No oigo bien, ¿tendré un tapón?

Carmen Calvo Meca. Enfermera. Centro de Salud de Estella. Jaione Fernández García. Enfermera de Pediatría. Centro de Salud de Ancín. Eva Herrero García. Enfermera. Centro de Salud de Estella

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El cerumen es un conjunto de productos de descamación, secreciones sebáceas y secreciones de las glándulas ceruminosas que se encuentran en el tercio externo del conducto auditivo externo (CAE). Son un vehículo para alejar los deshechos y contaminantes de la membrana timpánica, lubrifica la piel y facilita el paso del sonido hacia el oído medio.

El oído tiene mecanismos de autolimpieza que producen la migración de restos de piel y cera hacia el exterior del mismo, por lo que en condiciones ideales no debería ser necesario limpiar los oídos.
El tapón de cerumen no es más que la acumulación de esta cera en el CAE, lo cual produce su bloqueo.

Factores predisponentes

• Intentos de extracción de la cera por el paciente.
• CAE estrecho o retorcido.
• Oídos que producen demasiada cera.
• Presencia de abundantes pelos en CAE.
• Edad (los ancianos suelen tener el cerumen más seco y duro).
• Historia previa de tapones impactados.
• Lavarse con exceso con jabón o champú.
• Uso habitual de audífonos o sistemas que implican la introducción de parte del dispositivo en el CAE.

Síntomas

Los síntomas más frecuentes son una sordera brusca o gradual, generalmente después de un baño, no dolorosa, con autofonía y sensación de plenitud. El tapón va creciendo despacio hasta que obstruye completamente el CAE y se produce la disminución de la audición.
Si el tapón se hace muy grande e impacta con el tímpano, pueden aparecer otros síntomas como acúfenos (pitidos o zumbidos en el oído), vértigo, inestabilidad o tos.

Diagnóstico

Ante la sospecha de un tapón, haremos una inspección del pabellón y del CAE mediante un otoscopio. El color de la cera puede variar desde amarillo claro hasta marón oscuro y su consistencia y grado de obstrucción es variable.
Debemos descartar infección o presencia de cuerpos extraños.

Técnica de extracción mediante lavado ótico

Tras el diagnóstico debemos dar instrucciones al paciente para que se aplique algún producto que reblandezca esos tapones(cerumenoliticos) para que sea más fácil su extracción. Puede usar algún preparado de venta en farmacias, usar aceite de oliva o agua oxigenada rebajada con agua al 50%, tres o cuatro veces al día durante los tres o cuatro día previos a la extracción.

Material: Otoscopio, Batea, Jeringa para lavado de oídos, Toalla o paño desechable, Agua tibia y guantes.

Técnica:
• Lo primero debemos informar al paciente de la técnica y las posibles complicaciones y obtener su consentimiento.
• Lavarse las manos y colocarse los guantes.
• Comprobar la temperatura del agua que debe estar tibia.
• Colocar al paciente sentado.
• El mismo sujetará la batea para recoger el agua del lavado y los restos de cera.
• Cogemos la jeringa llena de agua, quitamos el aire y dirigimos el cono de la jeringa hacia la pared superior del CAE, nunca hacia el tímpano, introduciendo un centímetro más o menos en el conducto sin obstruirlo.
• Traccionaremos del pabellón auricular hacia atrás y hacia arriba para facilitar la irrigación.
• Inyectaremos el agua con ligera presión.
• Después de cada irrigación valoraremos con el otoscopio.
• Número máximo de irrigaciones serán tres.
• Informaremos al paciente de los cuidados posteriores, signos y síntomas de alarma por los cuales debería volver a la consulta.
• Registraremos en la historia del paciente la técnica realizada.

Complicaciones

• No se consigue extraer el tapón.
• Náuseas y vómitos.
• Acúfenos.
• Mareo.
• Dolor de oído.
• Sangrado.
• Que el paciente note el agua en su garganta.

Contraindicaciones

• Infección.
• Sospecha de perforación.
• Antecedentes de infecciones o supuraciones.
• Cirugía previa en oídos.
• Lesiones de tímpano y CAE.
• Historia de complicaciones en extracciones previas.

Educación sanitaria para prevenir los tapones

Evitar maniobras con instrumentos para limpieza ya que pueden impactar más la cera y producir inflamación o infección. Únicamente hay que limpiar el pabellón auricular con una gasa o paño fino.
Examinar los conductos auditivos de los ancianos al menos una vez al año.