Estrés y funciones ejecutivas


Esperanza Bausela Herreras. Profesora Titular de Universidad de Psicología Evolutiva y de la Educación en la Universidad Pública de Navarra. Experta online en Psicooncología por el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid. Investigadora principal del Grupo de Investigación “Funciones Ejecutivas: Psicología, Música y Salud mental”. Departamento de Ciencias de la Salud. Universidad Pública de Navarra

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El estrés suele debilitar las funciones ejecutivas, especialmente la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva, al alterar los circuitos prefrontales, lo que implica que el cerebro dé respuestas automáticas y reactivas. La inhibición muestra patrones más variados y en algunas condiciones específicas de estrés puede mantenerse o incluso agudizarse. Los efectos dependen en gran medida de la duración del estrés, tipo y las diferencias individuales.

Funciones ejecutivas y estrés

Las funciones ejecutivas son diversas, destacando la memoria de trabajo, la inhibición y la flexibilidad cognitiva las cuales tienen como principal sustrato neurológico la corteza prefrontal.
El estrés activa la amígdala y la liberación de cortisol, lo que inhibe la corteza prefrontal dificultando el pensamiento, la memoria y la toma de decisiones. Comprender este proceso ayuda a reconocer sus efectos y a utilizar estrategias para regular las emociones y mejorar su aprendizaje.
El estrés – tanto agudo (a corto plazo) como crónico (a largo plazo) – puede afectar al funcionamiento de las funciones ejecutivas, aunque sus efectos van a variar en función de la intensidad, la duración y de la población estudiada.
Los metaanálisis muestran que el estrés agudo puede perjudicar a la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva, mientras que sus efectos sobre la inhibición son más variables.

El estrés crónico se asocia de forma consistente con disfunción ejecutiva (memoria de trabajo, atención, inhibición de la respuesta y flexibilidad) tanto en estudios con animales como en humanos. Desplaza el procesamiento hacia respuestas más reactivas y guiadas por la saliencia, en detrimento de un procesamiento flexible, controlado y profundo.
El estrés crónico y los trastornos relacionados con el estrés (depresión, ansiedad, TEPT, adicción) suelen mostrar alteraciones en las funciones ejecutivas, especialmente en la memoria de trabajo y la inhibición. Durante la adolescencia puede generar déficits persistentes en la adultez, especialmente en la memoria de trabajo y el control de los impulsos, probablemente debido a cambios en la corteza prefrontal y en los circuitos de recompensa. Desencadena alteraciones hormonales, de neurotransmisores, inflamatorias y estructurales que debilitan las redes de la corteza prefrontal necesarias para el control cognitivo. Causa retracción dendrítica, pérdida de espinas y debilitamiento sináptico en la corteza prefrontal, especialmente en neuronas piramidales glutamatérgicas, lo que conduce a déficits ejecutivos persistentes.

Estrés y aprendizaje

El impacto del estrés en el aprendizaje de los estudiantes se manifiesta en que las emociones intensas desencadenan la liberación de cortisol, activan la amígdala e inhiben la corteza prefrontal. Esto dificulta el razonamiento, la memoria, la toma de decisiones y la empatía, llevando al cerebro a un estado de supervivencia (lucha, huida o congelación). Sin calma no hay aprendizaje ni resolución de problemas, por lo que regular el estrés resulta fundamental para aprender.

Son diversas las técnicas para reducir el estrés que se centran en la autorregulación emocional, el control corporal y la expresión de pensamientos y sentimientos, podemos destacar las siguientes:
Respiración consciente: ejercicios de respiración profunda (como la respiración diafragmática o secuencias guiadas) que ayudan a calmar el cuerpo y la mente.
Relajación física: actividades como tensar y relajar músculos o liberar tensión corporal para disminuir la activación.

Expresión emocional: escribir, dibujar o identificar emociones para darles sentido y reducir su intensidad.
Estrategias sensoriales: uso de objetos como frascos calmantes o pelotas antiestrés que favorecen la autorregulación.
Actividades creativas y repetitivas: como garabatear o dibujar patrones, que ayudan a enfocar la mente y reducir la ansiedad.
Movimiento y pausas activas: realizar actividad física breve o tomar descansos estructurados para recuperar la concentración.
Autoconocimiento emocional: herramientas como el “termómetro emocional” o la identificación de sensaciones corporales para reconocer y regular estados emocionales.

Conclusión

La disfunción ejecutiva asociada al estrés se explica por dos mecanismos convergentes: a corto plazo, las hormonas del estrés y las catecolaminas alteran la señalización en la corteza prefrontal; a largo plazo, el estrés crónico modifica su estructura; y, además, los procesos inmunológicos sistémicos y a nivel cerebral intensifican estos efectos y median parte de su impacto sobre el control ejecutivo.
Estas alteraciones se observan a lo largo del ciclo vital y en diversos trastornos vinculados al estrés, lo que sitúa a estos procesos biológicos y a las intervenciones dirigidas a la corteza prefrontal como posibles objetivos

AUTORA:

Esperanza Bausela Herreras. Profesora Titular de Universidad de Psicología Evolutiva y de la Educación en la Universidad Pública de Navarra. Experta online en Psicooncologia por el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid. Investigadora principal del Grupo de Investigación “Funciones Ejecutivas: Psicología, Música y Salud mental”. Departamento de Ciencias de la Salud. Universidad Pública de Navarra.

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