Los trastornos respiratorios del sueño en la infancia abarcan un amplio espectro clínico que puede ir desde el ronquido habitual hasta la apnea obstructiva del sueño (AOS). Conocer las características principales de este síndrome y los signos de alarma por los que consultar ayudará a los padres de niños roncadores a saber cuándo es necesario solicitar una valoración médica.
¿Qué es la apnea obstructiva del sueño?
La AOS es un trastorno respiratorio del sueño caracterizado por episodios repetidos de obstrucción parcial o completa de la vía aérea superior durante el sueño, que alteran la ventilación normal y la calidad del descanso.
Presenta una prevalencia estimada del 1-5% en la población infantil. Su pico de incidencia ocurre entre los 2 y 6 años, presentando una mejoría posterior conforme aumenta la edad.
Existen diferencias importantes entre la AOS en adultos y en niños, tanto en las causas que la producen como en su presentación clínica.
Los factores que pueden favorecer su aparición están relacionados con características anatómicas que provoquen una obstrucción de la vía aérea superior, como la hipertrofia adenoamigdalar (las conocidas “amígdalas y vegetaciones”), malformaciones craneofaciales, obesidad, enfermedades neuromusculares o neurológicas, algunos síndromes genéticos (como el síndrome de Down o el síndrome de Prader-Willi), la prematuridad, la exposición al humo del tabaco o los antecedentes familiares de AOS.
¿Qué síntomas pueden hacernos sospechar un AOS?
Entre los síntomas nocturnos destacan el ronquido, la respiración dificultosa durante el sueño, la respiración bucal, el sueño inquieto con despertares frecuentes, las pesadillas o terrores nocturnos, la sudoración intensa y los escapes nocturnos de orina persistentes.
La alteración del descanso nocturno puede repercutir durante el día y manifestarse como cansancio, somnolencia, dolores de cabeza frecuentes, alteraciones conductuales con hiperactividad o déficit de atención, o disminución del rendimiento escolar.
La importancia del AOS radica en su posible impacto negativo sobre el desarrollo cognitivo, metabólico y cardiovascular del niño. En los casos más graves puede asociarse a hipertensión arterial, alteraciones del crecimiento y problemas cognitivos con afectación de la memoria de trabajo, el razonamiento y las funciones ejecutivas.
¿Cómo se diagnostica?
La diferencia principal entre un niño con ronquido y un niño con AOS es la presencia de apneas durante el sueño. Estas apneas son pausas respiratorias que pueden acompañarse de movimientos torácicos indicativos de esfuerzo respiratorio, seguidos de despertares o microdespertares.
Una medida muy útil para orientar el diagnóstico es realizar una grabación en vídeo del niño durante el sueño, especialmente cuando esté roncando o existan sospechas de pausas respiratorias. Una grabación de unos 30 minutos puede aportar información muy valiosa al pediatra.
Cuando la sospecha clínica es elevada, la prueba diagnóstica de referencia es la polisomnografía nocturna. Esta prueba se realiza durante una noche en el hospital y registra parámetros cerebrales, cardiorrespiratorios y musculares, permitiendo confirmar la presencia de apneas, diferenciar si son obstructivas o centrales y determinar la gravedad del trastorno.
¿Cuál es el tratamiento?
El tratamiento dependerá de la causa y de la gravedad del cuadro.
En los casos asociados a obesidad, una de las medidas fundamentales será la pérdida de peso. Cuando existe sospecha de obstrucción de la vía aérea superior por hipertrofia adenoamigdalar, se solicitará una valoración por Otorrinolaringología para determinar si es necesario realizar tratamiento quirúrgico.
En algunas malformaciones craneofaciales pueden utilizarse dispositivos intraorales, como determinados aparatos de ortodoncia o expansión maxilar, y en casos seleccionados puede plantearse cirugía correctora.
Por último, cuando persisten las apneas pese al tratamiento de las causas identificadas, existen dispositivos de ventilación no invasiva que, mediante la administración de aire a presión durante el sueño, ayudan a mantener abierta la vía aérea y reducen el número de apneas y los síntomas asociados.
Conclusión
Los niños que roncan de forma habitual —más de tres noches por semana y fuera del contexto de infecciones respiratorias— son aquellos en los que conviene prestar especial atención a la aparición de signos de alarma como pausas respiratorias durante el sueño, despertares frecuentes, respiración bucal persistente, sueño inquieto, somnolencia diurna o alteraciones de la conducta y del rendimiento escolar.
Sin embargo, es importante recordar que no todos los niños que roncan presentan apnea obstructiva del sueño. La presencia aislada de ronquido no implica necesariamente una enfermedad. No obstante, cuando aparecen alguno de los signos de alarma descritos, es recomendable consultar con el pediatra.
AUTORES
María Erroz Ferrer, Natividad Viguria Sánchez y Laura Moreno Galarraga.
Servicio de Neumología Pediátrica. Hospital Universitario de Navarra


