Índice de Masa Corporal, una medida de salud

Mª Estrella Petrina

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Lambert Adolphe Jacques Quetelet definió por primera vez esta relación entre el peso y la talla de una persona en 1869. Posteriormente Ancel Keys en 1972 retomó este concepto y se estableció el índice de masa corporal como la relación entre el peso de una persona expresado en kilogramos dividido por su altura expresada en metros y elevada al cuadrado.

I.M.C. = Peso (Kg.)/Altura (metros)2

Su facilidad de cálculo, su poca variabilidad al ser tomado entre distintos observadores y su buena correlación con la adiposidad o cantidad de grasa corporal de una persona han dado como resultado que hoy en día se haya aceptado internacionalmente como medida de obesidad, tanto a nivel individual como en estudios epidemiológicos.

De la evolución natural de una persona, sabemos que a lo largo del desarrollo y sobre todo, a partir de la edad adulta, las variaciones en el peso ocurren por variaciones en la cantidad de grasa del organismo, de ahí que se correlacione bien con la cantidad de grasa. Sin embargo, tiene limitaciones que lo invalidan y hay que tenerlas en cuenta:

  • Se establecen correcciones normales en sus valores con la edad. Es un índice válido entre los 20 y 65 años.
TABLA 1
 Edad (años) Indice de Quetelet ( Kg./m2)
 19-24 19-24
 25-34 20-25
 35-44 21-26
 45-54 22-27
  • No valora el incremento de masa muscular en deportistas; ellos, al desarrollar más musculatura pesan más y por eso su I.M.C. es más elevado, lo que no significa que sean personas más obesas.
  • Nos puede informar de la cantidad de grasa total pero no de la distribución de la misma. Esto es muy importante a la hora de valorar las enfermedades asociadas a la obesidad. No es lo mismo la grasa que se distribuye de forma homogénea por la superficie corporal o más en las caderas (obesidad homogénea y ginoide), que la grasa que se distribuye a nivel abdominal (obesidad central o visceral), infiltrando los órganos y que es la causante de enfermedades asociadas a la obesidad como diabetes, hipertensión, hipercolesterolemias… y que favorece el desarrollo final de enfermedades cardiovasculares.

La obesidad es una enfermedad crónica que se caracteriza por el exceso de grasa de un organismo y como consecuencia el exceso de peso. Así, si en un varón más del 20-25 % de su peso es grasa lo definiremos como obeso y en la mujer cuando este porcentaje supera el 30-33%. Dado que estas medidas son difíciles de calcular en la práctica clínica, porque exigen el empleo de tecnologías dedicadas más a la investigación, se emplean los valores de I.M.C. para clasificar la obesidad cuantitativamente. El último consenso de la Sociedad Española para el Estudio De la Obesidad (SEEDO, 2007) establece la siguiente clasificación (TABLA 1).

TABLA 2
 Categoría Valores límite IMC (Kg./m2)
Peso insuficiente < 18.5
Peso normal 18,5 – 24.9
Sobrepeso grado I 25 – 26.9
Sobrepeso grado II 27 – 29.9
Obesidad tipo I 30 – 34.9
Obesidad tipo II 35 – 39.9
Obesidad tipo III ( mórbida ) 40 – 49.9
Obesidad tipo IV ( extrema ) >= 50

La obesidad, especialmente la visceral, confiere un incremento del riesgo de morbi-mortalidad, no sólo de origen cardiovascular, sino también de otras causas como es el caso del cáncer o la diabetes y sus complicaciones. El cálculo del riesgo de un paciente dependerá especialmente del exceso de peso, la distribución de la grasa corporal, la presencia de factores de riesgo cardiovascular y otras co-morbilidades como factores genéticos, tabaquismo… Para medir la distribución de la grasa corporal y como medida complementaria y necesaria a la evaluación de la obesidad debemos medir el Índice Cintura-cadera. Con una cinta métrica se mide el perímetro de cintura en el punto medio entre la ultima costilla y la cresta ilíaca (inicio de la cadera), que pudiera corresponder con el ombligo, y el perímetro de cadera a nivel de los trocánteres mayores (punto más saliente de las caderas). Un Índice de Cintura-cadera > 1 en el varón y a 0,85 en la mujer es indicativo de una distribución central o visceral de la grasa y por tanto de mayor riesgo de morbimortalidad. El Índice Cintura-cadera nos informará mejor de la evolución de la pérdida/ganancia de peso de un individuo. Hoy en día se mide con más frecuencia y de forma exclusiva el perímetro de cintura, por correlacionarse bien con la cantidad de grasa abdominal. Se establece como cintura de riesgo los siguientes valores (NCEP: APT. III 2005; SEEDO 2007):

Varones > 102 cm. | Mujeres > 88 cm.

La obesidad conlleva también un riesgo incrementado de mortalidad. El incremento de mortalidad se produce desde grados moderados de sobrepeso. Los estudios epidemiológicos poblacionales demuestran que personas con un I.M.C. superior o igual a 30 Kg./m2 presentan un incremento de aproximadamente entre 50% y 100 % tanto de la mortalidad total como de la debida a enfermedades cardiovasculares respecto a la población con un I.M.C. de 20 a 25 Kg./m2. Por el contrario, conforme avanza la edad un cierto grado de sobrepeso no es perjudicial, de forma que tras lo 65 años la mortalidad parece no incrementarse si no se supera un I.M.C. de 28-29.

La morbilidad asociada al sobrepeso y la obesidad se ha comprobado en muchas alteraciones de la salud, entre las que cabe destacar la diabetes tipo 2, dislipemia, hipertensión, hiperuricemia y gota, la enfermedad coronaria y cardiovascular, colelitiasas, hígado graso, la osteoartrosis, insuficiencia cardiaca, el síndrome de apneas del sueño, algunos tipos de cáncer (de mama, endometrio, colon, próstata, hígado y vías biliares), alteraciones cutáneas, alteraciones menstruales, esterilidad y alteraciones psicológicas.

El médico debe realizar un esfuerzo para determinar las enfermedades asociadas al exceso ponderal y especialmente a las que son susceptibles de mejoría tras la pérdida de peso. Los objetivos de tratamiento van dirigidos a mejorar o eliminar las complicaciones asociadas a la obesidad y a disminuir el impacto de futuras complicaciones médicas relacionadas con el exceso de peso. Bajo estas premisas, los objetivos de adelgazamiento no deben centrarse en alcanzar el peso ideal, sino en conseguir pequeñas pérdidas de peso (entre un 5% y un 10 % del inicial), pero mantenidas a largo plazo.