Úlceras de presión


Andrea Palacios Aznar. TCAE. Hospital Ntra. Sra. De Gracia. Nuria Aznar Hernández. TCAE. Hospital Ntra. Sra. De Gracia.

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Las úlceras por presión (UPP), también llamadas escaras o llagas por decúbito, son lesiones en la piel y tejidos subyacentes causadas por presión constante en una misma zona, que interrumpe el flujo sanguíneo y provoca la muerte del tejido, afectando comúnmente caderas, talones, codos y coxis, especialmente en personas con movilidad reducida, y requieren prevención (cambios posturales, higiene, nutrición) y tratamiento para evitar infecciones graves como la sepsis.

¿Qué son y por qué ocurren?

  • Falta de flujo sanguíneo:

La presión prolongada comprime los vasos sanguíneos, privando a la piel de oxígeno y nutrientes.

  • Lugares comunes:

Prominencias óseas como talones, tobillos, caderas, codos, omóplatos y coxis.

  • Factores de riesgo:

Inmovilidad, incontinencia, edad avanzada, nutrición deficiente, humedad y fricción.

Signos y etapas

  • Etapa 1: enrojecimiento que no se blanquea al presionarlo.
  • Etapa 2: ampolla o llaga abierta, piel irritada.
  • Etapa 3: pérdida de piel que forma un cráter, llegando a la grasa.
  • Etapa 4: herida profunda que expone músculo o hueso.

Prevención (¡Fundamental!)

  • Movilización: cambiar de posición cada 2-3 horas y usar cojines para aliviar puntos de presión.
  • Cuidado de la piel: mantenerla limpia, seca e hidratada; evitar frotar, usar jabones neutros y cremas protectoras.
  • Superficies de apoyo: usar colchones y cojines antiescaras.
  • Nutrición e hidratación: dieta rica en proteínas y buena hidratación para la salud de la piel.

Tratamiento

  • Limpieza: lavar la herida con agua y jabón suave o suero.
  • Alivio de presión: esencial para la curación.
  • Apósitos: usar vendajes especiales que protejan e hidraten.
  • Desbridamiento: eliminación de tejido muerto en casos severos.
  • Atención médica: consultar si hay infección (dolor, mal olor, pus, fiebre).

Una úlcera por presión es una herida que aparece cuando una persona permanece mucho tiempo en la misma posición, ya sea sentado o acostado, ejerciendo presión en áreas del cuerpo donde el peso recae con más fuerza. Esta presión impide la circulación sanguínea adecuada, lo que reduce el oxígeno que llega a los tejidos, provocando daño y, eventualmente, la aparición de una herida.

En el 80% de los casos, las úlceras por presión afectan áreas como el sacro (en la base de la columna) y los talones, ya que son zonas donde se concentra el peso de personas con movilidad reducida. También pueden aparecer en otras partes del cuerpo como codos, omoplatos y la parte posterior de la cabeza.

Estas úlceras se clasifican en cuatro fases, dependiendo de la gravedad y la profundidad del daño:

  1. Fase 1: enrojecimiento persistente sin ruptura de la piel. Se recomienda empezar el tratamiento para evitar que empeore.
  2. Fase 2: pérdida de la capa superficial de la piel, causando una herida.
  3. Fase 3: afectación de capas más profundas, incluso con necrosis (tejido muerto) y costras.
  4. Fase 4: daño profundo, con necrosis que puede afectar huesos, tendones o músculos.

Existen varios factores que aumentan el riesgo de desarrollar úlceras por presión, como la falta de movilidad, la edad avanzada, la malnutrición, la fragilidad de la piel, la incontinencia, y la pérdida de sensibilidad (por ejemplo, debido a problemas neurológicos o el envejecimiento).

El tratamiento depende de la fase en la que se encuentre la úlcera. Si la piel está dañada, se deben usar apósitos adecuados para protegerla. En fases más avanzadas, se requiere atención médica para limpiar y curar la herida de manera correcta. La prioridad en cualquier fase es eliminar la presión. Esto se logra cambiando la posición del paciente regularmente, utilizando colchones especiales y protecciones que distribuyan el peso de manera más uniforme. Además, es importante seguir una dieta adecuada y controlar cualquier condición médica relacionada que pueda empeorar la herida.

Después de tratar la úlcera, es fundamental seguir un seguimiento continuo para asegurar que la herida cicatrice correctamente. Si no se toman las medidas necesarias a tiempo, la úlcera puede empeorar, lo que hace que el proceso de curación sea más complicado y prolongado.

Cuidado de la piel

Es importante revisar la piel al menos una vez al día. Si alguna zona sigue roja después de unos minutos de haber cambiado de posición, debe considerarse una señal de alerta. Preste especial atención a las áreas donde suele haber mayor presión, como los talones, glúteos, espalda, codos y la parte posterior de la cabeza.

La piel debe mantenerse limpia y seca. Hay que limpiarla inmediatamente cuando se ensucie, utilizando una esponja o paño suave. Se recomienda usar jabones suaves que no irriten y agua templada, evitando el agua demasiado caliente. No se deben aplicar productos con alcohol sobre la piel.

Para evitar la sequedad, es aconsejable utilizar cremas o aceites hidratantes, asegurándose de que se absorban por completo. También conviene evitar ambientes con aire frío o seco. La ropa de cama debe ser de tejidos naturales y mantenerse siempre limpia, seca y sin arrugas. En las zonas de mayor presión se pueden colocar protectores o apósitos acolchados. No se deben realizar masajes sobre las prominencias óseas.

Incontinencia

Debe evitarse en todo momento la humedad provocada por la orina, las heces, el sudor o las secreciones. Si esto ocurre, la piel debe limpiarse cuidadosamente y secarse con suavidad, dando pequeños toques con un paño, sin frotar. Para controlar la incontinencia pueden utilizarse medidas como pañales, sondas o colectores, según sea necesario.

Movilización

Las personas encamadas deben cambiar de postura cada 2 o 3 horas, movilizando distintas partes del cuerpo de forma ordenada. En el caso de pacientes que permanecen sentados durante largos periodos, es recomendable enseñarles a cambiar de posición cada 15 a 30 minutos, siempre que sea posible.

Es fundamental mantener una correcta alineación corporal para repartir el peso de manera uniforme y evitar que las prominencias óseas entren en contacto entre sí, como los tobillos o las rodillas. No se debe arrastrar al paciente; si es necesario moverlo, se debe pedir ayuda para hacerlo correctamente. La cabecera de la cama debe elevarse solo lo imprescindible y durante el menor tiempo posible.

Además, se recomienda el uso de dispositivos que ayuden a reducir la presión, como almohadas de látex, colchones antiescaras, protectores para talones y codos. Estos materiales sirven como apoyo, pero nunca sustituyen los cambios posturales regulares.

AUTORAS:

Andrea Palacios Aznar. TCAE,  Hospital Provincial Zaragoza.

Nuria Aznar Hernández. TCAE, Hospital Clinico Lozano Blesa, Zaragoza.

BIBLIOGRAFIA:

Internet: www.cancer.org

Internet: www.wikipedia.org