Las consultas dermatológicas constituyen uno de los principales motivos de consulta en atención primaria en pediatría. Dentro de los mismos, las verrugas son una de las más habituales. Se trata de una infección causada por el virus del papiloma humano (VPH) con hasta un 10% de incidencia en la población.
Clínicamente puede ser asintomática al principio, pero con la evolución pueden causar, dolor o preocupación estética, especialmente cuando aparecen en zonas visibles o sometidas a presión. Aproximadamente dos tercios suelen desaparecer de forma espontánea durante los dos primeros años, por lo que la actitud expectante de “esperar y ver” constituye una actitud perfectamente válida.
El diagnóstico suele ser clínico, basado en el aspecto característico de las lesiones. Las verrugas vulgares son lesiones elevadas de superficie rugosa que en ocasiones adoptan una forma filiforme. Las verrugas planas se ven como pequeñas pápulas lisas del color de la piel.
Es importante el diagnóstico diferencial de las verrugas plantares con el heloma o “callo” que representa un problema mecánico y no infeccioso.
Cuando existen dudas diagnósticas, la dermatoscopia constituye una herramienta de gran utilidad. En la verruga se observan múltiples vasos puntiformes o pequeños glóbulos rojo-negruzcos, que corresponden a capilares dilatados o trombosados, rodeados por un halo blanquecino.
Otro hallazgo típico es la interrupción de las líneas normales de la piel, lo que ayuda a distinguirlas de los callos o helomas donde permanecen conservadas.
Métodos químicos, físicos e inmunomoduladores
Actualmente no existe ningún tratamiento capaz de eliminar específicamente el VPH. Se busca la destrucción del tejido donde se asientan las lesiones. Se dividen en métodos químicos, físicos e inmunomoduladores. Dado que son métodos dolorosos y que pueden dejar cicatrices la elección terapéutica depende de factores como la edad del paciente, el número, localización de las lesiones, si producen o no clínica y las preferencias del propio paciente o su familia.
Entre los métodos químicos, el ácido salicílico continúa siendo el tratamiento de primera elección en muchas verrugas por su seguridad y facilidad de aplicación, aunque requiere constancia durante varias semanas.
Los retinoides tópicos, como el ácido retinoico, son especialmente útiles en las verrugas planas, ya que favorecen una exfoliación progresiva con escaso riesgo de cicatriz. El 5-fluorouracilo, frecuentemente combinado con ácido salicílico, inhibe la proliferación celular y puede resultar útil en verrugas resistentes. En lesiones periungueales hay que tener en cuenta que puede producir onicolisis grave. La cantaridina (extraída de la cantárida, un coleóptero llamado Lytta vesicatoria o mosca de España) con una importante capacidad vesicante que provoca la eliminación de la lesión, aunque es un tratamiento muy irritante. También esta descrito su uso para el molluscum contagiosum. El ácido tricloroacético, por último, produce necrosis química del tejido mediante coagulación de las proteínas celulares.
Los métodos físicos buscan destruir directamente la verruga. Entre ellos se incluyen la crioterapia con nitrógeno líquido, la electrocoagulación, y la laserterapia. La crioterapia es probablemente la técnica física más utilizada por su buena eficacia y aceptable tolerancia.
Los tratamientos inmunomoduladores pretenden estimular la respuesta del sistema inmunitario frente al virus. El más empleado es el imiquimod aunque también están descritas la podofilotoxina y las sinecatequinas, derivadas de los polifenoles del té verde.
En conclusión, disponemos de una gran variedad de tratamientos a pesar de lo cual puede resultar frustrante por no haber uno que sea indoloro, eficaz y con baja tasa de recurrencia por lo que es esencial trasmitir la naturaleza benigna y la tendencia a la autoresolución de las lesiones dando una expectativa realista sobre los resultados de los mismos.
AUTORES
Sergio Collado Caro. MIR Pediatría. Hospital Universitario de Navarra.
Jorge Álvarez García. Pediatra. CS de Ansoain.
Estíbaliz Sáez López. DUE Unidad de Calidad y Sistemas de Información en Cuidados. Hospital Universitario de Navarra.
María Erroz Ferrer. FEA Pediatría. Hospital Universitario de Navarra.
María García Ayerra. Pediatra CS de Ansoain


