Manejo de la pirosis durante la gestación

Marta Rodríguez-Villalón. Enfermera Especialista en Obstetricia y Ginecología. Hospital Regional de Málaga. María Begoña Moreno-Dueñas. Enfermera Especialista en Obstetricia y Ginecología. H. U. Virgen del Rocío. Sevilla. Désirée Díaz-Jiménez. Enfermera Especialista en Obstetricia y Ginecología. H. U. Virgen del Rocío. Sevilla. Ana María Gómez Abero. Enfermera Especialista en Obstetricia y Ginecología. Complejo Hospitalario de Navarra

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Los problemas digestivos durante el embarazo, son de las molestias más frecuentes por las que las gestantes consultan al personal sanitario, ya que pueden dar lugar a muchos síntomas, de los cuales, algunos pueden convertirse en verdaderos problemas de salud.

La pirosis, es la sensación de ardor que sube desde el estómago hasta la faringe, producida por la regurgitación del líquido estomacal cargado de ácido. Ésta, es una de las molestias más comunes en el embarazo, sobre todo en el tercer trimestre, cuando la presión del útero sobre el estómago es mayor.

¿Por qué se produce la pirosis?

El cardias, es el esfínter que une el esófago con el estómago, dejando pasar la comida e impidiendo que los jugos gástricos refluyan. Cuando el cardias no realiza bien su función, se produce la pirosis; y si este hecho se produce con bastante frecuencia hablamos de la enfermedad de reflujo gastroesofágico.
El cardias ve alterada su función debido a:
Modificaciones hormonales: el aumento de la progesterona, produce digestiones lentas y pesadas, debido a que provoca relajación de la musculatura lisa del estómago, vaciándose más lentamente y también del cardias, que tiende a retener menor cantidad, permitiendo así el paso del contenido gástrico al esófago.

Y al aumento del tamaño del útero, ya que conforme aumenta la gestación, el útero va creciendo y ocupando más espacio en la cavidad abdominal, tendiendo a empujar y a producir mayor presión sobre el estómago.

Tratamiento

Medidas higiénico-dietéticas

Las gestantes con una clínica leve suelen aliviar sus síntomas siguiendo una serie de medidas como:
Evitar comidas abundantes.
Evitar fritos, alimentos procesados o muy especiados, quesos curados, chocolate…que requieren una digestión más lenta y aquellos como el café, vinagre, cítricos, alcohol, tomate…ya que estimulan la acidez gástrica.
No irse a dormir justo después de comer. Mantenerse incorporada al menos un par de horas después de las comidas.
Masticar lentamente.
Evitar las bebidas gaseosas y el consumo de chicles.
Levantar la cabecera de la cama 15-20cm respecto al abdomen y evitar ciertos cambios posturales que puedan exacerbar los síntomas.
Si la pirosis persiste a pesar de seguir estas medidas, se hace necesario el uso de medicación específica.

Medidas farmacológicas

Uso de antiácidos: derivados de aluminio, magnesio, calcio, así como el alginato de sodio. Su función es neutralizar el ácido del contenido gástrico o proteger el recubrimiento del estómago y esófago. Estos fármacos no aumentan el riesgo para el desarrollo embrionario y fetal.
Antagonistas de los receptores H2 de la histamina (anti-H2): se usan cuando la pirosis no se controla con las dosis habituales de antiácidos. Gran cantidad de trabajos avalan la seguridad de la Ranitidina, que es el fármaco de elección, durante el embarazo. A pesar de ello, el pasado 01/10/19, la Asociación Española del Medicamento y Productos Sanitarios ordenó la retirada, como medida preventiva de todos los medicamentos que contienen Ranitidina vía oral ante la detección de nitrosaminas, que son potenciales carcinógenos. Dentro de este criterio de precaución, los medicamentos con Ranitidina intravenosa permanecen en el mercado y no son objeto de retirada.
Inhibidores de la bomba de protones (IBP): se usan cuando los anti-H2 no resultan eficaces. Actúan inhibiendo las enzimas del estómago involucradas en la producción ácida. En diversos análisis se ha demostrado que no incrementan los riesgos para el desarrollo del embrión y feto. El omeprazol es un fármaco de este tipo, y es considerado seguro.

La pirosis tiende a disminuir tras el parto y a desaparecer tras la conocida cuarentena (6 semanas postparto) que es el tiempo necesario para que el útero recupere el tamaño previo a la gestación.