Los bebés, los niños pequeños, personas mayores y personas con ciertas enfermedades crónicas son especialmente vulnerables a los golpes de calor debido a su limitada capacidad para regular la temperatura corporal. Las altas temperaturas pueden provocar deshidratación rápida, somnolencia, irritabilidad, vómitos e incluso pérdida de conciencia. Por ello, se recomiendan mantener una hidratación adecuada, evitar la exposición al calor en las horas centrales del día y no dejar nunca a los menores en vehículos cerrados. Nos preguntamos ¿cómo afecta el calor a nuestros escolares?
Efectos generales del calor sobre la cognición y el aprendizaje
En niños, el calor extremo se vincula con una menor capacidad cognitiva general y peores resultados educativos, afectando también la memoria y las funciones ejecutivas.
La exposición continua al calor en el ámbito escolar disminuye el aprendizaje, siendo las materias complejas como las matemáticas las más afectadas en comparación con la lectura.
El impacto del calor varía según la función evaluada:
• Atención selectiva y velocidad de procesamiento: se observan respuestas más lentas y menor rendimiento durante olas de calor en entornos sin refrigeración adecuada.
• Las altas temperaturas pueden afectar a la memoria de trabajo que es la capacidad que nos permite mantener y manejar información de forma temporal. Aunque este impacto suele ser menor que el observado en otras funciones cognitivas, el calor puede dificultar tareas que requieren recordar y actualizar información de manera continua.
• Control ejecutivo: esta función es considerablemente más vulnerable al estrés térmico que la atención simple.
En la Tabla 1 presentamos algunos ejemplos de los efectos del calor sobre funciones cognitivas específicas
Tabla 1. Efectos de la exposición al calor sobre los principales dominios cognitivos.
Atención y funciones ejecutivas
Durante las olas de calor, especialmente en espacios sin sistemas adecuados de climatización, los estudiantes pueden mostrar tiempos de reacción más lentos y un peor rendimiento en tareas que requieren atención y cálculo mental. Además, la exposición cotidiana a temperaturas elevadas puede dificultar la concentración y el control de los procesos cognitivos.
La evidencia científica coincide en señalar que el calor afecta con mayor intensidad a las tareas complejas que requieren planificación, razonamiento y otras funciones ejecutivas, mientras que las actividades más simples y rutinarias suelen verse menos afectadas.
Memoria y aprendizaje a lo largo del tiempo
Las temperaturas extremas pueden perjudicar la memoria, dificultando el recuerdo de información aprendida previamente. Diversos estudios han observado que tanto niños como adultos expuestos a ambientes muy calurosos presentan un peor rendimiento en tareas de memoria verbal. Además, la exposición prolongada a temperaturas superiores a 32 °C puede tener efectos acumulativos, asociándose con una disminución progresiva del rendimiento cognitivo a lo largo del tiempo.
Factores moderadores: rango térmico, aclimatación y refrigeración
El rendimiento académico es mayor cuando la temperatura se sitúa entre 23 y 26 °C. Tanto el frío como el calor excesivo pueden afectar a la atención, la memoria y otras capacidades cognitivas. La adaptación al calor y el uso de aire acondicionado ayudan a reducir estos efectos.
Mecanismos explicativos
El deterioro cognitivo se explica por varios factores interconectados:
• Estrés fisiológico: sobrecarga cardiovascular y deshidratación.
• Alteraciones del sueño provocadas por las altas temperaturas que afectan a la memoria.
• Incomodidad térmica subjetiva y elevación de la temperatura cutánea.
Conclusión
La evidencia científica sostiene de forma consistente que el calor prolongado perjudica la atención, la memoria y las funciones ejecutivas. Esto representa un desafío crítico para la equidad educativa y el aprendizaje en un contexto de calentamiento global, ya que los estudiantes más vulnerables son quienes enfrentan los mayores riesgos de presentar un descenso en su rendimiento cognitivo.
Seguidamente podemos resumir en un decálogo de buenas prácticas para combatir el calor en las aulas, basado en las recomendaciones del Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos del Exceso de Temperaturas sobre la Salud 2025 del Ministerio de Sanidad, aplicadas al contexto educativo.
Tabla 2. Recomendaciones de buenas prácticas para combatir el calor en las aulas basadas en el Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos del Exceso de Temperaturas sobre la Salud 2025 del Ministerio de Sanidad:
1. Mantener una hidratación frecuente
2. Evitar la exposición al calor en las horas centrales del día
3. Ventilar adecuadamente las aulas
4. Adaptar la actividad física
5. Utilizar ropa ligera y transpirable
6. Identificar al alumnado más vulnerable
7. Reconocer los síntomas de alarma
8. Favorecer espacios frescos y sombreados
9. Promover pausas más frecuentes
10. Actuar rápidamente ante un posible golpe de calor
El calor no solo afecta a la salud física sino también puede reducir la atención, la memoria de trabajo y el rendimiento académico.
Mantener aulas frescas con sistemas adecuados de climatización, hidratación adecuada y horarios adaptados es una medida de protección de la salud y del aprendizaje.
AUTORA:
Esperanza Bausela Herreras. Profesora Titular de Universidad de Psicología Evolutiva y de la Educación en la Universidad Pública de Navarra. Experta online en Psicooncologia por el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid. Investigadora principal del Grupo de Investigación “Funciones Ejecutivas: Psicología, Música y Salud mental”. Departamento de Ciencias de la Salud. Universidad Pública de Navarra.



