Desde los años 50, el uso de protectores sobre pacientes era una práctica extendida.
En el campo del radiodiagnóstico ha surgido un cambio de paradigma en cuanto al uso de protectores contra la radiación ionizante.

¿Qué ha cambiado?
Según las recomendaciones de consenso emitidas por especialistas en radiología, el uso de estos dispositivos de protección no es necesario en la mayoría de los casos. El beneficio que antes se obtenía con las protecciones prácticamente ha desaparecido.
Los equipos actuales de radiodiagnóstico administran menos dosis que hace décadas y el uso de protectores puede incluso obstaculizar la obtención de imágenes de calidad.
Razones para el cambio de paradigma en cuanto a protección radiológica
- Avances tecnológicos y reducción de la radiación: En los últimos años, las mejoras tecnológicas en los equipos de radiodiagnóstico han permitido obtener imágenes de alta calidad con niveles de radiación significativamente más bajos en comparación con décadas anteriores. Esto ha permitido reducir las dosis de radiación impartidas a los pacientes, haciendo que el uso de protectores sea innecesario en la mayoría de los casos.
- Ineficacia del blindaje: los blindajes no reducen la radiación dispersa interna producida en el propio paciente, que es el origen de la mayor cantidad de radiación recibida por los órganos que no aparecen en la imagen radiológica.
- Dificultades en el diagnóstico: El uso de prendas de protección puede dificultar la obtención de imágenes de calidad. En algunos casos, es difícil colocar correctamente el blindaje, pudiendo ocultar patologías y siendo necesario repetir la prueba, lo que aumentaría la exposición del paciente a la radiación.
- Interferencia con el control automático de exposición: La protección también puede interferir con el control automático de exposición de los equipos radiológicos, provocando el efecto contrario al deseado y resultando un aumento innecesario de la dosis de radiación

Revisión de la práctica
La ubicación de los protectores en los pacientes puede ser:
- Protector fuera del campo de imagen, puede ser el caso de en una RX de Tórax poner un protector gonadal.

En el caso de órganos fuera del haz directo, hay que tener en cuenta que la mayor parte de la radiación recibida provienen del interior de del organismo y el uso de protección externa no impide la llegada de esta radiación.
Por otro lado, como las dosis de los pacientes han disminuido a lo largo de los años, también lo ha hecho la dosis debida a la radiación dispersa, que ahora se ha reducido a niveles insignificantes en muchos casos. Es posible que los beneficios probables de la reducción de una dosis muy pequeña debido a la protección de contacto no superen los riesgos potenciales de artefactos, infecciones e incomodidad del paciente.
- Protector dentro del campo de imagen, como el caso de protector de cristalino para un TAC de cráneo.
El uso de prendas de protección no es una forma eficaz de reducir la dosis de radiación y puede impedir obtener una buena imagen ya que Si no está bien colocado puede ocultar patologías.
En pacientes poco colaboradores, el protector puede moverse. Esto podría significar tener que repetir la radiografía, lo que implicaría recibir más radiación.
En el caso del TC y otros equipos, actualmente se utilizan controles automáticos de exposición y reconstrucción iterativa o inteligencia artificial. Los elementos de protección de órganos (mama, cristalino, tiroides, …) pueden provocar artefactos en la imagen. Además, afectan al sistema de control automático de exposición creando más problemas que beneficios pudiendo implicar un aumento innecesario de la dosis en los tejidos no protegidos. Por todo ello están desaconsejados actualmente.

a. TAC sin protector b. con protector de bismuto c. con protector basado en IA
Nuevas recomendaciones
En general, no se recomienda el uso de protectores gonadales, de mama, de cristalino o del feto/embrión en ninguna exploración. El uso del protector de tiroides tampoco está recomendado, salvo en cefalometría y en algunas exploraciones dentales, intraorales o tomográficas de haz cónico, si la glándula se encuentra fuera del campo de exploración. En cefalometría puede también ser útil el uso de protector de tiroides cuando la glándula esté dentro del campo de exploración, siempre que su uso no interfiera con el diagnóstico.
En principio su uso está desaconsejado para tranquilizar a pacientes aprensivos. Es preferible explicar que es mejor para él no usarlo.

Si se acuerda colocar blindajes sobre el paciente, el equipo humano deberá tener formación en:
- Elección del blindaje apropiado para el tipo de estudio y paciente.
- Elección de la técnica apropiada que prevenga la interferencia con el CAE
- Cómo realizar controles de calidad en el material de protección.
- Cómo almacenar y limpiar el material adecuadamente.
- Habilidades de comunicación con pacientes y familiares.
- Competencia en comunicar riesgos radiológicos.
Conclusión
No hay ningún estudio radiológico en el que el uso de blindajes sobre el paciente sea considerado eficaz y beneficioso con carácter general, y solamente en algún caso particular puede ser recomendable. La mejor protección radiológica se consigue con una adecuada optimización de los procedimientos, usando una técnica adecuada a cada paciente.
Las cuatro principales sociedades científicas involucradas en la práctica de la radiología – la Sociedad Española de Graduados y Técnicos en Radiología (SEGRA), SERAM, SEFM y SEPR – participan en la difusión de este consenso europeo tanto entre los profesionales como entre la ciudadanía, contribuyendo a la formación de los especialistas y al desarrollo de una sociedad debidamente informada sobre las cuestiones de protección radiológica en el ámbito de los pacientes, ayudando a reforzar la confianza entre el sistema sanitario y los ciudadanos.
AUTORAS
María Asunción Sánchez Sánchez y Elena Antón Zabalegui. Técnicos Superiores de Imagen para Diagnóstico. Hospital Universitario de Navarra


