Convulsiones febriles infantiles

Begoña Oreste Armendáriz. . DUE Inspección Médica. Ayto de Pamplona Eva Mª Heras Álvarez. . DUE. CA Mutua Asepeyo Pamplona-Los Agustinos

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Las convulsiones febriles constituyen el problema neurológico más común en niños entre los 3 meses hasta los 5 años de edad. La convulsión o “ataque” se desencadena asociada a fiebre superior a 38º C, generalmente debido a una infección viral respiratoria, gastrointestinal, de oído o roséola infantil. Se manifiesta con síntomas muy parecidos a la epilepsia, en las primeras 24 horas de una enfermedad y no necesariamente cuando la fiebre está en su punto más alto.

Estas convulsiones ocurren sin ninguna infección del cerebro o de la médula espinal u otra causa del sistema nervioso (neurológica) y suelen durar menos de 15 minutos.

¿A quién afectan las convulsiones febriles?

Aproximadamente cuatro niños de cada 100 menores de cinco años sufre una convulsión febril.

La edad media es entre 18 y 24 meses, aunque puede aparecer en menores de 6 meses y mayores de 7 años.

Es probable que un niño tenga más de una convulsión febril si:

  • Hay antecedentes familiares de este tipo de convulsiones.
  • La primera convulsión sucedió antes de los 12 meses.
  • La convulsión sucedió con una fiebre de menos de 39° C.

¿Cómo las podemos reconocer?

El niño suele tener fiebre, la mayoría de las veces por catarros de las vías respiratorias altas, generalmente leves y provocados por virus.

Bruscamente el niño comienza con movimientos de contracción de brazos, piernas, tronco, cabeza y cuello, con pérdida de conciencia, no responde a ninguna orden, los ojos miran al infinito, a veces no respira y los labios adquieren un color morado.

La contracción es interrumpida por momentos breves de relajación, seguidos de un período corto de somnolencia o confusión. Afortunadamente estos episodios tienen una duración muy corta, normalmente de uno o pocos minutos.

¿Cómo podemos actuar los padres?

Si el niño tiene fiebre, hay que intentar disminuir la temperatura con medios físicos: bañarlo con agua tibia, poner paños templados en la frente o cuello, no taparle excesivamente. Si el niño presenta convulsiones:

  • No intentar meterle nada en la boca a la fuerza para impedir que se muerda la lengua, ya que esto aumenta el riesgo de lesiones.
  • No detener los movimientos de la convulsión. Apartar las cosas con las que puede hacerse daño.
  • Solamente moverlo si está en un lugar peligroso.
  • Si lleva alguna prenda de vestir alrededor del cuello que quede ajustada, aflojarla o retirarla.
  • Si vomita, ponerlo de lado para evitar aspiración.

¿Cómo se tratan las convulsiones en un centro sanitario?

La mayoría de las convulsiones febriles ceden antes de llegar a Urgencias.

La actuación consiste en:

  • Exploración por órganos y aparatos.
  • Prevenir aspiración y asegurar vía aérea: cabeza en decúbito lateral, aspirar secreciones y contenido gástrico si preciso.
  • Oxigeno nasal si cianosis.
  • Medicación anticonvulsivante si precisa.
  • Disminuir la temperatura con medios físicos (baño, esponja, retirada de ropa) y/o medicación antitérmica.
  • Si la crisis duró más de 20-25 minutos, considerar STATUS EPILÉPTICO y tratar el edema cerebral.
  • Siempre que existan signos de infección, se le administrará tratamiento antibiótico.
  • Punción lumbar si: sospecha de meningitis, niño menor de 6 meses, no se encuentra explicación para la fiebre o ante cualquier duda clínica. La meningitis provoca menos del 0.1% de las convulsiones febriles pero SIEMPRE se debe tener en cuenta.

¿Pueden prevenirse?

El tratamiento preventivo sólo se realiza en algunos casos y debe ser siempre indicado por el médico.

Consiste en la administración de fármacos de forma intermitente en los procesos febriles hasta que hayan pasado dos años sin convulsiones o hasta que supere la edad de 6-7 años. A pesar de los síntomas y de su apariencia alarmante, las convulsiones son a menudo benignas y hereditarias. Las crisis convulsivas febriles son inofensivas, no causan daño cerebral, no causan parálisis ni lesiones cerebrales, no causan retraso mental o algún otro trastorno del sistema nervioso, y no existe evidencia de que causen muerte ni epilepsia, ni disminución del QI o problemas de aprendizaje.