Artrosis de rodilla: más allá del desgaste


Dr. Ramón Piñol Ibarz, Dr. Sergio Oblare Arévalo, Dra. Diana López Equiza y Dr. Miguel Moreno Casas

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La artrosis de rodilla es una de las causas más frecuentes de dolor y limitación para caminar, subir escaleras o levantarse de una silla. Aunque muchas personas la consideran simplemente un “desgaste por la edad”, hoy sabemos que se trata de una enfermedad que afecta a toda la articulación y cuyo tratamiento debe adaptarse a cada paciente.

El primer paso siempre es un abordaje conservador. Mantener un peso adecuado, realizar ejercicio terapéutico y fortalecer la musculatura que rodea y estabiliza la rodilla son las medidas que han demostrado mayor beneficio para reducir el dolor y mejorar la función. De hecho, el ejercicio constituye la base del tratamiento en cualquier fase de la enfermedad.

Sin embargo, no todos los pacientes mejoran lo suficiente con estas medidas. Cuando el dolor persiste y limita las actividades de la vida diaria, la Medicina Física y Rehabilitación dispone de diferentes tratamientos intervencionistas que pueden ayudar a recuperar calidad de vida.

Entre ellos se encuentran las infiltraciones intraarticulares. Los corticoides pueden ser útiles en episodios de reagudización con inflamación o derrame, mientras que el ácido hialurónico puede ofrecer alivio en determinados pacientes cuando otras medidas no han sido eficaces. Otra opción es el plasma rico en plaquetas (PRP), obtenido de la propia sangre del paciente, cuyo uso se está extendiendo especialmente en fases iniciales o moderadas de la artrosis, aunque actualmente no se encuentra disponible en la sanidad pública de Navarra.

En casos más avanzados, o cuando las infiltraciones no proporcionan un alivio suficiente, puede valorarse la radiofrecuencia de los nervios geniculados, una técnica que modula la transmisión del dolor sin necesidad de cirugía y que resulta especialmente útil en pacientes que no son candidatos a una prótesis o desean retrasarla.

Un aspecto fundamental es que estas técnicas se realizan habitualmente guiadas por ecografía, lo que aumenta su precisión y seguridad.

La decisión sobre qué tratamiento es el más adecuado depende del grado de artrosis, la intensidad del dolor, la presencia de inflamación y las necesidades funcionales de cada persona. Por ello, una valoración individualizada por el especialista en Rehabilitación es esencial.

El mensaje principal es claro: la artrosis de rodilla no significa resignarse al dolor. Existen múltiples opciones terapéuticas que, combinadas con ejercicio y educación del paciente, pueden mejorar de forma significativa la movilidad y la calidad de vida.

AUTORES

Dr. Ramón Piñol Ibarz, Dr. Sergio Oblare Arévalo, Dra. Diana López Equiza y Dr. Miguel Moreno Casas.

Médicos adjuntos especialistas en Medicina Física y Rehabilitación del Hospital Universitario de Navarra