Comunicarse con el hijo adolescente

(1) Raquel Calvo Ablanedo y (2) Ana Guinea Hidalgo

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Muchos padres con hijos adolescentes se quejan de las dificultades de comunicación que se producen en esta etapa. Es importante comprender que ningún período de la vida es más tormentoso que el de la adolescencia y no sólo para los padres sino también para el mismo adolescente. Es una etapa en la que se producen múltiples y profundos cambios, biológicos, psicológicos y del entorno social.

Finaliza la feliz tranquilidad de la infancia. El adolescente debe lograr su “independencia” afectiva, buscar su propia identidad como adulto. Para poder hacerlo se debe producir una ruptura con los padres, situación que le genera una gran ambivalencia afectiva.

Necesita desarrollarse individualmente, aprender a pensar y funcionar por sí mismo, sobre las bases de sus propios valores y creencias, cuestionando los de la propia familia; pero también necesita la existencia de una disciplina y unas normas. Piden a gritos que los padres les dejen en paz pero les influye mucho que los padres aprueben sus conductas.

En ese proceso de búsqueda necesita refugiarse en el grupo de iguales y hacer un ataque al mundo adulto, con crítica de todo el sistema social, necesita desprenderse de aquello que le señala como niño.

Por todo ello muchos padres cuando llega la adolescencia se encuentran con un niño que ha dejado de serlo y no saben cómo actuar ante las muestras de inconformismo, desobediencia, actitudes de salirse con la suya, engañarles y no hacerles caso, hacer más caso a los amigos… Tales actitudes más que alarmar deberían ser esperadas. El éxito de la relación en esta etapa dependerá en gran parte de las bases que se hayan asentado durante la infancia. Teniendo en cuenta todos estos aspectos se puede entender que el diálogo con un hijo adolescente muchas veces obliga a modificar las pautas que se habían utilizado hasta ese momento. No es raro que tu hijo hable menos, que no quiera contarte su intimidad. A los adolescentes les gusta estar solos, tener un espacio privado. Pero eso no quiere decir que no necesitan el diálogo; este sigue siendo el mejor método de conocer a tu hijo, de resolver problemas y de aumentar la unión entre vosotros.

Claves para mejorar la comunicación

Intenta ser un buen modelo para tu hijo. Les influye más el cómo actuamos que lo que decimos.

  • Intenta ser un buen modelo para tu hijo. Les influye más el cómo actuamos que lo que decimos.
  • Dale la oportunidad de ser responsable, delégale alguna responsabilidad, así sabrá que se confía en él y le consideras capaz.
  • Enseña a tu hijo a plantearse objetivos realistas y metas alcanzables.
  • Elogia el esfuerzo y no sólo el éxito. El reconocimiento por parte de la familia es uno de los pilares de su autoestima.
  • Evita las comparaciones con hermanos, amigos.
  • Respeta su intimidad y espacio.
  • Ten siempre tiempo para escucharle.
  • Permite a tu hijo emitir juicios, aunque estos sean disparatados. Muchas veces discute más para convencerse a sí mismo que para convencer al que le escucha. Es necesario que respetes sus ideas, aunque no estén de acuerdo con las tuyas y que le trasmitas tu opinión con respeto sin hacerle sentirse inferior.
  • Haz que tu hijo participe de las discusiones y preocupaciones de la familia.
  • Evita dar demasiados consejos y sermones.
  • Nunca trasmitas frases del tipo “vas a conseguir que me ponga enfermo”.
  • Evita poner etiquetas. Cuando no estés de acuerdo con algo que hace mal, señálale la conducta, no te refieras nunca a su forma de ser, solo dile lo que no te gusta de su actuación.
  • Presta atención no solo a lo que le transmites con palabras sino también a tu actitud: gestos, expresión, tono de voz. La comunicación no verbal transmite más nuestros sentimientos y es la que al final recibirá tu hijo.
  • Transmitir a tu hijo cómo te sientes, es tan importante como estar atento para escuchar sus sentimientos, alegrías. A esta edad son muy sensibles a la sinceridad en la relación. Esta dualidad en la comunicación es imprescindible para lograr la confianza con tu hijo. La obediencia está muy relacionada con el cariño y el cariño se fomenta con el conocimiento real de una persona.
  • Aprende a utilizar la escucha activa, sobre todo cuando intuyes que existen sentimientos negativos. Para ello debes de ponerte en la situación de tu hijo, escuchando no sólo sus palabras sino intentando captar sus sentimientos. No quedarte solo con las palabras ofensivas sino percibir sus sentimientos de dolor. Por muy negativos que sean esos sentimientos es mejor que tu hijo hable de ellos.
  • No tomes la manera de discutir de tu hijo como algo personal, el adolescente es muy impulsivo y suele acalorarse en las discusiones. Evita ponerte a su altura. Si estás muy nervioso es preferible dejar la conversación para otro momento en el que estés más calmado.
  • Evita las faltas de respeto. El amor debe ir unido al respeto. No se debe perder el respeto a un hijo pero tampoco permitir que el te pierda el respeto. No se gana nada con los gritos y los reproches. Si tu hijo empieza a ponerse tonto, le dices lo que debe hacer y te vas de la habitación, no le enseñas a dialogar a gritos.
  • Establece normas en los aspectos fundamentales. Permítele que participe en la decisión de las mismas, para llegar a pactar normas claras y concisas y en aquello que no sea negociable sé consistente y firme, aunque debes dejar un margen para la discusión.
  • Explica la pérdida de privilegios cuando no cumpla las normas. Intenta pactarlos de antemano, y si no cumple lo establecido explícale que ha fallado a tu confianza y que eso tiene consecuencias.
  • Es importante que ambos padres vayáis al unísono.
  • Utiliza el sentido del humor para desdramatizar.

Finalmente, tu prioridad debe ser buscar que tu hijo sea responsable de sus estudios, amigos, cada vez más y que cumpla acuerdos y normas que le hayas establecido para que poco a poco sea él el que se controle y organice.

Cuándo pedir ayuda

Pueden existir situaciones en las que sea aconsejable acudir a un especialista. Si tu hijo presenta alguno de estos síntomas puede necesitar ayuda:

  • Un estado de ansiedad continuo.
  • Sentimientos constantes de tristeza, pesimismo.
  • Tendencia sistemática a culpar a los demás de sus errores.
  • Impulsividad extrema, con incapacidad para reflexionar y anticipar las consecuencias de sus actos.
  • Incapacidad de tomar decisiones, siendo totalmente influenciable por los demás.