digestivo. Hospital Reina Sofía de Tudela.
Paola Navarro Lago. Médica Adjunta de Anestesiología y Reanimación. Hospital Reina Sofía de Tudela.
Edurne Ramírez del Arco. Técnica Auxiliar de Cuidados en Enfermería. Hospital Reina Sofía de Tudela