La insuficiencia cardíaca es un síndrome clínico caracterizado por síntomas típicos, que pueden estar acompañados a su vez de signos, causados por una anormalidad cardíaca estructural y/o funcional, lo que conduce a una reducción del gasto cardíaco y/o la elevación de las presiones de llenado intracavitarias, tanto en situaciones de reposo como de estrés.
Como consecuencia, tienen lugar dos fenómenos importantes: la salida de menor cantidad de sangre del corazón y, por lo tanto, la llegada en menor medida a los tejidos, provocando síntomas y signos de bajo gasto (hipotensión arterial, taquicardia, frialdad acra, astenia, fatiga, hipoperfusión renal, debilidad muscular o anorexia); y la acumulación de la sangre en el resto de órganos de forma retrograda, provocando congestión pulmonar o sistémica.
En cuanto al manejo de este síndrome, el principal reto radica en promover comportamientos de adaptación en los pacientes con el fin de lograr y mantener la estabilidad clínica, previniendo el progreso de la enfermedad y los ingresos hospitalarios. La herramienta básica para conseguir dicho autocuidado del paciente y la adherencia al tratamiento es la educación sanitaria.
Pilares básicos del tratamiento
Como pilares básicos del tratamiento, tanto farmacológico como no farmacológico, se encuentran:
- La vacunación. Se recomendará la administración de vacunas indicadas a la población general, así como aquellas que incluyan la insuficiencia cardíaca como grupo de riesgo.
- Evitar hábitos tóxicos. El alcohol, tabaco y otras drogas son cardiotóxicos, afectando de forma directa en la función cardíaca y, por ende, en la calidad de vida de los pacientes.
- Control de constantes y comorbilidades asociadas. El control de constantes y del peso varias veces a la semana es clave para hacer a los propios pacientes responsables de su propia salud, así como alertar de forma precoz de posibles descompensaciones y de necesidades de ajustes de tratamientos. De la misma forma, otras comorbilidades frecuentemente asociadas, como diabetes o EPOC, precisan de un buen control para evitar que contribuyan dichas descompensaciones y el progreso de la enfermedad.
- Adherencia adecuada al tratamiento farmacológico. La terapia farmacológica se emplea principalmente en los casos de FEVI reducida, es decir, cuando la fracción de eyección del ventrículo izquierdo es menor o igual del 40%, y actúa sobre los mecanismos compensadores.
Los Betabloqueantes actuarán sobre el Sistema Simpático; los IECAS (Inhibidores de la Enzima Convertidora de Angiotensina), ARA-II (Antagonista de los Receptores de la Angiotensina II) y Antagonistas de la Aldosterona sobre el Eje Renina-Angiotensina-Aldosterona; y los ARNI (Inhibidores de la Neprilisina y del Receptor Angiotensina) para evitar la destrucción de los péptidos natriuréticos.
No obstante, otros fármacos también son empleados en la insuficiencia cardíaca, tales como la digoxina, hierro carboximaltosa o los diuréticos en fase de descompensación, entre otros.
- Ejercicio físico. En estos pacientes, al igual que en la población general, tiene numerosos beneficios. Adquieren gran relevancia los que mejoran la función cardíaca, disminuyen la TA, intervienen en la coagulación o la disminución de la obesidad.
La actividad física en estos pacientes tiene que ser de una intensidad adecuada, aumentando y disminuyéndola progresivamente e intercalándola con descansos. Como contraindicaciones absolutas sería cualquier patología cardíaca aguda o la propia insuficiencia cardíaca descompensada.
- Alimentación saludable e hiposódica. Los objetivos de la dieta son la reducción de sal y grasa en la dieta, la reducción del volumen de las comidas y, si existe sobrepeso u obesidad, la reducción del peso.
Para ello, se limitará la ingesta de sal total a 5 gramos/día (2 gramos de sodio/día) y se priorizarán las materias primas sobre los ultraprocesados, las carnes blancas sobre las rojas, las grasas de origen vegetal sobre las animales y el agua ante los refrescos u otras bebidas. Además, se recomiendan los cocinados sencillos y saludables, y que la dieta sea rica en vegetales.
- Ingesta de líquidos. La ingesta de líquidos en los pacientes con insuficiencia cardíaca se limita a 1,5 litros/día en la mayoría de los casos, siendo especialmente importante su cumplimiento en situaciones de congestión o descompensación.
Cabe destacar que todos los líquidos se incluyen en este recuento, incluyendo zumos, caldos, café o leche.
En la época de verano, se aumentará 0,5 litros/día la ingesta debido al aumento de riesgo de deshidratación.
Signos de alerta
Para finalizar, es de vital importancia instruir a los pacientes sobre cuáles son los signos y síntomas de alerta que indican congestión y, como consecuencia, una descompensación de su patología; por ejemplo, un aumento de la fatiga, necesidad de dormir incorporado o con más almohadas, dolor precordial, palpitaciones, edemas, ganancia de peso rápida (2-3 Kg en 2 o 3 días), oliguria, tos seca persistente o nocturna, aumento del cansancio, mareo o confusión.
De esta forma, podrán detectarlo de forma precoz y acudir a la consulta de medicina o enfermería de Atención Primaria para aplicar los tratamientos necesarios y evitar que progrese la congestión.
AUTORAS:
Lucía Muñoz Monterde. Enfermera Interna Residente. C.S. Torrero – La Paz.
Gemma Terren Puig. Enfermera C.S. Torrero – La Paz.


