Hernia crural, ¿en qué se diferencia de una hernia inguinal?


Elena López Sisternes, Daniel Otero Romero, María Mejías Ledesma, Laura Gil Arribas, Irene Orduna Casla, Raquel Lorenzo Álvarez, Jaime Antón Pernaute

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Cuando hablamos de bultos en la zona de la ingle, la mayoría de las veces pensamos inmediatamente en una hernia inguinal. Sin embargo, existe otro tipo de tumoración menos frecuente pero a menudo más delicada: la hernia crural, también conocida como hernia femoral. Aunque ambas comparten una ubicación similar, su origen y comportamiento son distintos.

Mientras que la hernia inguinal asoma por el canal inguinal, la hernia crural aprovecha el conducto femoral, situado justo por debajo del ligamento de la ingle, cerca de donde pasan la arteria, vena y nervio femorales hacia la pierna. Esta variante es significativamente más común en mujeres, debido a la forma más ancha de su pelvis.

La principal particularidad de la hernia crural es que el orificio por el que sale es especialmente estrecho y rígido. Esto hace que sea mucho más difícil de detectar a simple vista y, al mismo tiempo, que tenga un riesgo mucho mayor de estrangularse que la hernia inguinal. Por ello, entender sus diferencias no es solo una cuestión de anatomía, sino una medida vital para identificar a tiempo una complicación que suele requerir una intervención urgente.

¿Cómo reconocer una hernia crural?

A diferencia de otros tipos de hernias, la crural puede pasar desapercibida durante mucho tiempo. Al ser un orificio pequeño, el bulto no siempre es evidente, especialmente en personas con sobrepeso. Sin embargo, existen señales clave que deben ponernos en sobreaviso:

  1. El bulto característico: el signo más común es la aparición de una pequeña protuberancia en la parte superior del muslo, justo debajo de la línea de la ingle. Se suele decir que “se palpa como una nuez” debajo del ligamento inguinal debido a su caracter redondeado y consistencia dura a la palpación. Puede hacerse más visible al toser, hacer esfuerzos o estar mucho tiempo de pie. A veces, el bulto es tan pequeño que solo se siente como una ligera molestia al palpar la zona.
  2. Molestias y dolor local. No siempre causa un dolor intenso desde el principio. Es frecuente sentir una sensación de pesadez o tirantez en la zona de la ingle, dolor sordo que puede irradiarse hacia la parte interna del muslo o malestar que empeora al levantar objetos pesados o realizar actividades físicas cotidianas.

¿Cuáles son los signos de complicación?

Debido a que el orificio por el que sale la hernia crural es muy rígido, es muy frecuente que el contenido se quede atrapado. Si esto ocurre, los síntomas cambian drásticamente apareciendo dolor repentino y muy agudo, la tumoración se vuelve extremadamente sensible al tacto.

  • Puede haber cambio de color de la piel sobre la hernia) puede ponerse roja, morada o incluso oscura).
  • Puede asociar náuseas y vómitos ya que se puede producir una obstrucción intestinal secundaria a la hernia.
  • Generalmente existe una imposibilidad para reintroducirla.

¿Cuál es el tratamiento?

A diferencia de las hernias inguinales complicadas en las que se puede optar por un tratamiento conservador si se consigue reducir la hernia, en las hernias crurales el tratamiento es siempre quirúrgico.

Esto se debe a la anatomía del orificio por el que sale la hernia. El espacio crural es tan pequeño que generalmente hace casi imposible reducir la hernia provocando en muchas ocasiones una estrangulación de la misma reduciendo el aporte de sangre hacia el intestino incarcerado pudiendo dar lugar a la necesidad de realizar una resección intestinal si hay sufrimiento intestinal.

Conclusión

La clave de la peligrosidad de la hernia crural reside en su anatomía. Mientras que la hernia inguinal asoma por un canal más flexible, la crural se abre paso a través del conducto femoral, un orificio mucho más estrecho y rígido. Esta diferencia estructural es la que provoca que la hernia crural tenga una tendencia mucho mayor a estrangularse. Por este motivo, el abordaje médico cambia drásticamente: si bien una hernia inguinal puede vigilarse o programarse con calma, el hallazgo de una hernia crural suele inclinar la balanza hacia una intervención quirúrgica temprana. Identificar correctamente la ubicación del bulto —por encima o por debajo de la ingle— no es solo un detalle anatómico, sino una distinción vital para evitar complicaciones graves y garantizar el tratamiento más seguro para el paciente.

AUTORES:

Elena López Sisternes, Médico Interno Residente de Cirugía General y del Aparato Digestivo, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza.

Daniel Otero Romero, Médico Interno Residente de Cirugía General y del Aparato Digestivo, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza.

María Mejías Ledesma, Médico Interno Residente de Cirugía General y del Aparato Digestivo, Hospital Universitario Príncipe de Asturias, Alcalá de Henares.

Laura Gil Arribas, F.E.A. Ginecología y Obstetricia, Hospital Comarcal de Alcañiz, Alcañiz.

Irene Orduna Casla, Médico Interno Residente de Medicina Intensiva, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza.

Raquel Lorenzo Álvarez, Médico Interno Residente de Medicina Intensiva, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza.

Jaime Antón Pernaute, Médico Interno Residente de Urología, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza.