La estandarización de la reanimación cardiopulmonar ha dado lugar a un incremento significativo en la supervivencia de pacientes con parada cardiaca. Esta eventualidad ha permitido en las últimas décadas la descripción de sucesos que parecen tener lugar en situaciones de riesgo vital extremo y/o muerte clínica conocidos como «experiencias cercanas a la muerte» (ECMs).
Durante una parada cardiaca, al interrumpirse la circulación, se produce un falta de suministro de oxígeno al cerebro que ocasiona una pérdida de consciencia, asi como el cese de la respiración, conocida como «muerte clínica». Generalmente se trata de un estado reversible si se emprenden maniobras de reanimación cardiopulmonar en unos 5-10 minutos; pero una mayor demora en la resucitación puede desencadenar una muerte neuronal masiva y el paciente, casi en la totalidad de los casos, fallecerá.
En el año 1969, el cardiólogo neerlandés Pim von Lommel refería que tras una exitosa resucitación al aplicar la reanimación cardiopulmonar a un adulto que había sufrido un paro cardíaco, al recuperar su consciencia -para sorpresa de todos- hablaba emocionado de un túnel, de colores, de una luz, de un hermoso paisaje, etc. Pero, fue el psiquiatra Raymond Moody quien popularizó el termino “experiencias cercanas a la muerte” con su best-seller “Life after life” (Vida después de la vida), publicado en 1975, como la rememoración de todas las impresiones secuencialmente percibidas durante un estado profundo de inconsciencia (en paro cardíaco y/o riesgo vital extremo) que incluía sensaciones de paz y quietud, percepciones extracorpóreas verificables, viaje a través de un entorno oscuro hacia una luz muy brillante, encuentro con familiares y/o amigos fallecidos, revisión panorámica de su vida, etc.
En la edad infantil, el primer caso compatible con ECMs fue publicado en 1983 por el pediatra Melvin Morse en una niña de 7 años de edad que relataba, tras ser reanimada de una parada cardiaca secundaria a un ahogamiento por inmersión, haber experimentado en esos momentos críticos un estado similar al descrito en los adultos: sensación de bienestar, experiencias fuera del cuerpo, paso por un túnel oscuro a un mundo de luz, percepción de un entorno sobrenatural, encuentro con seres místicos y familiares fallecidos, etc. A partir de entonces, los análisis bibliométricos han constatado un creciente interés en el estudio de las ECMs, con un aumento progresivo del número casos publicados en revistas biomédicas, tanto en adultos como en la población pediátrica. Curiosamente, las investigaciones han corroborado que cuando en la edad pediátrica se tienen ECMs prácticamente se evocan los mismos componentes que refieren los adultos; es decir, comparten un patrón secuencial general reconocible.
Bruce Greyson, profesor de psiquiatría en la Universidad de Virginia, distinguió 16 elementos que suelen darse en el transcurso de las ECMs, agrupándolos en cuatro categorías: cognitivos, afectivos, paranormales y trascendentales (tabla 2); aunque no se trata de componentes aislados, dado que este fenómeno constituye una secuencia ininterrumpida. El cuestionario de la escala de Greyson ha contituido un hito en la sistematización científica de las ECMs al permitir analizar sus características fenomenológicas mediante un instrumento psicométrico validado.
Tabla 2. Elementos característicos de las ECMs
Cuestionario de la escala de Greyson
(Grupos de elementos de las ECMs)
Cognitivos
¿El tiempo pareció acelerarse o ralentizarse?
¿Tus pensamientos se aceleraron?
¿De repente sentiste que lo entendías todo?
¿Te vinieron a la mente escenas de tu pasado?
Afectivos
¿Sentiste paz o bienestar?
¿Sentiste alegría?
¿Sentiste armonía o unidad con el universo?
¿Te sentiste rodeado por una luz brillante al final de un túnel?
Paranormales
¿Te sentiste separado de tu cuerpo?
¿Tus sentidos estaban más agudos de lo normal?
¿Sentiste que eras consciente de lo que sucedía en otros lugares?
¿Te vinieron a la mente escenas del futuro?
Trascendentales
¿Sentiste que entraste en otro mundo, un mundo sobrenatural?
¿Viste espíritus de personas fallecidas o religiosas?
¿Llegaste a un límite o punto de no retorno?
¿Sentiste que te encontrabas con un ser o presencia mística?
La mayoría de las ECMs suelen ocurrir asociadas a un paro cardíaco; es decir, en pacientes inconscientes y/o clínicamente muertos. Las ECMs tienen lugar en un tercio de los pacientes que sobreviven a la resucitación cardiopulmonar, pero no se han identificado marcadores médicos y/o psicológicos que expliquen porqué algunos de ellos -no la mayoría- las experimentan.
Se han considerado distintas hipótesis acerca de las causas y el contenido de las ECMs; no obstante, tanto las teorías fisiológicas (deficiencia de oxígeno y/o incremento de dióxido de carbono, liberación de endorfinas por estrés, etc.) como psicológicas (despersonalización, disociación, etc.) no han logrado establecer una explicación integral de la compleja naturaleza de este fenómeno.
El conocimiento científico actual es incapaz de explicar cómo todos esos elementos de las ECMs pueden ser experimentados en un periodo en el que está gravemente afectada la perfusión cerebral (flujo de sangre al cerebro). Desde una perspectiva médica, no debería ser posible que personas profundamente inconscientes describan experiencias altamente detalladas y lógicamente estructuradas. Existen tantos casos bien documentados de personas que relatan percepciones extracorpóreas verificables (refieren que desde una ubicación exterior y cenital respecto a su cuerpo, eran testigos de su propia reanimacion, y los profesionales sanitarios suelen quedar asombrados ante el grado de detalles que estos pacientes aportan sobre dichas maniobras de resucitación), que es casi imposible albergar dudas sobre estas experiencias o achacarlas la fantasía y la imaginación.
Por ultimo, cabe comentar que resulta sorprendente que un niño sin ningún tipo de conocimiento anterior acerca del tema pueda elaborar un relato que, en gran medida, coincida con los testimonios de los adultos, cuando es poco probable que sus descripciones puedan estar condicionadas por influencias externas. Es más, cuando acontecen en etapas prelingüísticas, tan pronto como son capaces de hablar relatan experiencias bastante completas y/o recrean dibujos alusivos. Por tanto, los niños podrían aportar un mayor grado de validez a las ECMs como fenómenos objetivos, constituyendo una población de investigación sustancial para el estudio de las ECMs.
AUTOR
Teodoro Durá Travé. Profesor de Pediatría. Facultad de Medicina. Universidad de Navarra


