La obesidad infantil y el ejercicio físico

Sheila Cadena Gómez. DUE Hospital Miguel Servet. Beatriz Fernández Navarro. DUE Hospital Miguel Servet. Raquel Navarro Muñoz. DUE Centro de Especialidades de San José. Pilar Royán Moreno. DUE Centro de Salud de Parque Goya

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Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la obesidad infantil supone uno de los graves problemas de salud pública que existen en la actualidad. La prevalencia de la obesidad entre los lactantes, los niños y los adolescentes está sufriendo un incremento en todo el mundo. Uno de los mayores miedos reside en que los niños con obesidad tienen más probabilidades de seguir siendo obesos en la edad adulta y corren el riesgo de sufrir enfermedades crónicas.

Especifican que para poder combatir la obesidad en la infancia y la adolescencia es necesario examinar el contexto ambiental en los tres periodos cruciales del curso de vida: la pregestación y el embarazo; la lactancia y la primera infancia y la adolescencia.
Dentro de las recomendaciones que la OMS ha proporcionado en el informe “Acabar con la obesidad infantil” vamos a centrarnos en el aspecto de la actividad física que constituye el segundo apartado de recomendaciones de los seis que ofrece.
En este segundo apartado propone “Aplicar programas integrales que promuevan la actividad física y reduzcan los comportamientos sedentarios en niños y adolescentes”.
Un dato a destacar en este apartado es que en el ámbito mundial, el 81% de los adolescentes entre 11 y 17 años no alcanzan los 60 minutos diarios de actividad física recomendada.
Dentro de esta recomendación encontramos dos objetivos bien definidos.

Objetivo nº 1

“Facilitar orientaciones dirigidas a niños y adolescentes, y a progenitores, cuidadores, profesores y profesionales de la salud, sobre la talla corporal saludable, los buenos hábitos de actividad física y sueño y el uso adecuado de programas lúdicos que suponen estar ante una pantalla”
Es importante crear el hábito de la actividad física ya que aporta beneficios para la salud en los niños y adolescentes, aumentando la capacidad cardiorrespiratoria y muscular, reduciendo la grasa corporal y mejorando la salud ósea.
Así mismo es imprescindible controlar el uso adecuado de las nuevas tecnologías ya que su uso prolongado ha generado nuevas conductas más sedentarias entre los menores. Una inadecuada alimentación así como un comportamiento sedentario (pasar demasiadas horas frente a la televisión, ordenador, teléfono móvil y/o videojuegos) sabemos que aumenta el riesgo de padecer sobrepeso, pudiendo llegar a desarrollar la denominada “OBESIDAD DIGITAL”.
El termino obesidad digital fue descrito por Daniel Sieberg, para referirse al exceso de uso o dependencia de las nuevas tecnologías. Según la OMS el 25% de personas tienen trastornos de conducta relacionado con el uso de las nuevas tecnologías. Este trastorno puede acabar afectando a la vida privada del menor disminuyendo las relaciones sociales, familiares y el rendimiento escolar, con aparición de aislamiento, ansiedad, insomnio, alteraciones endocrinas, musculo-esqueléticas y/o cardiovasculares.

Objetivo nº2

“Velar por que en las escuelas los espacios públicos haya instalaciones donde todos los niños (incluidos los niños con discapacidades) puedan participar en actividades físicas en las horas de recreo, con la provisión de espacios para uno u otro sexo cuando sea apropiado”.
La práctica de actividad física durante el tiempo libre es un buen indicador del estado de salud infantil. El estilo de vida activo se asocia a una mejor salud mental en los niños, reduciendo la incidencia de ansiedad, mejorando el autoestima y la motivación. En los escolares españoles un índice de masa corporal saludable se asocia con mayor bienestar psicológico.
Asimismo también incluyen el ejercicio en su quinto apartado “aplicar programas integrales que promuevan entornos escolares saludables, conocimientos básicos en materia de salud y
nutrición y actividad física en niños y adolescentes en edad escolar” con un objetivo claro:
“Incluir en el plan de estudios de las escuelas una educación física de calidad y ofrecer personal e instalaciones adecuadas y pertinentes a tal efecto”.
Este apartado implica que el ejercicio físico tiene que estar implementado en la vida diaria de los menores desde su inicio. Sólo así se conseguiría una correcta prevención de la obesidad infantil. La prevención no sólo debe ser planteada a nivel individual sino también debe implantarse en el ámbito escolar. Por ello es importante la puesta en marcha de programas de prevención. Para ello es imprescindible que la educación nutricional incluya cambios de paradigma y que se tenga en cuenta la realidad social, económica y cultural de la población a prevenir, solo así se conseguirá mejorar la adhesión a las prácticas que se proponen.

Estrategias de prevención

Fomentar el deporte y actividades en equipo al aire libre, que permitan mejorar las relaciones interpersonales.
No utilizar durante las comidas móviles, videojuegos, etc. Ya que así se evitan distracciones y permiten aprovechar el tiempo para la comunicación familiar.
Potenciar el ocio saludable mediante lectura, cine, manualidades y actividades culturales que fomenten la socialización.
Limitar el uso de las nuevas tecnologías, pactando las horas de uso diario.
Colocar las tecnologías en espacios comunes y no en habitaciones, facilitando así la interacción familiar.
Es imprescindible dar ejemplo, ya que los niños tienden a imitar conductas de padres y adultos.