El dolor es una de las causas más frecuentes de consulta en Atención Primaria. Aunque forma parte de la experiencia humana, no debe normalizarse ni considerarse inevitable. Comprender su origen y aprender a manejarlo adecuadamente mejora la calidad de vida y previene complicaciones físicas y emocionales.
El dolor puede ser agudo o crónico, según su duración y evolución. El primero suele tener una causa clara —como una herida, cirugía o inflamación— y desaparece al resolverse el problema. El dolor crónico, en cambio, persiste durante meses o años, a menudo sin una causa visible, y puede alterar el sueño, el estado de ánimo y la vida diaria. Ambos requieren atención, pero su abordaje es diferente.
El dolor crónico, en particular, requiere una visión amplia y paciente. Aprender a convivir con él no significa resignarse, sino recuperar el control mediante herramientas de autocuidado. La educación sanitaria ayuda a comprender la enfermedad, reducir el miedo y fomentar la autonomía.
Desde Atención Primaria, se realiza una valoración integral del dolor, considerando no solo la intensidad, sino también el impacto en la vida cotidiana. Escuchar al paciente, identificar los factores que agravan o alivian el malestar y adaptar el tratamiento son pasos esenciales para un manejo eficaz.
Tratamiento del dolor
El tratamiento del dolor combina estrategias farmacológicas y no farmacológicas. Los analgésicos deben ajustarse a cada caso, con seguimiento cercano para valorar su eficacia y prevenir efectos secundarios. Pero su tratamiento no solo se limita al uso de fármacos. Existen múltiples estrategias que complementan la medicación. Técnicas como el ejercicio adaptado, la relajación, la fisioterapia o las terapias de apoyo emocional contribuyen a mejorar la calidad de vida. Cada persona necesita un plan individualizado que contemple su situación física, emocional y social.
Uno de los errores más comunes es ‘aguantar el dolor’ por miedo a los analgésicos o a la dependencia. La realidad es que controlar el dolor favorece la recuperación, mejora la movilidad y previene el deterioro funcional. El uso racional y supervisado de la medicación es seguro y evita el sufrimiento innecesario.
El dolor es una señal de alerta, pero cuando se cronifica deja de cumplir esa función y se convierte en una enfermedad por sí mismo. Tratarlo no es un lujo, sino una necesidad. Los profesionales de Atención Primaria desempeñan un papel clave acompañando, educando y ayudando a las personas a reconocer y expresar su dolor. Comprenderlo es el primer paso para aliviarlo.
AUTORES:
- Sonia Matarranz Rípodas. Enfermera Especialista Familiar y Comunitaria. ISPLN.
- Miriam Royo Álvarez. F.E.A. de Medicina Intensiva. Hospital Universitario Royo Villanova, Zaragoza.
- Marina Beroiz Salaverri. Técnico de Laboratorio. Hospital de Navarra. Pamplona.
- Iker López Alforja. Óptico-optometrista. Óptica.


