¿Por qué hace frío en quirófano?


César Muñiz Argüelles y Claudia Salvador Vidal. Residentes de Anestesiología. Maider Valencia Alzueta. Adjunta de Anestesiología. Hospital Universitario de Navarra

Print Friendly, PDF & Email
La impresión que produce entrar en un quirófano viene marcada por una sensación que los pacientes suelen expresar nada más cruzar la puerta: hace frío. No es una impresión equivocada. La temperatura del quirófano suele ser más baja que la de otras zonas del hospital. Para cuidar la temperatura del paciente en estas circunstancias es indispensable la figura del anestesiólogo, que se preocupa por vigilar, controlar y optimizar la situación particular de cada paciente.

El quirófano es un espacio de trabajo muy exigente. El personal que trabaja en el quirófano permanece durante horas bajo focos de luz intensa, con bata, mascarilla, guantes y otros elementos de protección.

Una temperatura ambiental moderada ayuda a trabajar en condiciones adecuadas. Además, es una sala con filtros y circulación de aire controlada que ayuda a mantener la esterilidad del área disminuyendo la proliferación de microorganismos y el riesgo de infecciones.

La temperatura corporal

Para cumplir con las necesidades de esta área tan especial del quirófano es necesario encontrar un equilibrio entre las necesidades del paciente, el tipo de cirugía y el trabajo del equipo. Pero en ningún caso el frío de la sala implica que se deje al paciente desprotegido.

La temperatura corporal no es un detalle menor, sino una constante cuya relevancia es comparable a la frecuencia cardiaca, la tensión arterial o la saturación de oxígeno. En condiciones normales, nuestro organismo funciona dentro de un margen relativamente estrecho y pone en marcha distintos mecanismos fisiológicos para mantenerse en una temperatura normal. Cuando tenemos frío podemos abrigarnos, encogernos, movernos o tiritar. Sin embargo, durante una operación la situación cambia. El paciente permanece inmóvil y parcialmente descubierto para permitir la cirugía. No puede decidir que necesita otra manta ni levantarse para entrar en calor. Además de la propia situación del paciente, hay otros factores que también favorecen la pérdida de temperatura corporal como la duración del procedimiento, la administración de sueros o la exposición de zonas amplias del cuerpo para el procedimiento.

Aunque la sala no parezca especialmente fría para el personal, la situación del paciente es muy diferente por todo lo descrito: está tumbado, inmóvil y bajo el efecto de fármacos que modifican sus respuestas habituales ante la pérdida de temperatura.

El papel del anestesiólogo es clave a la hora de medir y mantener la temperatura corporal del paciente que, junto con el cuidado de su respiración, circulación y nivel de profundidad anestésica, es una de las grandes prioridades del anestesista.

La importancia de mantener una temperatura adecuada no es solo cuestión de comodidad del paciente, es decir, la hipotermia puede tener consecuencias perjudiciales para el paciente. Si la temperatura desciende demasiado, el organismo puede coagular peor, aumentar el sangrado y favorecer algunas complicaciones, como la infección de la herida quirúrgica. Por tanto, prevenir el enfriamiento forma parte de la seguridad del paciente. Al margen de lo descrito, el frío puede provocar escalofríos al despertar, una sensación especialmente desagradable para el paciente que los anestesistas ponemos énfasis en evitar.

Cuando la temperatura corporal desciende por debajo de 36 °C hablamos de hipotermia perioperatoria. El término puede sonar alarmante, pero conviene entenderlo bien. No suele tratarse de un descenso extremo de temperatura, sino de un enfriamiento no deseado que puede aparecer antes, durante o después de la intervención si no se toman medidas preventivas. Precisamente por eso, en quirófano se monitoriza de forma estrecha la temperatura mediante la utilización de sondas de temperatura. Estas sondas no siempre son iguales: según la cirugía y la anestesia pueden colocarse en distintas zonas del cuerpo, podríamos decir que las más frecuentemente utilizadas durante una cirugía son las sondas esofágicas, sondas vesicales que tienen un sensor de temperatura incorporado o sondas rectales.

Por otra parte, no todos los pacientes tienen el mismo riesgo de sufrir hipotermia, ni la pérdida de temperatura es igual en todos los procedimientos. Los pacientes de edades extremas, es decir, niños y ancianos pierden calor con mayor facilidad. El riesgo aumenta en cirugías prolongadas y en intervenciones en las que es necesario descubrir partes más extensas del cuerpo. También importa la temperatura con la que cada persona llega al área quirúrgica. El papel del anestesiólogo es detectar el descenso y tomar medidas adaptadas a cada paciente y situación antes de que la temperatura se convierta en un problema que ponga en riesgo al paciente.

Tipos de mantas

La prevención puede empezar incluso antes de entrar en quirófano. Si el paciente llega con frío al quirófano, es conveniente abrigarlo o aplicar calor de forma activa antes de iniciar la anestesia. Esto no es un simple gesto de cortesía. Llegar al quirófano con una temperatura adecuada ayuda a reducir el enfriamiento que puede producirse más tarde durante la intervención.

Existen diferentes tipos de mantas, a destacar las mantas de aire caliente que se colocan sobre el paciente y se rellenan con aire a 36ºC-38ºC. En muchos casos esta manta se coloca sobre el paciente incluso antes de comenzar la anestesia. Por otra parte, también existen mantas que se colocan sobre la cama del quirófano y debajo del paciente, calentándolo desde su espalda. Estas mantas no solo se utilizan durante la intervención, sino que también se pueden mantener en la sala de recuperación de la anestesia si el paciente lo precisa.

Además de las mantas, el uso de paños estériles por parte de los cirujanos para tapar al paciente y crear un área estéril sobre el que realizar la cirugía también favorece que el paciente mantenga la temperatura corporal. Otra de las medidas más habituales para el calentamiento del paciente es el uso de máquinas que calientan los sueros antes de que lleguen al paciente.

Normalmente se combinan todos los métodos descritos con el objetivo, no solo de que el paciente esté clínicamente estable, sino también que se encuentre confortable. Es importante que los pacientes que llegan a quirófano nos transmitan su sensación de frío para que podamos aplicar lo antes posible las medidas de calentamiento activo y monitorización de la temperatura descritas.

La seguridad en quirófano no depende solo de grandes decisiones o de tecnología compleja; también se construye cuidando detalles que pueden pasar desapercibidos. Mantener al paciente caliente es uno de ellos. Detrás de la manta de aire y de un pequeño sensor de temperatura hay una idea muy sencilla: que la intervención sea segura y que la persona se sienta cuidada desde que entra en quirófano hasta que finaliza su recuperación.

AUTORES:

César Muñiz Argüelles y Claudia Salvador Vidal. Residentes de Anestesiología.
Maider Valencia Alzueta. Adjunta de Anestesiología.
Hospital Universitario de Navarra.