Déficit de vitamina D: implicancias clínicas, diagnóstico y tratamiento


Ana Lydia Sánchez Aso. FEA Geriatría. Hospital General de la Defensa, Zaragoza. Emma Alfaro Sierra. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.

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La deficiencia de vitamina D es un problema de salud pública a nivel mundial, con alta prevalencia en todas las edades, especialmente en adultos mayores, personas con exposición solar limitada y ciertas condiciones crónicas. La vitamina D es esencial no solo para la salud ósea, sino también para funciones inmunológicas, musculares y cardiovasculares. Este artículo revisa las causas del déficit, manifestaciones clínicas, criterios diagnósticos y estrategias terapéuticas actuales.

Etiología del déficit

  • Disminución de síntesis cutánea: envejecimiento, uso de protector solar, ropa cubritiva, latitudes alejadas del ecuador.
  • Ingesta dietética inadecuada: consumo bajo de lácteos, pescado o alimentos fortificados.
  • Malabsorción intestinal: enfermedades como celiaquía, enfermedad inflamatoria intestinal o cirugía bariátrica.
  • Alteraciones metabólicas: insuficiencia renal o hepática, que afectan la activación de la vitamina D.
  • Medicamentos: antiepilépticos, glucocorticoides, rifampicina.

Diagnóstico

El marcador más confiable es la medición sérica de 25-hidroxivitamina D [25(OH)D].

  • Deficiencia: <20 ng/mL.
  • Insuficiencia: 20–30 ng/mL.
  • Suficiencia: >30 ng/mL (según la Endocrine Society) Otros parámetros como PTH, calcio y fosfato pueden apoyar el diagnóstico.

Consecuencias clínicas

  • Osteomalacia y fracturas por fragilidad.
  • Debilidad muscular, caídas en adultos mayores.
  • Riesgo aumentado de enfermedades crónicas: hipertensión, diabetes tipo 2, infecciones respiratorias y ciertos cánceres.
  • Evidencia emergente en enfermedades neuropsiquiátricas (depresión, deterioro cognitivo).

Tratamiento

  • Suplementación oral: vitamina D3 (colecalciferol) preferida sobre D2 (ergocalciferol)
    • Dosis sugerida: 800–2000 UI/día para adultos
    • En casos de deficiencia severa: dosis de carga (ej. 50.000 UI/semana x 8 semanas)
  • Monitoreo: repetir 25(OH)D tras 8–12 semanas.
  • Prevención: exposición solar moderada (15–30 minutos/día), dieta rica en vitamina D, fortificación de alimentos.

Conclusión

El déficit de vitamina D es frecuente y subdiagnosticado. Su abordaje requiere una estrategia integral basada en prevención, suplementación adecuada y educación del paciente. Su corrección puede mejorar la salud ósea y posiblemente otros parámetros de salud general.

AUTORAS:

Ana Lydia Sánchez Aso. FEA Geriatría. Hospital General de la Defensa, Zaragoza.

Emma Alfaro Sierra. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.