Melancolía postparto

Leyre Osés Ayúcar y Ana Lostao Villamayor

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Llevar un bebé a casa es un gran acontecimiento. Aunque a menudo es un periodo alegre, a veces las emociones y el estado de ánimo no son lo que se esperaba. Muchas mujeres experimentan la «tristeza posparto», también llamada “baby–blues”, ”melancolía de la maternidad”, ”tristeza del tercer día”, etc… Denominada erróneamente con frecuencia: depresión postparto, la cual es una situación mucho más infrecuente, pero de gravedad, por lo que se debe detectar de forma precoz para poder abordarla con un tratamiento eficaz.

Es esencial pues diferenciar una de otra, para que las mujeres puedan beneficiarse de un tratamiento posparto precoz, lo cual ha demostrado una disminución de la duración de la enfermedad.
La melancolía postparto es pasajera, de corta duración y ocurre entre el 50 y el 70% de las mujeres y se observa en todas las culturas.
Suele aparecer al tercer día y resolverse en el plazo de una semana a 10 días.
Se manifiesta por una tristeza leve, acompañada de labilidad afectiva, llanto fácil, irritabilidad y con frecuencia insomnio. Es un trastorno leve y de adaptación que dura pocos días, pero que requiere un cuidadoso control, ya que puede evolucionar hacia una depresión o una psicosis en una pequeña proporción de casos.

Causas

La comparación entre el parto real vivido y las expectativas previas idealizadas, ayudan a la adaptación de los padres a la nueva situación. Además de los numerosos cambios fisiológicos que ocurren durante el postparto, es frecuente que la madre, su pareja y los miembros de la familia se vean desbordados por una serie de cambios psicosociales. Estos cambios son normales y la mayoría esperados.
Los cambios en el estado de ánimo coinciden con la caída brusca de las hormonas, estrógenos y progesterona, que alcanzan los niveles más bajos en esos días. Otros factores relacionados con este estado son la falta de sueño, las molestias, el dolor, la incomodidad, la preocupación por el hijo y las dificultades para dar el pecho.
Se caracterizará por tristeza , sentimientos decepción, llanto (a menudo sin razón aparente), inestabilidad emocional, fatiga, irritabilidad y ansiedad e inquietud.
Estos síntomas desparecerán en un lapso de días a dos semanas. Generalmente no se necesita tratamiento.

Prevención

• Compartir experiencias. Acercarse a otras parejas que también estén esperando un hijo o que lo hayan tenido recientemente. El intercambio de experiencias, de informaciones, e ideas, siempre es positivo.
• Acudir a las clases de preparación al parto. Es muy importante para la mujer y su pareja. La información dará más herramientas seguridad y conocimiento para el afrontamiento de esta etapa.
• Descansar y pedir ayuda. Compartir, siempre que sea posible, las tareas domésticas y el cuidado del bebé, con la pareja, y también con otras personas de la familia.
• Tomar una buena alimentación, dando prioridad a la leche, los cereales, las frutas, los vegetales y las proteínas de alto valor biológico que se encuentran en los huevos, la carne y el pescado. Es necesario un gran aporte vitamínico en esta fase.
• Encontrar tiempo para estar con la pareja. Es importante que no todo gire solo en torno al bebé.
• Evitar situaciones que provoquen irritabilidad y demasiado cansancio.
• Evitar el alcohol y la cafeína.
• Aprender maneras de reducir el estrés como ejercicios de relajación y respiración muscular.
• Pedir ayuda cuando se necesite. Se debe recurrir al médico de familia, ginecólogo o matrona cuantas veces sean necesarias.

Cuando contactar con un profesional

• La melancolía posparto no desaparece después de dos semanas.
• Los síntomas de depresión se vuelven más intensos.
• Los síntomas dificultan realizar las tareas en el trabajo o en la casa.
• No se pueda cuidar de sí misma ni del bebé.
• Existan pensamientos de hacerse daño a sí misma o al bebé.