El oído, clave en el desarrollo de los bebés

Centro Navarro de la Audición.

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El feto desarrolla su oído en el vientre materno y a partir del nacimiento empieza a trabajar recopilando experiencias sonoras e incorporándolas a la memoria. Así reconoce, por ejemplo, a sus padres y así va construyendo el lenguaje y aprendiendo las palabras y su significado o desarrollando alertas ante diferentes ruidos, como el de un claxon. Las pérdidas leves de oído pueden afectar a su desarrollo cognitivo y emocional; por eso, ante cualquier sospecha, lo mejor es consultar con un medico que nos confirmará o eliminará dudas y aconsejará sobre las posibles soluciones.

En el siglo XIX se creía que el bebe nacía sordo y que a partir de ahí empezaba a desarrollar la audición. Hoy se acumulan evidencias de que el feto oye, especialmente en el último trimestre, registrándose observaciones de actividad de sobresalto en los movimientos fetales al provocarse un portazo, por ejemplo. El bebe puede oír voces y sonidos, incluso empezar a diferenciarlos. No puede reconocer las palabras, pero sí capta el tono de voz, aunque probablemente la voz llegue con modificaciones debido a que atraviesa las paredes uterinas y el líquido amniótico.
Aunque el feto esté protegido, hay que recordar que se amortiguan los sonidos de alta frecuencia pero no los de alta intensidad. Por lo menos en las últimas semanas deberíamos tener mucho cuidado con los gritos, golpes, ruidos laborales o música muy fuerte. De hecho hay movimientos en extremidades y parpados como señal de malestar fetal cuando los sonidos alcanzan los 105 dB.
El sistema auditivo del ser humano es diferente al de los animales porque recibe, interpreta y responde a un lenguaje complejo. Para que el sistema auditivo se desarrolle necesita experiencias auditivas de voces y sonidos que le lleguen por lo menos en las doce ultimas semanas de embarazo.
Al bebe debe llegarle el estimulo auditivo de forma natural. No hay pruebas de que escuchar música clásica influya, por ejemplo, en la creatividad o la inteligencia; aunque probablemente relajen a la madre, lo cual será bueno. Algunos científicos afirman que poner auriculares sobre el abdomen de la madre puede interrumpir las pautas de sueño del feto.

A partir del nacimiento

Al nacer el sistema auditivo empieza a trabajar recopilando experiencias sonoras e incorporándolas a nuestra memoria de forma paulatina: cada sonido nuevo se relaciona con la causa que lo produce y se archiva. Con un ruido fuerte y repentino se producirá un sobresalto, con una canción de cuna provocaremos el sueño o el descanso.
A los tres meses el bebe reconocerá la voz de sus padres y mostrara señales de ello y a los seis meses podrá mirar al lugar de donde proviene el sonido, es decir, empieza la localización espacial gracias a los oídos, que en condiciones normales nos acompañara toda la vida y que nos puede ayudar a sobrevivir en algún momento (por ejemplo, apartándonos cuando oímos el claxon de un vehículo)
Al año aproximadamente, la escucha repetida ya ha descifrado parcialmente el lenguaje y somos capaces de emitir sonidos e incluso de decir palabras como papa o mama.
Es tan importante la audición para el desarrollo emocional, cognitivo y social del ser humano que una perdida leve podría afectar a la capacidad de hablar o entender. Los niños que tengan problemas auditivos sin tratar pueden experimentar problemas en el habla, falta de atención, dificultades para el aprendizaje o respuestas inadecuadas al ritmo conversacional. Los tres primeros años de vida son importantísimos para aprender un idioma.
Hay muchos factores que pueden influir en la pérdida auditiva de un niño, una anomalía que puede afectar al uno por mil de los bebes. Por ello es tan importante detectar todo aquello que nos parezca sospechoso y consultar con un medico que nos confirmará o eliminará dudas, aconsejando las posibles soluciones, que podrían incluir la adaptación de audífonos o un implante coclear.
Los niños con pérdida auditiva no tienen ningún problema que afecte a su inteligencia y por ello no debemos consentir que nuestros prejuicios, desconocimiento o desidia puedan mermar su integración plena a la sociedad.