La deficiencia de vitamina D es un problema de salud pública a nivel mundial, con alta prevalencia en todas las edades, especialmente en adultos mayores, personas con exposición solar limitada y ciertas condiciones crónicas. La vitamina D es esencial no solo para la salud ósea, sino también para funciones inmunológicas, musculares y cardiovasculares. Este artículo revisa las causas del déficit, manifestaciones clínicas, criterios diagnósticos y estrategias terapéuticas actuales.
Etiología del déficit
- Disminución de síntesis cutánea: envejecimiento, uso de protector solar, ropa cubritiva, latitudes alejadas del ecuador.
- Ingesta dietética inadecuada: consumo bajo de lácteos, pescado o alimentos fortificados.
- Malabsorción intestinal: enfermedades como celiaquía, enfermedad inflamatoria intestinal o cirugía bariátrica.
- Alteraciones metabólicas: insuficiencia renal o hepática, que afectan la activación de la vitamina D.
- Medicamentos: antiepilépticos, glucocorticoides, rifampicina.
Diagnóstico
El marcador más confiable es la medición sérica de 25-hidroxivitamina D [25(OH)D].
- Deficiencia: <20 ng/mL.
- Insuficiencia: 20–30 ng/mL.
- Suficiencia: >30 ng/mL (según la Endocrine Society) Otros parámetros como PTH, calcio y fosfato pueden apoyar el diagnóstico.
Consecuencias clínicas
- Osteomalacia y fracturas por fragilidad.
- Debilidad muscular, caídas en adultos mayores.
- Riesgo aumentado de enfermedades crónicas: hipertensión, diabetes tipo 2, infecciones respiratorias y ciertos cánceres.
- Evidencia emergente en enfermedades neuropsiquiátricas (depresión, deterioro cognitivo).
Tratamiento
- Suplementación oral: vitamina D3 (colecalciferol) preferida sobre D2 (ergocalciferol)
- Dosis sugerida: 800–2000 UI/día para adultos
- En casos de deficiencia severa: dosis de carga (ej. 50.000 UI/semana x 8 semanas)
- Monitoreo: repetir 25(OH)D tras 8–12 semanas.
- Prevención: exposición solar moderada (15–30 minutos/día), dieta rica en vitamina D, fortificación de alimentos.
Conclusión
El déficit de vitamina D es frecuente y subdiagnosticado. Su abordaje requiere una estrategia integral basada en prevención, suplementación adecuada y educación del paciente. Su corrección puede mejorar la salud ósea y posiblemente otros parámetros de salud general.
AUTORAS:
Ana Lydia Sánchez Aso. FEA Geriatría. Hospital General de la Defensa, Zaragoza.
Emma Alfaro Sierra. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.
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