Asma bronquial

Dra. Sandra García Sáez. FEA Neumología. Hospital San Jorge. Huesca. Dr Daniel Andrés García. FEA Medicina Interna. Hospital San Jorge. Huesca. Dr. Joaquín Cegoñino de Sus. FEA Neumología. Hospital San Jorge. Huesca

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El asma es una “enfermedad inflamatoria crónica de las vías respiratorias, en cuya patogenia intervienen diversas células y mediadores de la inflamación, condicionada en parte por factores genéticos y que cursa con hiperrespuesta bronquial (HRB) y una obstrucción variable del flujo aéreo, total o parcialmente reversible, ya sea por la acción de los fármacos o de forma espontánea”. En España afecta aproximadamente a 1 de cada 10 habitantes, siendo aún más prevalente en zonas de costa y suele comenzar en etapas tempranas de la vida.

¿Por qué aparece el asma?

Existen factores de riesgo que aumentan la probabilidad de tener asma bronquial. Entre ellos está el componente hereditario, alergias, obesidad, rinitis y factores relacionados con el nacimiento (prematuridad, tipo de lactancia o tabaquismo en la madre). Además existen factores ambientales, como los alérgenos, la exposición al tabaco y las infecciones respiratorias.
Debemos tener en cuenta que existen factores desencadenantes, que producen empeoramiento de la enfermedad. Entre ellos encontramos el humo del tabaco, la contaminación ambiental, el ejercicio físico y algunos medicamentos como la aspirina y otros antiinflamatorios.

¿Cuáles son los síntomas?

Los síntomas más frecuentes de la enfermedad son la disnea (ahogo o dificultad para respirar), tos persistente, sibilancias (ruidos en el pecho que se producen al salir el aire por el bronquio inflamado y estrecho) y opresión en el pecho.
Estos síntomas suelen cambiar en el tiempo, siendo más frecuentes al realizar esfuerzos y en determinadas estaciones del año. Es importante reseñar que ninguno de estos síntomas es específico del asma, siendo comunes en diversas patologías respiratorias.

¿Cómo se diagnostica el asma?

Además de una historia clínica compatible, es necesario disponer de pruebas objetivas que permitan el diagnóstico de esta patología.
La espirometría es sin lugar a dudas la prueba más útil, ya que es una prueba sencilla, fiable, reproducible y nos proporciona información de forma inmediata. Esta prueba mide la capacidad pulmonar (capacidad vital forzada) y el volumen de aire expulsado en el primer segundo (FEV1). Cuando los bronquios se encuentran inflamados, el aire tarda más tiempo en salir del pulmón que en las personas sanas, por lo que encontramos que el FEV1 se encuentra disminuido.
Cómo se ha reseñado, el asma bronquial se caracteriza por tener cierto grado de reversibilidad. Para valorarlo debemos realizar una prueba broncodilatadora, que se basa en administrar al paciente un broncodilatador de acción rápida y repetir la espirometría 10-15 minutos después. La prueba se considera positiva si los bronquios se dilatan, mejorando el FEV1 en 200 ml y que esto suponga además una mejoría del 12 % respecto al valor previo. El tener una prueba broncodilatadora positiva confirma el diagnóstico de asma aún cuando la espirometría se encuentre dentro de la normalidad.
En los casos en los que no sea posible confirmar el diagnóstico mediante una espirometría, se pueden realizar pruebas de provocación bronquial, mediante la inhalación controlada de sustancias que favorecen que se produzca una obstrucción. Los más frecuentemente utilizados son la metacolina y el manitol.

¿Cómo determinar la gravedad?

La gravedad del asma viene determinada por la frecuencia y la intensidad de los síntomas, así como la frecuencia de exacerbaciones o periodos de empeoramiento.
Así podemos clasificar como asma intermitente cuando los pacientes pasan períodos de tiempo sin síntomas, o persistente cuando los síntomas se presentan a diario. El asma persistente se divide además en leve, moderado o grave dependiendo de la intensidad de estos síntomas y el grado de obstrucción medido en la espirometría.

¿Cómo se trata el asma?

El tratamiento del asma se realiza con inhaladores. Esto hace que la medicación llegue de forma directa a las vías aéreas de forma más rápida y con menos efectos adversos que cuando son administrados por vía oral.
Solemos comenzar con medicamentos de rescate (B2 agonistas de acción corta), que producen relajación del musculo liso bronquial mejorando los síntomas de una forma rápida. Cuando esto no es suficiente se utilizan medicamentos de control de forma pautada, iniciando con glucocorticoides inhalados y añadiendo posteriormente B2 agonistas de acción larga si con esto no se consigue controlar los síntomas. En pacientes seleccionados puede ser necesario utilizar otro tipo de medicación (antileucotrienos, teofilina, glucocorticoides orales o anticuerpos monoclonales anti IgE o anti IL5).

¿Cómo puedo ayudar a controlar los síntomas?

Es muy importante tomar todos los días la medicación pautada, evitar la exposición al humo del tabaco asi como medicación que puede empeorar los síntomas (aspirina y antiinflamatorios). Además los pacientes con asma bronquial deberán llevar medicación de rescate y acudir al médico si detectan empeoramiento de los síntomas.