Hace unos días, al terminar la jornada en Sannas Dentofacial, me quedé repasando historiales clínicos. Al ver pacientes a los que aprecio y que llevan más de tres años sin pasar por nuestro Centro de Prevención Oral, se me encogió el corazón. Pero no por nostalgia, sino por responsabilidad médica.
A menudo me preguntan cuál es el tratamiento más complejo al que me enfrento. Lo verdaderamente difícil en mi profesión no es una cirugía delicada; es el silencio que se genera cuando un paciente, tras ver el alcance de una lesión que no sentía, me dice: “Ojalá hubiera venido antes”.
Ese “ojalá” nace casi siempre de la misma creencia: pensar que si no duele, todo va bien.
La boca no está aislada del cuerpo
Muchos pacientes se sorprenden cuando les explico que una infección crónica en la boca, de esas que no avisan ni molestan al masticar, es una bomba de relojería. La boca es la puerta de entrada a tu salud general. Tres años de ausencia son más que suficientes para que una patología silenciosa provoque una pérdida ósea irreversible en tu mandíbula o genere un estado de inflamación constante en todo tu organismo.
Como profesionales de la salud, sabemos que esa inflamación viaja por la sangre, dañando las arterias y multiplicando el riesgo de sufrir problemas cardiovasculares o infecciones sistémicas graves. No hablamos “solo” de encías que sangran o de empeorar el control de la diabetes; hablamos de una amenaza real para todo tu cuerpo.
Nuestro Centro de Prevención Oral existe precisamente para “adelantarnos” a esto. Cuando dejamos pasar los años dejamos de prevenir. Y el objetivo de la medicina actual no es solo curar al enfermo, sino mantener sano y prevenir nuevas patologías.
Una decisión de vida
El dolor es el último recurso que tiene el cuerpo para avisar de que ya vas tarde. No dejes que el tiempo decida por ti.
Dr. Felipe Rivas
Director clínico de Sannas Dentofacial


