Benzodiacepinas en geriatría: un recurso frecuente que debemos revisar


Ana Lydia Sánchez Aso. Facultativa especialista de área en Geriatría. Hospital Ernest Lluch de Calatayud. Zaragoza

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Dormir mal, tener ansiedad o pasar por una etapa de nerviosismo son motivos frecuentes de consulta en las personas mayores. En este contexto, las benzodiacepinas —como lorazepam, alprazolam, lormetazepam o diazepam— se han utilizado durante años con mucha frecuencia. Sin embargo, en geriatría su uso debe revisarse siempre con cautela.

Estos medicamentos pueden ser útiles en situaciones concretas y durante periodos limitados, pero el problema aparece cuando se mantienen durante meses o incluso años. Muchas personas mayores continúan tomándolos por inercia, sin revisar si siguen siendo necesarios o si los riesgos superan ya a los beneficios.

En el paciente geriátrico, las benzodiacepinas pueden producir somnolencia diurna, lentitud, inestabilidad al caminar, mayor riesgo de caídas, alteraciones de la memoria y empeoramiento del estado de alerta. En algunos casos también favorecen cuadros confusionales, especialmente cuando existe fragilidad, polimedicación o deterioro cognitivo previo. Zona Hospitalaria ya ha tratado el insomnio y ha señalado la relevancia de estos fármacos en mayores, así como sus posibles efectos adversos.

Esto no significa que deban retirarse de forma brusca ni que todo paciente deba suspenderlas de inmediato. Lo correcto es individualizar. Hay que valorar por qué se pautaron, cuánto tiempo llevan utilizándose, qué síntomas persisten y si existen alternativas más seguras.

En muchos casos, mejorar la higiene del sueño, tratar adecuadamente el dolor, revisar otros fármacos, corregir hábitos inadecuados o intervenir sobre la ansiedad desde un enfoque no farmacológico puede ser más eficaz y seguro a medio plazo.

Cuando se plantea la retirada, debe hacerse de manera progresiva y supervisada por un profesional sanitario. Suspenderlas de golpe puede provocar rebote del insomnio, ansiedad intensa e incluso complicaciones clínicas.

En geriatría, revisar la medicación no es un detalle menor: es una herramienta clave para prevenir caídas, ingresos y pérdida de autonomía. A veces, uno de los mejores tratamientos no es añadir un nuevo fármaco, sino preguntarse si alguno de los antiguos sigue teniendo sentido.

AUTORES:

Ana Lydia Sánchez Aso. Facultativa especialista de área en Geriatría. Hospital Ernest Lluch de Calatayud. Zaragoza.