El Síncope Vasovagal: cuando el sistema nervioso “desconecta” el corazón


Mercedes Vicente de Vera Bueno, Paola Navarro Lago, Ainara Baines García, Javier Moreira Calderón y Julio Ros Sanz

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El síncope es lo que popularmente conocemos como desmayo o pérdida brusca del conocimiento. Entre todos los tipos que existen, el vasovagal es el más común. Aunque en la gran mayoría de los casos no representa un peligro vital, entender por qué ocurre es fundamental para prevenir caídas y reducir la angustia de quienes lo padecen.

1. ¿Qué es y por qué se produce?

El síncope vasovagal ocurre debido a un error de comunicación entre el cerebro y el corazón. Ante ciertos estímulos, el nervio vago (encargado de relajar el cuerpo) se activa en exceso, provocando dos efectos inmediatos:
• Bradicardia: El corazón late más lento de lo normal.
• Vasodilatación: Las arterias se relajan y la sangre se acumula en las piernas por gravedad. Como resultado, llega temporalmente menos oxígeno al cerebro y este decide “reiniciarse”, provocando la pérdida de conciencia.

2. Desencadenantes comunes

A diferencia de otros problemas cardíacos, este síncope suele tener un “culpable” externo claro:
• Estar de pie durante mucho tiempo (especialmente en lugares calurosos).
• Extracciones de sangre o visión de heridas.
• Dolor intenso o emociones súbitas.
• Esfuerzos físicos bruscos, tos intensa o incluso deshidratación.

3. Los “Pródromos”: las señales de aviso

Una de las características científicas más importantes del síncope vasovagal es que suele avisar. Estos síntomas previos se llaman pródromos:
• Visión borrosa o “en túnel” (ver manchas negras).
• Sudoración fría y palidez extrema.
• Náuseas o sensación de calor súbito.
• Pitido en los oídos (acúfenos). Si siente estos síntomas, el cuerpo le está enviando una alerta roja: debe tumbarse inmediatamente.

4. ¿Cómo se diagnostica?

El cardiólogo debe descartar primero que el desmayo no se deba a una arritmia grave. Para ello se utilizan:
• Electrocardiograma (ECG): para revisar la actividad eléctrica basal.
• Holter de ritmo: un dispositivo que graba los latidos durante 24-48 horas.
• Prueba de Mesa Basculante (Tilt Test): en casos dudosos, se coloca al paciente en una camilla que se inclina para provocar el síncope de forma controlada y observar la reacción del corazón.

5. Tratamiento y maniobras de rescate

La mayoría de los pacientes no necesitan medicación, sino cambios en el estilo de vida y maniobras físicas:
• Aumento de sal y líquidos: bajo supervisión médica, para aumentar el volumen de sangre.
• Maniobras de contrapresión: si siente que se va a desmayar, cruce las piernas con fuerza o apriete los puños. Esto ayuda a devolver la sangre de las extremidades al corazón.
• Uso de medias de compresión: para evitar que la sangre se “estanque” en las piernas.

6. Conclusión

El síncope vasovagal es una respuesta exagerada de nuestro sistema de defensa. Aunque es una experiencia impactante, la clave del éxito está en reconocer las señales de aviso y actuar con rapidez. Si usted sufre desmayos frecuentes, consulte con su equipo de cardiología para confirmar el diagnóstico y aprender a controlar estos episodios de forma segura.

AUTORES

Mercedes Vicente de Vera Bueno. MIR de Cardiología en el Hospital Universitario Joan XXIII de Tarragona.
Paola Navarro Lago. Médica adjunta de Anestesiología y Reanimación en el Hospital Reina Sofía de Tudela.
Ainara Baines García. Médica adjunta de Aparato Digestivo en el Hospital Reina Sofía de Tudela.
Javier Moreira Calderón. MIR de Oftalmología en el Hospital Universitario Joan XXIII de Tarragona.
Julio Ros Sanz. MIR de Medicina Familiar y Comunitaria en el Hospital de Valls de Tarragona